En qué momento tan incómodo me encuentro. No sé qué hacer, me quedo frente a la pantalla viéndola como quien ve su vida pasar justo antes de apagarse por completo. Después, miro a mi alrededor tratando de encontrar una respuesta a una pregunta inexistente, tomo mis cigarros y enciendo uno y luego otro y otro más y mi vida, mi vida se evapora poco a poco, igual que el humo de los cigarros al consumirse. La presión me estruja a voluntad e indefenso como un bebé, no puedo hacer nada para resistirme.
Cada mañana al despertar me pregunto por qué lo hago. A veces desearía no hacerlo más, dormir y quedarme ahí eternamente, sumido en mis sueños, sueños que soy incapaz de recordar, pero que aun así me protegen de mí mismo. Y, cuando consigo recordarlos no hacen más que aterrarme o confundirme; es entonces cuando comprendo que no tengo escapatoria, ya sea en el mundo real o el onírico mi vida se sume en la desesperación, siempre atrapado en un ciclo de desesperanza y presión aplastante.
No diría que odio mi vida, de hecho, la amo, amo a mi pareja y mascotas; sin embargo, ese amor no es suficiente. Creo que el problema no es mi vida en sí, sino cómo trato de vivirla; siempre aparentando estabilidad y calma, aunque me esté derrumbando por dentro y siempre que lo pienso me desprecio.
Día a día uso una máscara que aparenta tranquilidad y no sé cuánto tiempo más podré seguir usándola. La impotencia me invade y lágrimas intentan brotar de mis ojos, pero no lloro, nunca lo hago; porque eso solo reflejaría mi debilidad y temo ser demasiado débil como para vivir.
A veces creo que me odio, pero luego recuerdo que no soy tan importante como para hacerlo. Y me odio aún más por mi ineptitud.
No amo mi trabajo, pero tampoco lo detesto y lo hago lo mejor que puedo, demasiado bien diría yo. Ese trabajo que me da el sustento necesario es también una prisión, me entretiene, pero no lo disfruto, y lo que realmente disfruto hacer me mataría de hambre, después de todo un escritor difícilmente puede vivir de sus obras.
Escribir me apasiona y frustra por igual, sé que soy bueno escribiendo, pero ser bueno no es suficiente. Mis ideas se desbordan y me aplastan y debo reprimirlas, pues, si las externo el mundo me mira con recelo, igual que se mira a un inadaptado, las personas creen que soy frío y desalmado, sin saber que estoy roto por dentro.
Incapaz de unir mis fragmentos, débil, solitario e inamovible de mi posición.
Hoy escribo esto como terapia, soy consciente de que sería mejor acudir a un profesional, pero mi economía no me lo permite, además a nadie le importa el estado mental de los hombres, eso lo tengo claro desde pequeño.
Me educaron para ser fuerte ante la adversidad, pero nunca me enseñaron qué hacer cuando te derrumbas por dentro.
Sé que mi pareja podría ayudarme a pagar un psicólogo, pero aceptar esa ayuda sería igual a depender de ella y eso me asusta. Me aterra la idea de depender de los demás, porque eso únicamente demostraría mi incapacidad, y temo aún más que no haya vuelta atrás.
A veces pienso en dejar que todo salga, derrumbarme frente a los demás y aceptar su ayuda; pero, no quiero la lástima de nadie.
Detesto a las personas estúpidas e hipócritas, y me detesto más a mí por ser como ellas.
Realmente, si me detengo a pensarlo, creo que detesto más cosas de las que me gustan. No me gusta la gente, ni los lugares muy ruidosos, detesto el calor y la suciedad. Odio el aguacate y las bebidas muy calientes porque me queman la lengua, sé que parece estúpido decirlo, pero esa es mi realidad.
Este escrito no pretende ser algo increíble o desbordante de imaginación, es únicamente mi desahogo personal, mis quejas, mis lamentos. La historia de mi vida sin tener que contarla realmente.
Tú, que estás leyendo esto, quizá creas que has perdido tu tiempo al hacerlo y lo entiendo. Sin embargo, eso está bien, perder el tiempo con estupideces a veces es necesario; como cuando yo juego al Fortnite. Porque así, puedes escapar por unos minutos de tu realidad.
Teniendo eso en cuenta, si sigues aquí, permite que este amargado se queje un poco más.
Como dije antes, detesto a las personas estúpidas, pero no a esas que son tontas sin saberlo, sino a las que aparentan no serlo. Si eres un idiota, sé el más idiota del lugar, no trates de mostrar que sabes mucho cuando en realidad no entiendes la mitad de lo que hablas.
Entiendo por qué lo hacen; yo lo he hecho para impresionar a alguien, y he fallado terriblemente en el intento. Sin embargo, aprendí de ello, ¿por qué los demás no lo hacen?
A veces pienso que el mundo sería mejor si todos fueran como yo, luego recuerdo que, si fuera así, quizá todos estarían deprimidos perpetuamente y abandono la idea.
Tan solo imagina un mundo lleno de treintones arrogantes, despectivos y amargados. Creo que no sería precisamente una utopía; pero, al menos todos serían más honestos, o por lo menos tan honestos como la sociedad lo permite sin tacharte de cruel.
Lector, amigo mío, si es que se me permite llamar así a un desconocido, quéjate conmigo y déjame llorar en tu hombro, o al menos fingir que lo hago. Porque tal vez de esa manera, sea un poco menos solitario.
Sé que soy una persona llena de contradicciones, pero vamos ¿quién no lo es? Todos decimos una cosa y luego hacemos otra, quizá por arrepentimiento o simplemente por pereza, pero así es esto y nada lo va a cambiar.
Pero esa contradicción también me molesta, ¿por qué no simplemente hacer lo que decimos o pensamos? Claro, siempre que no termine con alguien muerto o herido, eso sería malo, y yo soy un amargado, no un delincuente o algo similar.
En fin, creo que ya he hablado demasiado sobre los demás, así que regresemos a mis sueños, y qué sueños. Si bien no los recuerdo todos, parece que mi mente se empeña en recordarme mi miseria siempre que puede, lo que sueño incluso podría servirme para escribir historias de terror, y eso es horrible.