Mientras lees esto, yo estoy sentado en un bus desde Quito hacia algún pueblucho de la sierra ecuatoriana. ¿Por qué? Pues es un asunto que no debería decir, pero te lo diré. Ayer en el último día de clases en el colegio secundario en el que estoy, le di una pisa a un idiota. No era por que me llevase mal con él, caso contrario, le tenía un ínfimo respeto, pero tras una bromita que junto con sus amigos habían planificado en mi contra, le rompí dos costillas y le hice un moratón en el ojo. Bueno pues, ¿Cuál fue la broma? Te lo explico detalladamente, primero voltearon mi mochila de adentro hacia afuera, la garabatearon dizque de chill y grabaron todo el proceso. ¡Bonita broma! Apenas me enteré le dije que lo vería en la salida y ahí nos arreglábamos, pues así pasó. Creo que soy lo suficientemente listo como para no pelear dentro del colegio.
No creas que solo él salió mal, yo también salí mal, me chilpió la oreja y me golpeó muy fuerte en el estómago. También salí peleado con mi amiga Marta, para serles sincero, estaba intentando escalar a más que amigos con ella, pero resulta que a la susodicha le gustaba el chico al que golpee. Bueno, pues tras el problema, sacamos los cueros al sol y ahora resulta que ya no somos amigos. Gracias a que sucedió fuera del colegio, no nos sancionaron con la expulsión. Por consiguiente, la madre del chico, que por cierto se llama Brian, logró contactar a mis padres y dio aviso de lo sucedido, claramente exageró en algunas partes y mis padres no me creyeron mi historia de que ellos me habían hecho eso.
En la situación económica que mis papás poseen, se vieron obligados a pagar por el tratamiento de recuperación del desgraciado, por mi parte, vi comprometidas mis vacaciones. ¿Cómo? Te pregutarás, pues simple, mi mamá decidió enviarme con mi abuelo que vive en el campo, allá por la sierra norte del Ecuador, cerca de Otavalo o Cayambe. El pueblo no recuerdo como se llamaba, Capulisbamba, Capulipamba, Capulispungo. Ve tú a saber, era un lugar a donde apenas y llegaba el bus, con suerte la luz y por milagro el internet, que por cierto tuve que traer mi teléfono de contrabando robándolo de la cómoda de mis padres mientras estos dormían profundamente.
Por cierto, perdón por no presentarme, soy Marcos Santander, tengo catorce años y vivo en Quito, Ecuador. Me gusta mucho leer sagas épicas, mis favoritas son "El señor de los Anillos" y las obras de Rick Riordan. Las del último autor son mis favoritas, me identifico mucho con algunos de sus personajes; he comprado casi todos los libros de sus sagas, he visto las pelis y estoy esperando ansiosamente la serie que se va a lanzar pronto. Claramente me vengo trayendo algunas de estas historias para pasar el rato aquí. También suelo ser buen estudiante, ni suelo meterme en broncas, pero si me buscan me hallan.
Traigo dos maletas, una con mi ropa, mi teléfono y mis libros, y otra con algunas cosas para mi abuelo. Dato interesante, yo no sabía que lo tenía hasta que se dio el problema, mi madre dice que suele hablar con él, pero nunca me lo habían conversado.
El camino fue más que aburrido, solo montañas, bosques, pueblos; no ponían ni una película ni música, leí un rato, jugué free fire hasta que se me acabó la cobertura de las megas y leí, pero quiera que no, me dormí. Las únicas veces que me desperté fue cuando pedían los boletos o cuando anunciaban al pueblo al que llegaríamos, no me importaba, mejor si me perdía pensé.
-Llegamos a Capulispungo. Siguiente parada, Padre Loma. -Dijo el chofer por el altavoz.
-Capulispungo. -Dije adormilado. -Es aquí. -Me dirigí a la puerta del bus. -Señor, ¿Aquí es Capulispungo?
-Sí, ¿aquí te bajas guambra? -Dijo medio bravo.
-Sí, pues.
-¿Entonces? Bájate, bloqueas el paso a los demás. -Dijo gritando.
-Sí, disculpe. -Exclamé asustado y corriendo para bajar mi equipaje.
Fui el último en bajar, el conductor estaba que comía diablos, apenas estuve abajo, arrancó el bus y se fue rapidísimo. Me puse a observar todo mi entorno, no era un pueblucho, era una parroquia de tamaño normal, con una iglesia grandísima y con casas de estilo neoclásico rodeando el parque que tenía en el oriente una pileta con forma de colibrí que liberaba el agua por el pico y a su lado oeste estaba la iglesia. Mi mamá me dijo que esperara, que mi abuelo me iría a ver.
Así que decidí sentarme en el parque a esperar, ese día hacía mucho calor, así que llevaba una camiseta blanca para no atraer un golpe de calor, abrí mi botella de agua y empecé a beberla por la sed. Tal vez no me peiné muy bien, porque la gente se me quedaba viendo como un bicho raro, es obvio, en estos pueblitos todos se conocen y cuando ven a alguien nuevo es normal sospechar de que podría tener malas intenciones. Eran casi las once y mi abuelo no aparecía por ningún lado. Me empecé a preocupar. Hasta que un ruido de cascos apresurados me llamaron la atención, volteé a ver y vi a un viejo chagra montado en su caballo y halando un burro con albarda. Se acercó a mi y al verlo supe que era mi abuelo, ¿la razón? Él ha sido igualito a mi.
-¿Vos sois Marcos Santander? -Me preguntó viéndome con sus ojos zarcos.
-Sí, ¿es ustéd Perseo Tocachi?
-Sí, ese mesmo. -Exclamó mientras se apeaba del caballo y se acercó a abrazarme. -Primera vez que te veo, bienvenido.
-Igualmente, abuelo. -Exclamé abrazándole con cierto recelo.
-Sube al burro, que hay camino largo hasta la casa.
-¿Al burro? Nunca he montado.
-Al paso se aprende, hijo. Sube. -Acercó el burro hacia la banca donde estaba sentado hace rato. -Sube, por si no sabes, por lluki.
Se refería a que me subiera por el lado izquierdo, lo hice, puse mi mochila en mi espalda y el abuelo se cargó la que contenía las compras. Acto seguido, tras un movimiento de las riendas del caballo, empezó a andar y haló el burro, solo me dio una indicación, no te sueltes de la crin del animal. Mientras andábamos, la gente nos miraba, empecé a creer que esto era algo vergonzoso y fue así hasta que terminamos todo el camino de adoquín y empezamos el camino de tierra que poco a poco nos fue conduciendo al páramo, entre las miradas y los paisajes, llegamos a la casa de mi abuelo, una casita de adobe y tejas perdida en el páramo.