Mis Dos Personalidades Y Las Siete Tuyas

LA CASA DONDE EL FUEGO NACIÓ

Al salir de la universidad, YimYam sintió algo extraño.

Una presencia débil… pero familiar.

Entre la multitud, una chica caminaba con el cuerpo cubierto por ropa gruesa, pese al calor sofocante. Capucha baja. Mangas largas. Mirada rota.

—Ethan —susurró Yam—…

—La seguiré desde las sombras —respondió él.

—No —dijo Yim—. Tú verifica si lo que dijo el Jum azul es verdad. Esto… es nuestro asunto.

Ethan dudó, pero obedeció.

YimYam siguió a la chica hasta una casa vieja, agrietada, cargada de un silencio enfermo.

Se ocultó.

Observó.

Los gritos comenzaron pronto.

El padrastro la golpeaba, furioso por el dinero inexistente.
La madre miraba.
Callaba.
Elegía.

YimYam no intervino.

No aún.

La noche cayó.

Los adultos bebieron hasta quedar inconscientes. Una colilla encendida rodó por la mesa. La cerveza se derramó lentamente.

YimYam no creó el fuego.

Solo empujó lo inevitable.

El incendio comenzó.

La chica despertó con el olor a humo.

Corrió.

Las llamas devoraban todo.

Su madre gritaba. El padrastro la sujetó del brazo.

—¡Sácame primero! —rugió.

Ella lo empujó.

El golpe fue brutal.
Costilla rota.
Pulmón perforado.

Logró salir… apenas.

Se arrastró, ahogándose en su propia sangre.

Entonces, YimYam apareció ante ella.

—Si hubieras huido sin mirar atrás —dijo con calma—, estarías viva.

La chica escupió sangre.

—No… no quiero morir… —susurró—. No después de todo esto…

YimYam la miró largamente.

—Entonces elige —dijo—.
¿Quieres seguir sufriendo…
o servir al Karma?

Los ojos de la chica brillaron.

—Sí… —sonrió—. Sí, quiero.

YimYam introdujo su mano en su pecho.

No para matarla.

Para recordarla.

El poder despertó.

Su cabello se volvió completamente plateado.
Sus ojos… negros como la noche.

La chica se puso de pie.

—Mi señora —dijo inclinándose—.
He vuelto.
Soy Eleonor.

YimYam sonrió.

—Bienvenida a casa.




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