Al día siguiente, Yim y Yam continuaron con sus presentaciones como si nada hubiese ocurrido.
Su fama crecía con cada escenario, con cada canción, extendiéndose como un rumor imposible de detener.
Entre el público se encontraba Kai.
Esta vez no como el niño de ojos azules, sino con la apariencia de un joven. Cabello oscuro, porte tranquilo, mirada profunda. Observaba en silencio, disfrutando la música… y observándolas a ellas.
Cuando el concierto terminó, se dirigió hacia los camerinos, pero algo lo detuvo.
Alguien más caminaba en dirección al camerino de Yim y Yam.
Kai frunció el ceño.
—Eso no estaba en mis visiones… —murmuró.
Decidió seguir a aquella figura. Cuando estaba a punto de alcanzarla, una presión extraña recorrió el aire. El desconocido se desvaneció, como si nunca hubiese estado allí.
Kai se quedó inmóvil.
—Interesante…
Preocupado, fue directamente con Yim y Yam.
—¿Ocurrió algo extraño? —preguntó con aparente calma.
—Nada fuera de lo normal —respondió Yam—. Pero daremos la orden de que nuestros sirvientes investiguen.
Kai asintió, aunque la inquietud no abandonó su expresión.
Esa noche, ya en casa, los sirvientes fueron convocados.
Ethan fue el primero en hablar.
—La persona que se acercó al camerino era solo un fan. No representaba peligro.
Antes de que pudiera decir algo más, una risa suave y burlona cortó el aire.
—¿Seguro? —dijo Eleonor, cruzándose de brazos—. ¿O es que ya no haces bien tu trabajo?
Ethan la miró con abierta rivalidad.
—Cuida tu tono.
—Cuida tu vigilancia —respondió ella sin inmutarse.
YimYam levantó la mano, imponiendo silencio.
Eleonor —dijo Yim—. Dijiste que tenías información.
La sirvienta sonrió, esta vez con una expresión peligrosa.
—Ya sé quién es el siguiente fragmento de Jum —anunció—. El color rojo.
El relicario vibró levemente.
—¿Quién es? —preguntó Yam.
—Un artista —respondió Eleonor—. Uno de los más grandes del género masculino. Idolatrado. Temido. Arrogante hasta la médula.
Hizo una pausa deliberada.
Tiene un temperamento difícil… y una obsesión peligrosa con lo que considera suyo.
YimYam sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Crees que podamos hablar con él?
Eleonor ladeó la cabeza, divertida.
—Hablar… quizá no. Pero —añadió— puedo averiguar dónde será su próximo concierto.
Sus ojos negros brillaron.
—En algún lugar de la ciudad, un escenario vacío parecía esperar.
Y algo… ardía en la distancia.
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Editado: 11.02.2026