¡mírame, Jhen!

Capítulo 13

 

4 de Julio del 2018

 

No respiro.

Jadeé en busca de aire y abrí los ojos con rapidez con la esperanza de ver otra cosa que nos sea agua. Mi cuerpo estaba sudado y los espasmos no tardaron en asomar. Solté jadeos tratando de calmar mi corazón.

La puerta fue abierta y por ella entró Damien con rapidez. En menos de dos segundos estaba rodeándome con sus brazos.

-¿Estás bien?

-Sí...solo tuve un mal sueño-murmuré sin querer decir más.  

Tener sus brazos a mí alrededor se sentía tan normal que en lugar de alejarme me acurruque contra su cuerpo. Cuando estuve cómoda no pude evitar sonreír como niña cuando lo vi con ceño fruncido.

-¿Qué es lo gracioso?

-Tu cara-me reí-estoy bien, no pasa nada.

No me creyó, siguió con la mirada perdida y eso me hizo recordar algo. Así que con astucia y sin que se lo esperara me senté a horcadas de su cuerpo. Abrió los ojos sorprendido por mi acción.

-¿Qué haces?

-Distraerte-respondí al mismo tiempo que me acercaba para besarlo pero este movió su cabeza para evitar que lo haga.

Fruncí el ceño sintiéndome confusa y hasta dolida por su rechazo.

-¿Por qué no me quieres besar?

-Porque siento que hacerlo sería traicionarte.

-¿Qué?

-Físicamente eres Annabelle-hice una mueca-y yo me enamore de ti, Jhen. De tú físico y pensamientos. No te niego, me muero por besarte pero no lo haré.

-¿Enserio soy tan igual a Annabelle?

-No, tienes tus ojos. Y conforme pasa el tiempo me temo que te pareces más a Jhen.

-¿Y eso es malo?

-No lo sé.

Suspiré y puse mi cabeza contra su pecho. Sus brazos me rodearon con cuidado y me apegó hacia él.

-Damien...

-¿Sí?

-¿Alguna vez volverás a llamarme flor de loto? Suena tonto pero extrañe tu tonto apodo.

Lo sentí reírse.

-Claro que tú dirías algo como eso...flor de loto.

 

***

 

5 de Julio del 2018

 

-¿Qué? Tienes que estar bromeando-solté sin pensarlo.

-No, no lo estoy haciendo.

-No hay manera de que yo pueda hacer eso. No tengo ninguna posibilidad.

-Lo hiciste hace años.

-Antes era diferente.

-Sí, lo eras. Pero con el tiempo volverás a ser quien eras.

-¿Entonces empezar a tener mis propias características fiscas es algo que está bien?

-Es algo normal.

Enmarque una ceja ¿normal? Esto era todo menos normal.

-Tu alma es poderosa, te lo dije una vez. Tal vez ella ese cuerpo es muy débil para contenerla.

Asentí y continúe tratando de enfocar mi mirada en la roca que estaba en frente mío. Trate de mandar energía, de pensar en que se moviera pero tal como había sucedido las anteriores veces, nada asombroso paso.

Ni siquiera se había movido.

Gruñí frustrada y pensé en que todo esto era una mentira que solo hacía para quedar como una tonta.

-No puedo creerlo que estoy haciendo-me queje cansada.

Eran más de las cinco de la tarde y yo seguía tratando de hacer algo. Vine en la mañana después de soltarme de Damien. Pséftis me recibió gustosa y feliz.

Al menos tenía entusiasmo mientras me hablaba.

-¿Tengo poderes?-pregunte cuando acabo de contarme lo que haríamos.

-Bueno al morir tú tienes libertad de lo material. Tienes más acceso a él, por esa razón los espíritus pueden volar, traspasar paredes. Tu cuerpo ya no es un impedimento para tu alma. Aunque no lo creas, el alma es más fuerte que cualquier cosa.

Y yo había sonreído. Por qué bueno, sonaba genial poder hacer alguna de esas cosas. pero ahora ya no estaba tan segura.

-Jhen no lo haces bien.

-No me digas-conteste entre dientes.

-Piensa en algo que te disguste-la ignore-¡Ya se! ¿Te acuerdas de tu amiga que beso a Damien en una fiesta?

-Cállate. Solo paso una vez.

Me dio una sonrisa.

-No, paso dos veces, ¿Damien no te lo dijo? Ella se le lanzo pero tranquila él la alejo rápidamente. Así que eso no debe molestarte.

Le di una sonrisa tensa y espere a que se fuera para formar mis manos en puños. ¿Así que en esa estamos? Apreté con más fuerza y un Crick sonó. Me volteé con rapidez y abrí los ojos al ver pedazos de piedra por todas partes.

-Mierda.

 

***

 

8 de Julio del 2018

 

-¿Seguirás enojada?

No respondí.

-La alejé-dijo golpeando la puerta-¿Jhen? Cariño. ¿Puedes abrir la puerta?

Solté un suspiro y asentí aunque no servía de nada, él no me veía. Moví mi dedo y logre abrir la puerta despacio.

Estar días encerrada en la habitación había servido de práctica.

Escuche como entro pero no me volteé y seguí viendo hacia la ventana. No estaba enojada, solo confundida y asustada sobre lo que le hice a la piedra. Temía salirme de control y romper más que una piedra en mil pedazos.




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