Mis días con Kate

Capítulo 11

El martes cuando sonó la campana del primer receso fui hacia la sala de profesores. Quería hablar con el profesor Stephen, decirle lo importante que era su opinión para Kate, pero no estaba. Le pregunté a mi profesora de informática y no supo darme seña suya. La secretaria en cambio sí.

—Tuvo inconvenientes personales. Mañana se reincorporará.

Fue su respuesta. El resto del día transcurrió como las horas de una película aburrida. Vi todas mis clases, jugué unas partidas de póker con Jack y Emilio. Y me llevé a casa una buena cantidad de deberes. Cuando salía del instituto para dirigirme a la parada de buses me topé con Lewis. Caminamos juntos sin cruzar palabra, como dos extraños que se consiguen en una vereda y llevan el mismo ritmo en los pies. Solo cuando llegamos a la parada del bus fue que Lewis rompió el silencio.

—Supe que estas enamorado de una chica desde hace mucho tiempo y que nunca se lo has dicho —Apreté el puño, que lista Alina—. Me pregunto, ¿por qué no dejas que alguien más valiente se quede con ella?

—Hablas de ella como si fuese un objeto —Se rió.

—No me digas que eres uno de esos que se la dan de caballeritos.

—No me la doy de nada, simplemente respeto a las personas que quiero. Y para que lo sepas —El bus se acercaba a la parada—, Kate no saldría con un tipo como tú.

—¿Hablan los celos?

—La conozco desde hace mucho, sé perfectamente lo que quiere y lo que no, ¿qué sabes tú de ella?

—Sé que cuando se gradué va a ir a una universidad que queda a seis horas de aquí —Las puertas del bus se abrieron y personas descendieron de él. Lewis me veía con una media sonrisa—. Lo siento, olvidé que no debía decir eso. Cuando vayas a reclamarle a Kate el por qué te mantuvo esto en secreto, pídele disculpas de mi parte, ¿si, pequeñín?

Me palmeó la espalda y abordó el bus, tomé asiento en la banca de la parada mientras el vehículo se marchaba e intenté discernir si lo que acababa de decir Lewis era cierto o no. ¿Por qué mentiría alguien con algo así? Una información que podría desmentir en cualquier segundo. No, no podía ser mentira. ¿Kate se iba tan lejos? ¿Por qué no me dijo nada?

Ese mismo día por la tarde fui a su casa. La puerta de la casa la abrió ella misma. Fez se paseaba entre sus pies y maullaba. Ella sonrió al verme y se hizo a un lado para dejarme pasar, así lo hice. Comenzó saludándome y siguiendo con la información de que estaba sola. Su madre había ido al centro de la ciudad a comprar víveres y se había llevado al hermano pequeño de Kate con ella. Me ofreció una coca-cola que acepté y nos sentamos al sofá de la sala. Fez saltó a su regazo y se hizo un ovillo, Kate me miró.

—¿Estás bien? —Asentí antes de darle un trago a la lata con coca-cola—. ¿Seguro? Estas muy callado —Dejé la lata en el suelo y me froté las palmas de las manos una con la otra.

—¿Es verdad que después de graduarte te vas a ir a otra ciudad? —La miré, noté la sorpresa en sus ojos seguida de inmediato por consternación.

—¿Alina te dijo? —Sacudí la cabeza—. ¿Mi mamá?

—Lewis —Frunció el entrecejo, apartó la mirada hacia Fez, le rascó la panza y un minuto después cerró los ojos.

—Alina se lo dijo.

—¿Por qué nunca me dijiste nada? —No me importaba cómo se había enterado Lewis, aunque era un alivio saber que no había sido por Kate, aun así, nada de eso me importaba, lo único que yo quería saber era porqué Kate me había ocultado eso.

—Porque no es algo seguro, Julian. Es idea de mi mamá, dice que es una buena universidad y que si mi tío accede a ayudarnos me iré. Es solo una opción.

—¿Si no es seguro porque no me lo dijiste? —insistí. Me miró un segundo, se encogió de hombros y regresó la vista hacia Fez.

—No lo sé, no quería decirte nada hasta que fuera seguro. ¿Por qué Lewis te contaría esto? —añadió enseguida, luego sacudió la cabeza—. Como sea, aun falta más de un año para que nos graduemos.

—Lo sé, pero aun así debiste decírmelo, se supone que somos amigos.

Me apretó el antebrazo y me dedicó una sonrisa. Me sentí enrojecer por lo que aparté la vista al instante, al llevarla hacia el frente me percaté de un impreso que no había visto en mi tristeza al sentarme al sofá. En la mesa central del juego de sofás, estaban unas hojas cuya portada rezaba: Invierno rojo. Alargué la mano para tomarlo pero Kate fue más rápida. Fez saltó de su regazo al suelo y maulló inconforme con su reacción, ella puso las hojas de su lado del sofá. La miré.

—¿Qué es eso?

—Umm... es —Bajó la mirada hacía las hojas, titubeó antes de confesar—, es... el cuento para Stephen.

—¿No lo has entregado? —No contestó—. Pensé que lo entregarías ayer, me dijiste el viernes que ya estaba listo.

—Es que —Se puso las hojas en el regazo y contempló la portada—. No lo voy a entregar —explicó acariciando las letras del título.

—¿Otra vez con eso? Creí que habíamos quedado

—Olvídate de eso. —Me miró—. Olvídate de eso —repitió enfatizando la frase, entendí perfectamente a que se refería. Asentí.

—Pensé que Kate Flint era una chica de palabra —Me puse en pie dispuesto a irme, una mezcla de rabia y tristeza me tenía apretada la garganta. Sentí a Kate levantarse del sofá y la escuché llamarme con un ligero temblor en la voz.




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