¡mírame, Jhen!

Capítulo 8

13 de Junio del 2018

 

-¡Regresa!-gritó esa voz que era un pequeño susurro en mi mente.

Mi cuerpo se sentía pesado. Muy pesado. Tanto que mover un dedo se sentía como perder una vida. No podía hacer nada.

Aun así mis ojos se abrieron de golpe cuando aquellas palabras sonaron en mi cabeza. Aquella horripilante voz me había hecho temblar hasta las entrañas, había sacudido mi cuerpo, mi alma...mis recuerdos.

A penas la luz me dio contra los ojos solté un gruñido y los cerré de nuevo. Abrirlos había sido una estupidez. La cabeza me dio vueltas. Y sentía que el cuerpo me pesaba más que mi propia vida.

Sin embargo logre volver a abrirlos y me encontré con unos ojos oscuros, negros cual carbón que denotaban preocupación y...miedo.

Parpadee un par de veces antes de sentir sus brazos rodearme. Me movió un poco pero no me queje a pesar de que mis músculos si lo hicieron.

-Me alegro que estés bien, me había preocupado.

-¿Qué me paso?-pregunté con voz ronca por mi garganta seca.

-Nada-murmuro encendiéndose de hombros-solo un pequeño desmayo a falta del sueño. No es tan importante.

Sentí que sus palabras no fueron sinceras pero tampoco tenía fuerza para seguir insistiendo, así que asentí y volví a caer en un sueño. Solo que ahora estaba en varios de ellos con otras personas, con ropas extrañas y con un chico.

Un chico con ojos de color carbón.

 

***

 

14 de Junio del 2018

 

Las horas pasaron y eso hizo que de alguna manera me inquietara. Mi cuerpo ya había descansado y aunque dolía moverlo, tampoco quería quedarse quieto.

Algo estaba mal, lo sentía.

No pude más y me paré de la cama a como pude, apreté mis labios aguantándome un gemido de dolor y camine hacia la salida de la casa. No me iría. No tenía la fuerza para hacerlo.

Así que solo salí al patio y me estremecí cuando pase por el lugar donde había caído cuando Jhen me empujo contra el suelo. El aire era denso, pesado y sentía que podría llegar a asfixiarme.

Pero a la vez, todo parecía tan ajeno, como si no fuera vida. Mi cuerpo se tensó de solo pensarlo.

-¿Qué estoy pensando? Todo esto me está afectando mucho-murmuré-Nada es real, no lo es.

Pero aunque decía eso, no tenía sentido. Eran palabras vacías y sin sentido porque de lo contrario esto no sería real. Suspire. Tal vez estaba volviéndome loca, y todo esto era una alucinación.

-Supongo que ya estas mejor para haber salido por tu cuenta a dar un paseo-dijo una voz en mi espalda.

Por raro que suene, la había sentido. Así que no me sobresalto cuando hablo, es más, la había estado esperando.

-Si-respondí de manera corta, su tono irónico no se me había pasado desapercibido.

-¿Qué haces aquí?-preguntó y sentí que estaba entrecerrando los ojos-¿Qué buscas?

-Respuestas-contesté-No me creo el cuento de que me he desmayado y todo lo que pase ha sido un sueño. No soy idiota.

Con mis últimas palabras ella sonrío, es como si le diera gracia lo que le dije. Eso me hizo enfurecer y apretar mis manos en puños.

-¿Qué es exactamente lo que quieres?

-Quiero que me diga que me ha pasado. Que paso mientras estuve inconsciente-trague saliva-y que quiere ella de mí.  

-¿Qué recuerdas?

-¿Qué se supone que tengo que recordar?

-No lo sé-se encogió de hombros.

Entrecerré los ojos mentiras brame en tono frío:

-No tengo tiempo para juegos, dime que paso.

Tal vez sonaba descortés y maleducada teniendo que me había dado su casa y ayuda de alguna manera pero su manera de verme, su sonrisa burlona y desprecio eran tan visibles que me irritaban. No le había hecho nada para que me viera de ese modo. No que yo supiera. 

-Esta noche lo sabrás.

-¿Por qué esta noche?-entrecerré mis ojos, algo no me daba buena espina.

Mi cuerpo se puso en alerta y sentí que se me fue el alma cuando pronunció:

-Porque ella volverá, solo que esta vez podremos verla.

 

***

 

15 de Junio del 2018

 

Nunca antes una casa se vio tan aterradora. Las luces y las sombras definitivamente son engañosas, escalofriantes. La casa se veía horrible, y el miedo que estaba por mi cuerpo nunca lo había sentido. Conforme pasaban las horas este solo crecía y amenazaba con ahogarme.

Tenía que salir a tomar aire varias veces para poder volver a la normalidad.

La hora llego y con ello la anciana empezó a reunir varias cosas. Pero lo que más resaltaba entre ellas, era un espejo que se hallaba en el centro de todas las cosas. Era uno muy viejo y desgastado, con algunas partes de los extremos rotas y trizadas.

Pero tenía un marco que tenía un diseño peculiar de flores y piedras preciosas. En un pasado quizás, había sido uno muy hermoso.




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