Mis Adentros en Versos

Zaraté

Dos jóvenes, hambrientos de fama y de gloria,
abrieron en YouTube su negra memoria,
un templo de sombras, de historias sin fin,
donde el miedo reinaba cual cruel querubín.

Cien millones los vieron, cien coros cantaron,
mas pronto sus fieles con furia dudaron:
“Mentira”, decían, “su juego es banal,
sus mitos son falsos, su engaño es mortal”.

Con ansia febril y fortuna demente,
partieron al pueblo que acecha a la gente,
Zaraté, prisión de un tiempo marchito,
donde todo turista recibe un maldito.

Ignoran las voces, se hospedan sin calma,
la posada murmura, les roe el alma.

La escalera baja sin fin ni razón,
un abismo que sangra en cada escalón.

Encendida la cámara, el aire se quiebra,
retumban las voces, la noche se enhebra:
“Los mataré lento”, susurra el ultraje,
y el frío se clava como oscuro celaje.

El barandal cede, la risa retumba,
las paredes sangran, la mente sucumba.

Uno cae al fondo clamando piedad,
mas sombras lo cercan con cruda maldad.

Le arrancan la vista, las uñas, la piel,
a dentelladas le rompen el oído cruel.

El otro, temblando, tan solo grababa,
mientras su cordura en gritos se ahogaba.

Decide escapar, pero el monstruo aparece,
con ojos de brasa su mueca estremece:
“¡El dolor es festín, el sufrir es mi arte,
los cuerpos del pueblo son dones que parte!”
Cucarachas brotaron de su roja boca,
se meten en ojos, en lengua que choca.

El joven, vencido, al fondo es llevado,
a un banquete eterno de horror condenado.

La cámara queda en la sombra sellada,
testigo maldito de muerte pactada.

Quien mire la cinta sabrá la verdad:
Zaraté no olvida… reclama su maldad.



#5403 en Otros

En el texto hay: poema, poemario de emociones

Editado: 04.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.