Me miro al espejo de cuerpo completo y no puedo evitar no estar nerviosa. Es hasta gracioso, que luego de años me vuelva a sentir de la misma forma que cuando tenía solo 12 años. Esta era mi rutina de todas las mañanas cuando iba a la escuela, buscando hasta la mínima imperfección en mí, solo porque sus ojos marrones se iban a posar sobre mí. Y ahora, volvía a sentirme de la misma forma, o tal vez peor.
Mi saya de tubo de color negro se acentúa a mi figura, pero por la rodilla me da la seriedad suficiente para el trabajo, una camisa de mangas largas y una chaqueta del mismo color, completando con mis tacones altos de color negro. Solté mi pelo rubio y, por más lista que me sintiera, sentía que me faltaba algo.
Estos malditos nervios me iban a matar del corazón.
—Señorita Sofía, el chofer, está esperando por usted—escucho a través de la puerta de mi habitación.
—Muchas gracias, Halima.
Suspiro, dándome confianza a mí misma porque no puedo retrasarme más. Salgo de mi habitación dándome seguridad a mí misma. Bajo a la cocina, dispuesta a coger una manzana. —Buenos días, señorita Sofía.
—Buenos días, Halima —la saludo con una sonrisa y cojo la fruta y salgo de la cocina.
Aun no me acostumbro al hecho de que solo hay un ascensor es para mí, en cualquier momento siento que se va a detener en un piso para que alguien más suba. Me río yo misma de mis pensamientos, pero, en cambio, miro por el cristal del ascensor, la ciudad de Dubai. Podría quedarme aquí para siempre, viendo desde lejos la vida que guardan estas edificaciones.
Un saludo le doy al recepcionista y, como había dicho Halima, el carro me esperaba afuera.
No me había preparado lo suficiente, era demasiado injusto lo que él me había hecho. Esta mañana me había mentalizado lo suficiente para volver a verlo, luego de reencontrarnos meses nuevamente, pero no tan pronto. No estando sentando en el carro esperando por mi, con esa sonrisa que desarma por completo mis sentidos y no me deja pensar con claridad.
—¿Qué ocurre? ¿No vas a entrar?
Me había quedado como una boba con la puerta abierta, mirando sus ojos castaños, como si eso me diera una respuesta clara.
¿Saben lo mejor de todo?
Que junto a él las cosas eran tan claras y tan desordenadas a la vez, que ni siquiera era capaz de alejarme. Solo quería olvidarme de todo, aferrarme a lo que la vida me estaba dando, por tercera vez, otra oportunidad.
En esta ocasión, no quiero irme con el dolor de la culpa y el arrepentimiento.
Le doy una sonrisa, en cambio, contrario a lo que estaba sintiendo mi corazón cuando tomé asiento a su lado en el coche —Pensé que te iba a recoger en la oficina.
—Pasaremos luego por ella cuando terminemos, no te preocupes, ellos no te robarán antes que yo.
Le doy una sonrisa que él me devuelve con dulzura, y siento, nuevamente, ese dulce déjà vu al estar a su lado. Como en ocasiones pasadas, solo compartíamos el silencio, como si ese dijera todo entre nosotros. Y aunque todo se dijo y a la vez nada, quiero ser ahora quien dé el paso, quiero ser yo la que sea valiente.
—¿Qué estás pensando que te tiene tan contenta?
Lo miro a mi lado y es cuando me doy cuenta de que ya habíamos emprendido el viaje. —En nada importante, estaba recordando.
—¿El tiempo que fuimos amigos en el principio? —De alguna forma no me sorprendió que supiera en qué estaba pensando.
—¿Y no somos amigos ahora? —le doy una sonrisa divertida que lo hace reír y murmurar cosas como si estuviera ofendido.
—No has cambiado nada —noté el cariño de sus palabras y sentí como la sensación cálida se instaló entre nosotros.
—¿Eso es bueno o malo?
—En tu caso, es perfecto.
Ya no quiero huir de tus ojos como hice la primera vez que nos vimos, así que mantengo el contacto todo el tiempo que quiero y él no parece nada molesto con esa acción, al contrario, su sonrisa solo aumenta al ser testigo nuevamente de los recuerdos de hace años. Como si en este pequeño viaje, solo fuera un viaje en el pasado en que ambos somos pasajeros.
...
Tres horas después, ambos regresábamos a la oficina entre risas luego de haber terminado la jornada con buenos resultados. De forma general, no tuve mucho trabajo, Zaid ya había revisado los contratos, mi presencia solo era una mera formalidad, pero lo más importante de todo, es que los directivos querían que vieran como era el trabajo de las cadenas de hoteles, y ahora nos encontrábamos en la sede principal de la cadena de hoteles Qushir.
Las paredes de cristal me tenían hipnotizada, y lo más impresionante de todo, era que solo contaba con cinco pisos. Bastante impactante para una empresa que lleva una de las cadenas de hoteles más importantes no solo del país, sino del mundo.
Sí, hice mi tarea de investigar antes de mi primer día.
Miro de reojo a Andrés a mi lado y me echo a reír sin poderlo evitar cuando nuevamente tengo un déjà vu. Veo como las chicas lo saludan con una sonrisa enamorada y soñadora, de la misma forma que cuando estábamos en la escuela.
¿Cuántas veces tuve que negar que éramos novios?
Ni siquiera me podían creer cuando afirmaba que éramos solo amigos, solo muy buenos amigos.
¿Por qué los demás se dieron cuenta y nosotros tardamos tanto?
La oficina de los abogados estaba en el cuarto piso, revestido con un suelo de mármol blanco y las paredes de marrón claro. Antes de que pudiéramos adentrarnos más en la oficina, vemos a Zaid caminar hacia nosotros con una enorme sonrisa vistiendo un traje árabe celeste.
—Qué bueno que llegaron.
—Tienes que tener cuidado, Zaid —le dice Andrés con una sonrisa divertida —Puede que te robe el puesto si sigue haciendo un buen trabajo.
—Cierra la boca, Andrés —le digo avergonzada y miro a Zaid.
—Qué casualidad—murmura él, notablemente sorprendido, y Andrés se acerca a él mirándome con burla.
—Si llego a saber que es ella, te digo que no la aceptes.
Editado: 03.09.2026