Mis días con Kate

Capítulo 16

Te Regalo Palabras fue publicado en la edición No. 203 de una revista para caballeros. La madre de Kate tuvo que firmar algunos permisos para que todo eso fuera posible, y aunque no aprobaba de todo la revista en que se publicaba, se alegraba por su hija.

Kate no encontraba forma de darle las gracias al profesor Stephen, éste dijo que no había problema y que lo único que le pedía era que no renunciara a ese deseo de escribir a futuro, pues le veía un gran talento en ello. A mí me dijo algo similar, pero yo le contesté con una sonrisa e informándole que tenía otros planes.

El último jueves de clases salimos juntos del instituto, tomados de las manos y con la edición de la revista en la mochila de Kate. Nos sentamos en la plaza y le echamos una mirada. Era aproximadamente la décima quinta vez que lo hacíamos. El nombre de Kate figuraba pequeño abajo y en la hoja siguiente al final del cuento, una morena de grandes pechos manejaba una motocicleta.

—Será una anécdota graciosa para el futuro —dije golpeando el rostro de la mujer en la revista. Kate sonrió, abrazó la revista y cerró los ojos. Estaba saboreando el momento, yo no.

—Y pensar que estuve tanto tiempo negándome a entregarle el cuento a Stephen. Imaginas si no se lo hubiera dado —Me encogí de hombros.

—Tu cuento no estaría ahorita entre dos mujeres semi-desnudas —Me miró, bajó la revista y colocó su mano sobre la mía.

—¿Qué pasa? —Aparté la mano y me rasqué la nariz.

—No puedo dejar de pensar en que el tiempo se está yendo muy rápido. Tú te vas a ir y —Kate me lanzó los brazos al cuello y enterró el rostro en mi clavícula.

—Entonces no pases este tiempo molesto —La abracé.

—Lo sé, es que

—Ey —Alzó la mirada, nuestros rostros se separaban por un par de centímetros—. No pensemos en lo que va a pasar de aquí a un año, ¿sí? Este va a ser nuestro último año de instituto, disfrutémoslo al máximo.

Me incliné y la besé. Era cierto, no podía pasarme los siguiente meses auto compadeciéndome porque Kate se iría en un año. Entonces estábamos juntos como tantas veces lo había soñado, no podía estropearlo pensando en un futuro que no se cumpliría sino hasta dentro de doce meses.

Luego de un buen rato sentados en la banca de la plaza, dimos un pequeño recorrido a pie por la ciudad. Kate me dijo que quería ir a la fiesta de Alina. Dado que todo estaba saliendo tan bien últimamente, ella quería saber si existía alguna posibilidad de recuperar a su vieja amiga; pues de haberla, no quería ser ella la que la rechazara.

Así que al día siguiente le hizo saber a Alina que iríamos. Alina había sonreído y dicho que la fiesta seria genial. Aquel viernes, luego de que sonara la última campanada por aquel curso, me dije que solo contaba con doce meses para estar con Kate y que no podía estropear ninguno de esos meses.

Todos los estudiantes del instituto McAllister salieron en algarabía de las instalaciones. Era increíble lo que la perspectiva de unas largas vacaciones podían lograr en un montón de adolescentes que no hacíamos más cosa que ver tele, comer porquerías y hacer el vago.

Los estudiantes de último curso, en cambio, no se fueron tan rápido como el resto del alumnado. Se quedaron afuera, sacándose fotos, intercambiando números y frases jocosas. Me reí internamente al contemplar la escena. Nos pasamos la mitad de nuestra adolescencia odiando el instituto, las clases e incluso a los profesores. Pero cuando el instituto llega a su fin, todo eso queda a un lado y toma lugar la melancolía de saber que se ha acabado. Que un etapa importante de tu vida ha llegado a su fin, que habrán compañeros de clases que jamás volverás a ver, que de otros no tendrás noticias sino hasta dentro de unos diez años, solo para saber que están casados y con tres hijos que bien podrían ser el próximo anticristo.

En inclusive habrá quien se pregunte si alguno de ellos llegara realmente a esa edad. Sentí que me sacudían el brazo, cuando bajé la mirada me encontré con la cálida sonrisa de Kate.

—¿Hacia qué galaxia divagabas?

Me dijo mientras comenzaba a caminar. Arrojé una última mirada al grupo de último curso que acababa de graduarse. Entre ellos divisé a Lewis, el idiota notó que lo miraba, alzó una mano y sonrió. Hice lo mismo y me maravillé de lo que una inmediata graduación hace en la gente. Me giré, tomé la mano de Kate y contesté.

—En que tenías razón, debemos aprovechar hasta el último segundo de este año. Después de él: adiós secundaria.

Me sonrió y se mostró de acuerdo. Aquel viernes llegué a su casa a las siete de la noche, la escritora estaba enfundada en una mini-falda negra, zapatillas y una blusa azul. Llevaba el cabello suelto y un maquillaje tenue. Nos despedimos de su madre y nos fuimos a la casa de Alina. Puesto que Alina vivía muy cerca nos fuimos a pie. Con las estrellas brillando en el cielo nocturno, sin Luna acompañándolas y con el sonido de los autos al pasar en la carretera.

—¿Has pensado qué vas a hacer cuando nos graduemos? —preguntó de repente.

—Pensé que no nos preocuparíamos por lo que pasará de aquí a un año —Ella me miró.

—Sí, pero... no sé, me gustaría saber si tienes algún plan.

—Oh, lo tengo —Le aseguré apretándole la mano.




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