Mis días con Kate

Capítulo 18

—¿Cómo fue tu primera vez?

Me preguntó una vez un amigo de la universidad. Él se llamaba Roger, era un chico que no parecía conocer la seriedad, que amaba la comida y las fallidas trampas del Coyote. Lo cierto era que nunca entendí porqué quería ser profesor, y sinceramente nunca supe si lo logró o no. Lo cierto era que fue un gran amigo. Tuvimos muchas borracheras épicas juntos; como la vez que despertamos en medio de una gran casa a la que no recordamos como llegamos y muy poca cosa de lo que habíamos hecho.

Lo único que recordamos de esa casa fue al gran Bulldog que nos persiguió desde la alberca hasta la puerta de salida. Roger siempre decía que la fiesta la había dado una tal Dora y que se la había tirado esa noche, yo no estaba completamente seguro de que eso fuera cierto. Lo último que recordaba era haberme besado con una tal Clara en una fiesta en otra casa y que luego de semejante borrachera había prometido nunca volver a hacerlo. No sé si alguna vez se han emborrachado hasta perder la conciencia, pero yo que sí lo hice les digo que es terrible despertarse sin saber qué hiciste.

Volviendo a Roger, él era ese tipo de chico que estaba sentado al escritorio haciendo algún deber y de repente se volteaba y hacia una pregunta que ni al caso. Como esa vez. Recuerdo que yo estaba tumbado en la cama, con un libro abierto entre las manos y Roger escribía en su PC un ensayo para una profesora particularmente estricta.

A pesar de que la pregunta de Roger había venido de repente, no fue mucho el tiempo que tarde en responderle. Recuerdo que bajé el libro y me lo apoyé en el pecho, una sonrisa me levantó las comisuras de los labios y mi mente comenzaba a ver el recuerdo como si se tratara de una película.

—Fue sencillo.

—¿Sencillo? —inquirió Roger con una mueca de decepción.

—Las cosas más mágicas de mi vida han sido sencillas, simples —le aseguré con una sonrisa. Él pareció recobrar el interés, por lo que se dio la vuelta en la silla y me instó a continuar.

—¿Con quién fue? Háblame de la chica —Bajé la mirada al libro que descansaba abierto en mi pecho, lo tomé, me incorporé en la cama y observé la portada.

—Su nombre es Kate Flint —conté mientras acariciaba las letras que formaban el nombre del autor del libro que ya había leído unas tres veces a esa altura—. Era la chica más bonita del instituto en que estudié, o por lo menos para mí lo era. Fue mi primera novia, mi primer beso y mi primera vez.

—¿Y cómo fue? —preguntó Roger bajando la vista al libro entre mis manos.

—Fue después de nuestra graduación. Ella se iba a ir de la ciudad una semana luego de eso. Recuerdo que comimos en su casa, su madre le había preparado una cena. Lloraba —Recordé.

—¿Por qué? —preguntó Roger extrañado, lo miré.

—Porque yo estaba despidiendo a mi novia, ella estaba despidiendo a su hija.

—Ah, pensé que lloraba ella, tu novia, quiero decir.

—¿Kate? —exclamé sacudiendo la cabeza—. No, ella no lloró. Ella parecía frágil en muchos aspectos, pero en realidad es la persona más fuerte que he conocido.

—Siempre te vas por las ramas, Moore. Te pregunté como fue tu primera vez, no tu historia con la chica. —Sonreí— ¿Así vas a ser con tus alumnos?

—No, es que no puedo evitar irme por las ramas cuando hablo de ella.

—Sí, te brillan los ojos. La única vez que te vi así fue cuando saliste con esa chica hace tres años. ¿Cómo se llamaba?

—Melisa.

—Esa —dijo chasqueando los dedos—. Te traía loco.

—Melisa fue muy dulce, pero solo era un ínterin.

—¿Ah? —Sacudí la cabeza.

—Volviendo a lo que me preguntaste en primer lugar —Asintió dejando ver su acuerdo— Si tuviera que describir mi primera vez, diría: sencilla, mágica, intensa. ¿Qué tal tú?

Y ahí Roger se adentró en una secuencia de detallas imágenes a las que no les presté atención. Pues Roger acababa de oprimir ese botón, ese que me hacia viajar al pasado, a los días en los que no existía mas nada en el mundo que no fuéramos Kate y yo. Reviví nuestra primera vez, había sido en mi casa, después de la cena en la que la señora Flint lloró. Recuerdo que Kate la abrazó y le dijo que no llorara, que volvería en vacaciones y una vez graduada.

Luego le había pedido permiso para salir conmigo y ella se lo concedió. La señora Flint sabía también que yo estaba tan afectado como ella, aunque yo no lo demostraba. Recuerdo que le propuse ir por un helado, ella me había sonreído y sacudido la cabeza. Luego se puso de puntillas y me susurró al oído una idea mejor.

Recuerdo el manojo de nervios que éramos los dos. Recuerdo que nos sentimos un poco culpables por aprovechar la ausencia de mi familia. Mi tía había conseguido lugar para vivir con Mary una semana atrás y luego de la graduación mi mamá se había ido a hacerles la visita.

También recordé el tacto de su piel contra la mía, el olor de sus cabellos y el sabor de sus labios. Recordé sus gemidos y los míos, recordé la forma en se mordía el labio inferior, lo recordé todo como si hubiera ocurrido hacía cinco minutos, cuando en realidad habían pasado cuatro años. Y recordé sus palabras.

—No te voy a pedir que me esperes —dijo muy bajo, con el cabello cubriéndole un pecho, las mejillas rosadas, la frente perlada de sudor y la manta cubriéndola hasta la cintura.




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