Mis Días Contigo

Capítulo 6

Después de echar a casi todas las mujeres de la entrada de mi propiedad, subimos de nuevo a la camioneta y nos dirigimos a mi casa. Sabrina me cuenta que hace dos meses volvió al pueblo con el título de maestra jardinera y ayudará a la única que da clases a los nenes de cuatro y cinco años. Resulta que es la misma que tuve a esa edad y nunca llegó alguien que pueda suplantar una vez que se jubilara. Por otro lado, tiene un novio que conoció en Buenos Aires y del que no dudó en vivir en el pueblo. Y la muy estúpida viene por el tipo que está arreglando mi casa. Mientras su trabajo se lo permita, la felicidad está por delante de todo y se ve que el chico es uno de los que le gusta más la tranquilidad que estar conviviendo con el estrés de la ciudad. La suerte de trabajar de mecánico es que podés conseguir laburo en cualquier taller o trabajar de manera independiente.

- Mi papá trabajó acá por años en este campo, ni siquiera sabía del parentesco entre el patrón y vos.- el patrón, así era llamado papá ya que trabajaban casi todos los jefes de familia. Giro mi cabeza para mirarla con una sonrisa y me recuerda a esa nena que parecía una garrapata rubia- Él me traía cuando mamá no podía cuidarme y pasaba la mañana entre los caballos.

- ¿Tenés idea de lo que hicieron con el ganado que regalé?- le pregunto al recordar el gran ganado que rodeaba las hectáreas del campo- Recuerdo haber hablado con el capataz si no me equivoco, para que repartiera entre los hombres...

Gran parte de las vacas las terminé regalando a los hombres que trabajaron con papá y otras se los hice vender para costear mi vida en Buenos Aires mientras trabajaba levantando pedidos para una distribuidora de bebidas de primera marca. Me recorría toda la zona sur de la ciudad a pie o en colectivo, apenas me alimentaba y ni bien terminaba de trabajar ya hacía el camino hacia el entrenamiento o a la casa de Jimena. El fútbol femenino no da los privilegios que el masculino, una de ellas son los entrenamientos que eran dos o tres veces a la semana y llegar bien a cada partido. Eso me costó mucho al llegar a Frankfurt, los entrenamientos hasta los fines de semanas si era necesario y rendir al máximo en la cancha. Es un cambio rotundo en la vida de una futbolista amateur.

- Recuerdo que papá se hizo cargo de unas cuantas vacas y se quedó con los caballos que sobraron de los que les dió a cada hombre.- su voz me quita de mis pensamientos y la miro sorprendida. ¿El hombre de confianza es su padre? Aunque sí me sorprendió lo joven que era para que mi propio padre tuviera gran confianza- Repartió otras vacas al pueblo y las que sobró, los vendió. Aunque eso ya lo sabés.

Llegamos a la casa, o al menos lo que se ve de ella. El olor a humedad es lo primero que invade mis fosas nasales que prácticamente me deja sin aire, esa sensación de picazón en la nariz se hace presente y me cubro con el brazo izquierdo. Uno de mis primos deja la caja que tiene el parlante en la sala que mamá había armado, al lado del juego de sofá de cuero marrón que papá le regaló. Está toda tomada por la humedad, al igual que las paredes amarillas que una vez fueron blancas. Mientras empiezo a recorrer, veo que gran parte de los muebles se mantuvieron intactos desde que me fui, hasta puedo oler entre tanta humedad el de barniz. El brillo es notorio a la vista y está más espacioso de lo que recordaba, temo saber el motivo del porqué.

- Había cosas que las tuve que tirar, estaban ardidos por la humedad.- desde que Mariela me lo presentó, es la primera vez que me habla y solo escuchar su voz gruesa me eriza la piel. ¡Esto es una puta broma!- Les decía a tus primos que es difícil mantener por un tiempo lo que están intactos, es cuestión de comprar los materiales antes que se vengan abajo por las lluvias. El techo hay que arreglarlo cuanto antes.- asiento mientras sigo recorriendo el comedor con la mirada.

- Papá los mandaba hacer con el carpintero del pueblo, en ese entonces no había una mueblería.- sonrío ante los recuerdos de él cargando los muebles con ayuda de uno de sus hombres- El día que lo llamaba, no hacía más que agarrar las llaves de la camioneta y se llevaba a un hombre para que lo ayude...

- El tío debió ser un buen tipo.- contesta Fernando y yo asiento mientras camino a la cocina seguida de Luciana- Me hubiese gustado conocerlo...

- Si estuviera con nosotros, ya te estaría arrastrando al campo.- no puedo evitar reírme- De acá no ibas a salir sin saber ordeñar una vaca. Le importaba una mierda si te negabas, te ataba a una soga y te llevaba al establo.- contesto levantando la voz para que me escuche mientras veo que la cocina está intacta, y es que prácticamente es todo loza.

Lo único que está bastante ardido es la cocina, se me cruza por la mente la de dos hornallas que usaba cuando trabajábamos fuera de casa. Trato de recordar dónde lo guardaba, hasta que se me cruza por la mente que era muy celosa de sus pertenencias y los escondía en un cuarto que papá se lo había reservado solo para sus cosas. Agarro bien las muletas, me dirijo a gran velocidad a ese cuarto y puedo sentir que todos siguen mis pasos, hasta que siento que soy empujada a la puerta. ¿Qué tanto les cuesta frenar? Ya cuando los tengo lejos, trato de abrirlo. ¡La llave! Miro las paredes en búsqueda de la bendita llave, pero frunzo el ceño al ver que no está.

- ¿Buscás esto?- escucho de nuevo esa voz gruesa y me giro para ver que tiene la llave en sus manos- Lo utilicé para ver qué podía encontrar, creí que era alguna habitación de expensas o algo parecido.

- Si fuese de expensas, todo lo habría adentro estaría vencido.- le contesto al extender mi mano y me entregue la llave- Ni siquiera mi padre pudo entrar, lo teníamos prohibido.- al agarrarlo, puedo sentir ante el contacto de sus dedos en mi palma una especie de descarga eléctrica y separo mi mano de la suya ignorando lo que pasó.



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En el texto hay: amorimposible, futbolista, regreso

Editado: 22.10.2023

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