Me gradué de la universidad hacía tres años y solo llevaba un año ejerciendo la carrera. Daba clases de literatura en un instituto llamado Landon Marshall y era sorprendente ver cómo cambiaron las cosas, o quizás no cambiaron en lo absoluto y yo era el que se estaba poniendo viejo.
Me iba bastante bien. Mi prima Mary se graduaba a mediados de año del instituto y no cabe en sí de gozo. Mi mamá tenía sus achaques de anciana, pero la última vez que la visité bromeaba como en antaño.
Vivía a dos horas del instituto en el que trabajaba, en un pequeño departamento que estaba desordenado la mayor parte del tiempo. La última mujer que tuve se marchó hacía cuatro meses llevándose consigo el televisor, la lavadora y un sofá. Por lo que me vi en la necesidad de ahorrar un poco para reponerlo.
Unos días atrás tuve algo que catalogaré con la frase favorita de uno de mis alumnos: «Un encuentro cercano del tercer tipo».
Fue el viernes a final de la mañana. Estaba solo en la sala de profesores cuando Camila, una de mis estudiantes, tocó a la puerta.
—Señorita Tyler. Dígame.
—¿Recuerda que le hablé sobre un viaje la próxima semana? Y usted me pidió que viniera mi padre.
—Sí, lo recuerdo.
—Bueno, no puede venir. Pero vino mi madrastra en su lugar.
—Oh claro. Hazla pasar —le contesté mientras alineaba los exámenes que estaba corrigiendo. Cuando alcé la vista un rostro conocido me miró desde la entrada, solo que estaba un poco mayor, como lo debía estar el mío, y mostraba sorpresa.
—Julian Moore. Cuando mi hijastra me dijo el nombre de su profesor de literatura me reí por media hora.
—Alina Botte, siempre un placer. —La pobre Camila nos miraba de ida y vuelta. Alina le apretó el hombro.
—Tu profesor y yo estudiamos juntos.
—¿Fueron novios? —preguntó la niña con sorpresa, ambos nos reímos.
—Ni Dios lo quiera, no —contestó Alina—. Pero fue el novio de mi mejor amiga. La hizo feliz cuando yo la hice a un lado —comentó con nostalgia. A eso se le sobrepuso un silencio, luego ella me miró—. Pero no vine a hablar del pasado. A mi esposo le salió un viaje de negocios y él quiere aprovechar para que Cami y yo respiremos otros aires.
—Entiendo.
—Entonces, ¿debemos firmarte algo?
—Oh no, solo debía tener constancia para que los profesores podamos después realizarle a Cami las pruebas que se pierda. Deberías ir a ver a la Directora, ella te explicará mejor.
—Bien. Gracias, Julian. —Le asentí con una sonrisa y volví a lo mío. Cami le dijo que debía ir al baño y Alina la instó a que fuera y le dijo que la alcanzaba en un momento, cuando Cami se fue, Alina dijo—. Siempre he lamentado lo que hice ese año.
—Ya forma parte del pasado —la tranquilicé sin alzar la vista. Ella se sintió con la libertad de sentarse frente a mí.
—Pero no estuvo bien, era mi mejor amiga y yo era la única que ella tenía.
—También me tenía a mí, por si no lo recuerdas.
—Lo recuerdo. Pero un amigo nunca es lo mismo. Como sea, tienes razón, eso ya es pasado. Además ya tuve la oportunidad de volver a verla. —Alcé la mirada, reconocí ese brillo en su mirada, ese brillo que se le aparecía cuando éramos adolescentes y ella jugaba al adivina.
—¿Cuándo? —pregunté fingiéndome tranquilo.
—¡Lo sabía! —anunció eufórica, el brillo de su mirada intensificándose.
—¿Saber el qué?
—Ay por favor, Julian. Nunca me agradaste cuando fuimos adolescentes, pero te conocí bastante bien. Acabas de poner la misma cara que ponías todas las mañanas cuando la saludabas. —Silencio, observé el examen de uno de mis estudiantes, había contestado todas las preguntas correctamente—. Aun te importa —afirmó Alina—. Apuesto a que aun te vas a la cama pensando en ella.
—¿Te burlas de mí? —pregunté con tono neutral, colocando con la lapicera la nota máxima hasta entonces y una pequeña felicitación debajo.
—Para nada, todo lo contrario. Me parece dulce. —Otra pausa, luego de la cual me informó—. Tú también le importas a ella.
—¿Ella te lo dijo? —pregunté como si tal cosa y rogando que no se notara la urgencia en mi voz, ella soltó una risita que casi parecía un ronroneo.
—Pareciera que has olvidado a la Kate que conocimos. Por supuesto que no lo dijo, ni siquiera te mencionó. —Mentiría si digo que eso no me dolió, pero luego ella agregó—. Pero eso es algo que cualquiera que los haya conocido a los dos puede notar. ¿O no te has leído ninguno de sus libros?
—Los he leído todos, y no entiendo lo que quieres decir. —Le aseguré tomando otro examen. Ella largó un suspiro.
—Por Dios, Julian. ¿Seguro que los has leído bien? ¿Acaso no has notado todas las referencias hacia ti que hay en cada libro de Kate? —Nos miramos, al yo no decir nada ella revoleó los ojos—. Ventanas hacia el pasado, El Escritor, El beso de Justin. En todos ellos hay una clara referencia hacia ti, en algunos es más obvia, como en Ventanas hacia el pasado. Mark, el protagonista, es una réplica tuya.
Guardamos silencio, parecía como si Alina estuviera respetando el hecho de que yo apenas comenzaba a procesar esa información. Luego dijo que debía irse, el viaje era esa misma noche y su esposo de seguro ya estaba ultimando detalles, antes de que se fuera le pedí que me dijera cómo había hecho para encontrar a Kate, esto fue lo que contestó.