Mis Queridos Fantasmas. Relatos de Ultratumba.

MI CUMPLEAÑOS

Hoy es 31 de Octubre de 2015.

Hace exactamente veintiún años menos una hora que yo nací, son las once de la noche, pronto llegará mi cumpleaños; apenas queda una hora. Y con la media noche también llegara el veintiún aniversario de la muerte de mi madre. Hace bastante tiempo que no celebro mi cumpleaños. Cuando era niña recuerdo que mi abuela preparaba galletas y un delicioso pastel de chocolate. Al día siguiente todos los niños del barrio nos poníamos las botas con tanto dulce. Pero cuando empezaron a llegar esos motoristas dejó de hacerlo. Esto ocurrió cuando cumplí los dieciséis años, casualmente la misma edad con la que mi madre se quedó embarazada. Me traen regalos que aseguran que encuentran en la carretera, y ocasionalmente, siempre les falla la moto pocos metros antes de llegar a mi casa teniéndose que quedar aquí a pasar la noche, pero desaparecen antes del amanecer. Nunca vi a ningún familiar en mi casa, mi madre era hija única y mi abuela también, por lo que solo quedaba un hermano de mi abuelo. Pero, por lo que se de él, desapareció cuando era joven en busca de fortuna hacía el sur. De mi padre tampoco sé mucho, apenas lo que he podido escuchar detrás de las puertas cuando mis abuelos discutían sobre él. Aunque siempre decían lo mismo; mi abuela quería que yo supiese quien era, pero mi abuelo se negaba a ello. Y por mucho que mi abuela insistiera mi abuelo era muy testarudo, y siempre acababa diciendo que mi padre me abandonó al nacer. En cambio mi abuela tenía otra versión muy distinta de los hechos y un día me contó su historia, no sin antes prometerle que jamás le contaría nada a nadie. Me dijo que cuando mi madre se quedó embarazada mi abuelo le prohibió la entrada en casa a mi padre. Más tarde supo que tenían planeado fugarse cuando yo naciera. Esa misma noche al enterarse de la noticia salió de casa hecho una furia con la escopeta en la mano diciendo que iba a cazar a pesar de la inmensa niebla que hacía. Mi abuela preocupada por él pasó toda la noche en vela frente a la chimenea. Cuando se hizo de día la niebla empezó a esclarecer y al poco rato entró mi abuelo en casa. Sin decir nada se encerró en su estudio y permaneció allí bebiendo durante dos días. Cuando salió de allí dice mi abuela que envejeció casi diez años. Mi madre nunca supo de aquel incidente y desde aquella noche tampoco supo nada más de mi padre. Nunca se volvió a hablar de él. Yo tenía quince años cuando mi abuela estando muy enferma me confesó todo esto, quizás tenía miedo a morir sin que yo supiese la verdad. El día que mi madre se puso de parto le entraron unos dolores terribles y unas fiebres que los médicos no podían controlar. A mí me llevaron a las incubadoras en una carrera contrarreloj y a mi madre la dejaron conectada a un monitor lleno de cables. Mi abuela se quedó con ella junto a su cama rezando por que siguiera con vida, cuando le cogió la mano estaba helada como un muerto a pesar de que tenía cuarenta y dos de fiebre. Dice mi abuela que las máquinas a las que estaba conectada emitieron un largo pitido señalando que estaba muerta. Mi abuela apunto de desmallarse empezó a chillar con todas sus fuerzas pidiendo ayuda, pero era como si todo el hospital se hubiese puesto de acuerdo en desaparecer. Mi abuela dice que hubo un apagón y un frío intenso recorrió toda la habitación, que incluso vio como el agua de un vaso que estaba sobre la mesita se congelaba. El apagón apenas duró un minuto, y cuando volvió la luz mi abuela salió al pasillo en busca de un médico. Pero los pasillos estaban desiertos, tan sólo un joven de unos veinte años vestido con una cazadora de cuero y unas botas de motorista que me llevaba en brazos caminaba hacía los gritos de auxilio de mi abuela. El desconocido entró en la habitación y me dejó junto a mi madre, ella se giró hacia mí sonriendo y me besó. Después él me volvió a coger en brazos diciéndole que me llevaba donde yo debía estar y la besó en la frente para despedirse de ella. Y dice mi abuela que mientras la besaba una luz nos envolvió iluminando toda la estancia como si los tres fuésemos un solo ser, impregnando el ambiente de una ternura que hasta se podía respirar. Mientras salía de la habitación con migo en brazos mi abuela lo siguió atónita hasta la puerta y vio cómo se cruzaba con mi abuelo y un médico en el pasillo. Pero tras preguntarle mi abuela al médico quien era el desconocido con el que se acababan de cruzar con migo en brazos, los dos hombres se miraron extrañados y después miraron a mi abuela preocupados. No se habían cruzado con nadie en el pasillo, así como yo no había salido de la sala de incubadoras, y, ni mucho menos se había ido la luz. Revisaron las cámaras del hospital para que mi abuela se quedara tranquila alegando que tal vez lo soñara o se lo imaginara, ni rastro de él, tampoco del apagón, pero sí que vieron una inmensa luz en la habitación en el momento en que mi madre murió. Mi abuela no pudo dormir hasta que le inyectaron un somnífero pasados dos días, y mi abuelo nunca quiso hablar de ello. Ahora estoy aquí sentada esperando al motorista que me traerá el regalo de mi padre, a veces pinchan una rueda, otras les falla el motor, pero siempre en el mismo lugar; y siempre acuden a mi casa en busca de las herramientas necesarias o de un teléfono. Me cuentan su historia, la vida en la carretera, los lugares que visitan, lo que sienten…y para mí es como si me contaran un pedacito de la vida de mi padre. Aquel que nunca conocí, aquel que desapareció una fría noche…Cada motorista me regala su amistad y a veces algún objeto para que los recuerde; un candado, una caja de cerillas, la estrella de una bota…Yo los guardo todos como un tesoro.



#162 en Paranormal
#1849 en Otros
#396 en Relatos cortos

En el texto hay: fantasma, suspenso, terror

Editado: 12.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.