Mis días con Kate

Capítulo 06

Al día siguiente; viernes, vi a Kate frente al aula de profesores en la hora del receso. La puerta estaba entre abierta, ella tenía una carpeta en las manos y la mochila color fresa pendiendo de su hombro. Me quité de encima a Emilio que quería jugar póker y me acerqué a ella. Hice uso de mi humor.

—¿Qué esperamos exactamente? ¿La Batiseñal para acudir al rescate de los débiles? ¿O...?

—No seas tonto —Lo admito, no era buen comediante—. Adentro esta Stephen Parker.

—Sí claro, seguro toma un café con Messi —De nuevo usó su mirada de enojo. Como la quería—. Está bien, lo siento. ¿Por qué no entras?

—Ayer, después de que te fuiste escribí una nueva reseña. No puedo entregársela, Julian. Estoy a punto de vomitar.

—Vamos, Kate. Es nuestro profesor de literatura, tienes que entregarle lo que te pidió. ¿O piensas reprobar literatura?

—Claro que no.

—¡Entonces entra ahí! ¡Vamos! —Le di un ligero empujoncito en la espalda, ella hizo ademán de abrir la puerta, pero antes de hacerlo se volvió.

—Acompáñame. Por favor, Julian —Sus ojos brillaban y le temblaba todo el cuerpo.

—¿Estás segura?

Hizo un ademán afirmativo entre nervioso y asustadizo, así que la acompañé. Stephen estaba sentado en una de las mesas, con un café frente a él y una pequeña montaña de papeles que supe eran exámenes que estaba corrigiendo. Nos acercamos, cuando estuvimos frente a su mesa alzó la mirada.

—Señorita Flint, vuelve a estar entre los vivos. ¿Cómo está? —Kate se aclaró la garganta.

—Bien, ya estoy mejor, si. Eh... —Clavó la mirada en la mesa. ¿Podía estar alguien tan nervioso hasta el grado de quedarse sin habla? En aquel momento juraría que era posible.

—Usted me debe un trabajo, ¿no?

—Eh... si.. aquí... esta —Las manos le temblaban mientras abría la carpeta. No sabía en qué pensaba en ese instante, pero ya fuera por instinto o estupidez, llevé una mano a su espalda baja. Para mi suerte eso pareció tranquilizarla. Extrajo la crítica y el cuento de Stephen y se los extendió.

—Bien, le entrego la nota el próximo jueves, señorita Flint —Stephen colocó ambas cosas sobre su montaña de papeles.

—¿Qué tal va eso, profesor? —pregunté señalando la montaña, él le echó un vistazo.

—Un montón de cuentos y exámenes que debo corregir. Han tenido una enseñanza muy deficiente en esta materia.

—Ni se imagina. ¿Qué tal los cuentos de nuestra sección? Cuarto curso —Se encogió de hombros.

—También están muy deficientes, solo dos o tres hicieron algo aceptable —Rebuscó entre los papeles—. Este por ejemplo es una buena historia. Unos pequeños problemas de redacción, pero nada que no se pueda corregir.

—Creo que es el mío, profesor —Stephen miró la portada.

—Julian Moore, ¿eres tú? —leyó y preguntó, asentí.

—Bueno; señor Moore, hizo usted un muy buen trabajo. ¿Sabes?, hay revistas que compran cuentos, no pagan mucho, pero es un buen inicio para un escritor —Sentí el cuerpo de Kate tensarse bajo mi mano.

—Oh, gracias profesor pero no, yo no quiero ser escritor.

—¿Seguro? Si pules tu escritura podrías llegar...

—No, no, yo lo poco que sé lo aprendí de la mejor escritora que conozco —Apreté suavemente la cintura de Kate, ella dio un respingo y me respondió con una suave patada en la pantorrilla que Stephen no vio.

—Entiendo, pero deberías pensarlo. Este es un buen cuento.

—Permiso —Kate se libró de mi agarre y se fue, cuando iba a seguirla Stephen me detuvo.

—Una pregunta; ¿la señorita Flint siempre esta tan nerviosa?

—No siempre, pero sí, es un poco tímida —titubeé—. Profesor, lo que pasa es que —No, no podía decirle todo lo que ella tenía en la cabeza, quizás el profesor Stephen entendería que Kate lo admiraba y lo temía al mismo tiempo, pero si ella se enteraba de que se lo había dicho me mandaría al infierno—. No, nada profesor.

—Te gusta, ¿no? —Me quedé inmóvil, aferré la correa de la mochila y abrí la boca sin saber qué decir. Stephen sonreía—. Yo también tuve tu edad, además eres muy obvio. No te preocupes, guardaré tu secreto.

Sonreí, le agradecí y me retiré. Entonces entendí a lo que se refería Kate cuando hablaba de Stephen. Definitivamente nuestro profesor de literatura no era una persona normal. Era inteligente, amistoso cuando se lo proponía y... tenía algo en su personalidad que resultaba, de una forma extraña, atrayente.

Busqué a Kate en el receso. La encontré en uno de los bancos con un refresco de limón en la mano, me senté a su lado sin dejar de pensar en lo que me había dicho el profesor. ¿En qué momento se dio cuenta? ¿Cuándo puse mi mano en su espalda baja? ¿O después de todo sí se dio cuenta de nuestra pequeña pelea a base de apretones de cintura y patadas en la pantorrilla?

—¿Lo ves? Stephen no te mató por la crítica.

—Aun no la ha leído —Se llevó la pajilla a los labios, el liquido gaseoso subió hasta su boca.

—Vamos Kate, ya viste que no es ningún monstruo —Cerró los ojos y suspiró exasperada.

—Julian, tu no entiendes, ¿sí? Si Stephen le dice a Clarisa, a Lisa, a Emilio o al que sea, que no es muy bueno escribiendo, no pasa nada, porque a ellos no les importa. Si a ti te dice que eres bueno, tampoco pasa nada porque no te importa. Pero sea lo que sea que me diga a mí, sí pasa todo, porque a mi sí me importa. ¿Sabes cuanto he soñado y temido que alguien de su talla lea lo que hago?

Su voz se quebró, pero como solía suceder con Kate, se marchó antes de que cayeran las lagrimas que amenazaban en sus ojos.

Al día siguiente; viernes, vi a Kate frente al aula de profesores en la hora del receso. La puerta estaba entre abierta, ella tenía una carpeta en las manos y la mochila color fresa pendiendo de su hombro. Me quité de encima a Emilio que quería jugar póker y me acerqué a ella. Hice uso de mi humor.

—¿Qué esperamos exactamente? ¿La Batiseñal para acudir al rescate de los débiles? ¿O...?




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