Mis Días Contigo

Capítulo 2

Debo aprender que mi salud está por delante de mis frustraciones... Por las buenas o por las malas debo preocuparme por mi cuerpo.

Lo último que me dijeron es que los resultados van a estar para mañana a primera hora, lo que me lleva a recurrir al centro de entrenamiento. En la salida de la sala, Dennis está apoyado en la pared de brazos cruzados y su mirada perdida en la puerta por donde salí. Se acerca a mí y me sorprende al rodearme con sus grandes brazos, quedo estática y no me queda más que responderle. Agarra mi mentón y besa mi mejilla izquierda para alejarse de mí.

Salgo de la clínica y me sorprende ver a una de mis compañeras, mi amiga a decir verdad. Me acerco al auto gris que usamos para trasladarnos a los entrenamientos y en dos pasos está aferrándose de mis hombros.

- No podía dejarte sola cuando necesitas de alguien que te ayude.- le sonrío a Jimena y me abraza- Recordá que estamos juntas, luchamos contra todos.

- Y te agradezco que vinieras.- le contesto mientras me aferro a su campera negra- Juro que tengo el presentimiento que no hay nada bueno lo que me puedan decir mañana...

- Mejor pensá en que tenés que recuperarte y eso pasa por no usar el maldito hielo para desinflamar tu rodilla.- suelto un suspiro y asiento. Al final era lo lógico hacerles caso- Ahora volveremos a casa y harás reposo en lo que te permita el hielo.

El dolor cada vez es más insoportable y ella lo nota, por lo que termina ayudándome a llevarme hasta el auto y me acomodo en el asiento de acompañante. Esto es de lo peor, me había ganado la titularidad después de entrar en el segundo tiempo y terminar jugando en un puesto que no era el mío. Cabe mencionar que soy segunda central y me defiendo a pesar de mi baja estatura para ese puesto. Ni llego al metro setenta y no hay mucha diferencia con mi compañera de saga, pero es lo que hay.

Llegamos al edificio donde vivimos y las demás chicas ya están abriendo la puerta para ayudarme a bajar del vehículo. Las tengo a las tres rodeándome, pero solo Jimena y Ángela son las que me ayudan cargando todo mi peso mientras Romina se hace cargo del bolso que había llevado por cualquier cosa. La verdad es lo llevé al pedo, no era necesario y yo hago todo al revés. Tardamos más de la cuenta llegar al piso y tirarme al sillón largo gris oscuro. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al sentir el frío del hielo en mi rodilla, por lo que suelto un grito y Jimena hace lo mismo al escucharme.

- ¿Qué mierda pasa?- escucho preguntar a Romina algo exaltada y la veo que viene seguida de Ángela- Mariconeas por nada Valentina. ¡Solo es hielo!

- Deja de ser una niña caprichosa y por una vez en tu vida preocúpate por la rodilla hinchada.- las miro mal a las dos.

- Déjenme sola.- le quito el trapo que envuelve el hielo de las manos de Jimena y se pone de pie- ¿Saben qué? Prefiero ir a encerrarme en mi cuarto y estar tranquila ahí.- ahora soy yo la que intenta ponerse de pie como puedo y arrastro la pierna derecha ya que el hielo lo adormeció.

- Valen, por favor.- miro a Jimena al acercarse a mi lado y rodea mi brazo derecho en sus hombros- Te necesito tranquila y no les des pelota, ellas que hagan lo que quieran. Sabés que siempre estoy de tu lado, en las buenas y en las malas ¿Sí?- le sonrío y me acompaña hasta mi habitación.

- Jimena y Valentina contra el mundo...- le contesto al escuchar que cierra la puerta y caigo de espalda, hasta siento que ella hace lo mismo a mi lado- Me pone feliz que estés conmigo siempre, sos de esas personas importantes que te regala la vida y estoy agradecida porque siga siendo así.

- Mientras no cambies, lo demás no tiene importancia. Cuentas con mi familia y conmigo para lo que sea.- giro mi cabeza para mirarla y la abrazo.

Cuando no tenés a tus padres, siempre hay alguien que se cruza en tu camino y ayudan sin nada a cambio... Esa es la familia de Jimena, la familia Robles que me dieron un techo donde refugiarme mientras me dedicaba a jugar a la pelota en la grandísima ciudad de Buenos Aires. Y es que no sabía que hacer al no tener a mi padre... Ni a mi madre.

Perderlos fue de los mayores dolores que sufrí en la vida, las lesiones no se comparan en nada al dolor en mi corazón y el sufrimiento de su ausencia. Ella fue el incentivo para que jugara al fútbol, fue el único apoyo que tuve en mi niñez y adolescencia, cuando había decidido abandonar el campo para vivir en la ciudad.

Mi padre era un caso aparte. El típico machista que la nena juega a las muñecas y los nenes con los cochecitos. En mi caso, se negaba a que pateara una pelota y sí pasara el tiempo con el voley o el hockey. Nunca vio en lo que yo quería hacer, sino que le daba en los huevos que su única hija jugara con los varones. Con el tiempo se acostumbró que su "nena" sea toda una machona que hiciera pasar vergüenza a los nenes que no me podían sacar la pelota de los pies.

Siempre recuerdo los buenos momentos con mi madre, era muy apegada a ella y fue quien me moldeó para ser alguien en este mundo. Cuando supe de su enfermedad no dudé en volver al pueblo de nuevo, quería estar a su lado para batallar con ese maldito cáncer que la estaba consumiendo. Todavía me siento culpable por dejarla sola y entregara su vida tan rápido, olvidándose que yo también la necesitaba...

Pestaneo un par de veces para darme cuenta que ya es de noche. No sé en que momento me dormí. Jimena sigue a mi lado, se ve que las dos nos quedamos dormidas. Suelto un largo suspiro mientras quito el hielo de mi rodilla, noto que se desinflamó bastante y me deja bastante tranquila. El dolor sigue con menos intensidad pero vale la pena intentar caminar por mis propios medios. Me siento y apoyo el pie en el suelo para llevar algo de peso hacia la pierna derecha... Es igual el dolor, necesito algo para poder dormir.

- No lo hagas o será peor.- giro mi cara para encontrarme con el pelo castaño de Jimena delante de mi cara y empiezo a reírme.



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En el texto hay: amorimposible, futbolista, regreso

Editado: 22.10.2023

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