Mis vacaciones con Tayta Perseo.

Rama de gallos

Pues bien, te explicaré el asunto en el que me encuentro ahora. Esta mañana mientras conversaba con Julia, en ese instante comíamos el muy aclamado almuerzo de albañíl, pan con coca cola. Mientras yo me atiborraba con casi medio pan, mi abuelo y don Tomás Cahuasquí, llegaron con una lista y repasando creo que los gastos que habían hecho para la cercana fiesta de rama de gallos, creo que decían que la cantidad de voladores era muy baja, aunque para mi gusto estaría bien que no los hubieran, esas vainas hacen una bulla el rato que revientan. Cuando eso sucede, me da ganas que los fabricantes de dichos artificios se los insertaran por donde más les quepan.

Julia tenía su pan en la boca y lo masticaba hinchando mucho los cachetes, casi como una ardilla, en eso, mi abuelo se nos acercó y nos puso su cara seria que en realidad no era tan seria, más bien era como si viera una cosa chistosa y tratase de que no se le escapara la risa.

-Ve Tomás, bonitos los guambras. -Dijo mientras nos veía con sus ojos zarcos. -¿Disfrutan su ratico de descanso?

-Guambras tragones, pudiendo ver si hay algo que hacer, mejores están tragando.

-Acabamos y nos toca ir a cocinar. -Respondió Julia después de haberse comido medio pan.

-Simón, además por algo es vacaciones. -Respondí dando un sorbo.

-Vacaciones, vacaciones. -Respondió mi abuelo. -Ya, ya. Solo se acaban el pan y se van en busca de algo que hacer, sino les mando nomás al trapiche. -Esto último lo dijo antes de irse.

Después de eso, Julia y Yo comimos el pan un poco más apresurados, aunque no con el apuro suficente, ya que llegamos a la cocina unos pocos minutos después de que Doña Zoila haya decidido empezar a cocinar. Nos miró medio feo y después nos envió a poner la enorme olla de mote sobre la tullpa, te juro que en mi vida he cargado semejante peso, y lo peor es que me pongo a pensar en que todas las cocineras son mujeres y encima de eso son capaces de levantar este peso entre dos de ellas, mis respetos.

-Marcos, ¿Qué tal va la historia? -Preguntó Julia mientras alimentaba el fogón. Para que los granos de maíz se terminacen de cocinar.

-Creo que va bien, uno de estos días ya le hago leer el segundo capítulo.

-Buenazo, si sigue así, tal vez de grande se haga escritor.

-No lo sé, aún tengo 14 años, no creo que sea de importancia el elegir carrera muy pronto.

-Es bueno saber en que se es bueno aunque no se sepa que se va a estudiar en futuro. -Puso su mano en el pecho. -Yo por ejemplo quiero ser abogada.

-Vaya, suena bien. ¿Le gustan las leyes? -Respondí mientras me imaginaba a Julia como la Doctora Polo de Caso cerrado.

-No es eso, solo que quiero ser la primera en mi familia en estudiar en la U.

En ese instante me quedé con la boca abierta, una chica de mi edad tenía grandes ambiciones, mientras que yo me la pasaba metiendome en problemas y leyendo libros juveniles. Lo peor, es que yo tengo muchas oportunidades para estudiar, mientras que las de Julia son medianas, la razón es que mi colegio tiene vias directas a las universidades, mientras que el de Julia apenas y puede dar becas.

Mientras veíamos bullirse la comida, se me venían muchas cosas a la mente, a veces ni siquiera sabía qué responder y solo decía sí o no. Seguía yo razonando sobre lo que acontecía, sobre si en verdad el pelearme me traería cosas buenas a futuro; me cuestioné profundamente si las reprimendas de mis padres por mi muy concurrente desobediencia me han hecho ver la realidad de distinta manera. Te he mentado que poseo hermanos, dos mellizos de 8 años a los cuales admito que he tratado mal y de vez en cuando he hecho llorar.

Hablando de mis hermanos y cuanto tengo problemas con ellos, en este tiempo que he estado aquí que creo que no pasa de dos o tres semanas, mis observadores ojos han advertido de la buena relación que tiene Julia con sus hermanitos, que más o menos tienen la misma edad de los míos. Primero, una aclaración, mis hermanos son unos diablillos, los de Julia son unos panes de Dios: No hacen bulla y la obedecen, mis hermanos son todo lo contrario a ello. Solo hay una cosa que creo que hace la diferencia aquí, Julia trata bien y ama a sus hermanos, yo por mi parte me suelo comportar como un gamonal con los chiquillos (mis hermanos).

Mientras ayudaba de mesero, todos en el comedor me lanzaban cierta clase de comentarios de tono picarezco. Creo yo que a manera de chiste, no tengo problema de ello, a mí me hace gracia. Mi mamá una vez me dijo que cuando uno se ríe de sí mismo evita entrar en temas psicológicos y depresivos, porque así uno ya sabe cuando los comentarios son de buen gusto o todo lo contrario. Cuando todas las mesas estuvieron servidas, mi abuelo se puso de pie para dar un anunciamiento. -Buenas tardes con todos, antes de que empiecen a comer. Les aviso que este domingo como día libre que ha concedido el patrón, se realizará la entrega de las ramas de gallos, se espera que todas las familias de los sectores aledaños se sumen a esta tradición como se lo ha venido haciendo desde antes. Muchas gracias. -En ese instante quedé sorprendido ya que mi abuelo había dicho todo eso casi sin pausas para el aire, además de que todo el comedor estalló en vitores por la fiesta venidera.

Tradiciones. Vaya, qué sería de los pueblos sin ellas, mi abuelo me contó que hoy en día ya no existen muchas de las qué se practicaban cuando él ostentaba mi edad. Dice que la gente ha empezado a olvidarlas porque ya no queda nadie que las enseñe ni nadie que las aprenda por voluntad propia. Y no solo con las tradiciones visuales o plásticas, pasa lo mismo con las tradiciones orales como el habla o las historias que se cuentan. Soy consciente que a veces no entiendo lo que me dice mi abuelo como cuando me dijo "Darás chapando el caballo" Yo sin saber que quería decirme lo amarré en un poste de la cerca. Llegado al caso, lo que me ha querido decir es que simplemente viera que el caballo no se fuera.




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