Miserables entre alas

Capítulo 6

El sol se filtraba por la ventana de la cocina, tiñendo el aire con un tono dorado. La casa de Liam, aunque pequeña, tenía una calidez sencilla: el aroma a pan tostado y café recién hecho llenaba el espacio.

Kahiry se sentó aún medio adormecida, con el cabello desordenado y Toffe en su regazo. Observó cómo Liam, concentrado, removía algo en la sartén.

-¿Siempre te levantas tan temprano? -preguntó ella con voz suave.

-Depende del hambre -respondió él-Te preparé algo no es un banquete, pero al menos es comestible.

Kahiry sonrió.
-Un desayuno terrenal no suena mal.

Toffe, que había estado olfateando el aire con insistencia, se acercó a su propio plato. Liam se aclaró la garganta con cierta incomodidad.
-Le compré algo también... aunque no estoy seguro de que sea lo correcto.

El mapache se asomó y vio un pequeño cuenco con croquetas de perro. Kahiry soltó una risa ligera, sincera.
-Croquetas de perro... vaya comida para un espíritu guardián.

-Era eso o galletas de vainilla -se defendió Liam, levantando las manos- Pensé que esto tenía más... proteína.

Kahiry lo miró con una mezcla de ternura y diversión.
-El gesto cuenta -dijo, inclinándose un poco-Toffe lo agradece, aunque no lo parezca.

El mapache emitió un chillido breve antes de probar una croqueta, hizo un gesto de asco y Liam no pudo evitar reír.

Kahiry observó el lugar con más atención mientras tomaba asiento en la pequeña mesa. Había algo en aquella casa que le resultaba... familiar. No por el espacio, sino por la energía, como si el silencio guardara historias que nadie contaba.
-Liam -dijo tras unos segundos- ¿De quién era la habitación donde dormí?

Él levantó la vista desde la cocina, donde terminaba de preparar los sánduches. Se notó un leve titubeo antes de responder.
-De mi hermana menor -contestó simplemente, sin añadir nada más.

Kahiry asintió en silencio. No insistió, percibió en su tono algo que no debía remover. Liam dejó el plato frente a ella: un sánduche de huevo y una taza de café humeante.
-Gracias -dijo ella con una sonrisa suave.

-No es nada -respondió él mientras se sentaba al frente, mordiendo lo que preparo.

Toffe, que había terminado de inspeccionar cada rincón de la cocina, volvió a trepar por la silla de Kahiry. Liam lo señaló con la barbilla.
-¿Y qué se supone que come el mini monstruo? -preguntó.

Kahiry se rió.
-No es un monstruo, es un mapache. Comen frutas, verduras, huevos, y si los dejas, hasta galletas -explicó mientras acariciaba la cabeza de Toffe-Aunque Toffe no es exactamente como los demás.

-¿No? -Liam la miró con curiosidad.

-No. Al ser un ser celestial, su cuerpo no funciona igual que el de los animales comunes -dijo con serenidad-Puede comer lo que se le antoje, y nunca le hará daño.

Liam la observó por un momento, entre incrédulo y divertido.
-Genial. Un mapache con estómago de acero. Perfecto para mi cocina.

Kahiry soltó una risa.
-Te acostumbrarás -respondió con calma.

Después de unos minutos de conversación tranquila y risas, Liam se levantó, dejando su taza vacía en el fregadero.
-Bueno, tengo que ir al taller -dijo mientras se ajustaba la chaqueta-Todavía tengo que arreglar el motor de un carro y el cliente lo quiere listo mañana.

Kahiry lo observó mientras acariciaba distraídamente a Toffe, que devoraba su pedazo de pan.
-¿Puedo ayudarte? -preguntó con genuina curiosidad.

Liam levantó la mirada, sorprendido.
-¿Tú? No creo que sepas mucho de motores.

Ella sonrió, tranquila.
-Puedo aprender.

-Está bien, pero Toffe no entra al taller -dijo, señalando al mapache.

-Lo entiendo -respondió Kahiry con serenidad-Puede ser un poco travieso a veces, pero lo vigilaré.

Mientras él se dirigía hacia la puerta, Kahiry cerró los ojos un instante. Un brillo dorado recorrió su piel como un destello fugaz, apenas perceptible. Sintió cómo su mente se llenaba de información nueva: nombres de piezas, funciones, herramientas, el orden exacto en que debía ensamblarse un motor.

Cuando abrió los ojos, parpadeó, sorprendida por la claridad con la que ahora entendía todo aquello.

Siguió a Liam hasta el taller.
El aire olía a aceite y metal caliente, una radio vieja que sonaba de fondo.
Kahiry se agachó junto a Liam, observando con atención cada pieza del motor. Con un leve movimiento de los dedos, hizo que una pequeña chispa azulada recorriera el aire y de pronto comenzó a hablar con seguridad, como si hubiera pasado años trabajando en autos.
-Deberías ajustar el tensor antes de poner la correa -dijo con total naturalidad.

Liam la miró, sorprendido.
-¿Desde cuándo sabes de motores?

-Desde hace diez segundos -respondió con una sonrisa, moviendo la mano como si fuera obvio.

Liam soltó una risa breve.
-Eso es trampa.

Ella lo pensó un instante y luego suspiró en señal de rendición.
-Tienes razón, no debería abusar de mi magia, pero quiero ayudarte de verdad.

-Puedes ayudarme -dijo él -Solo asegúrate de que ese ladrón no se lleve ninguna tuerca ni meta las patas donde no debe.

Kahiry giró la cabeza. Toffe estaba intentando escalar una caja de herramientas con total descaro.

-Está bien -dijo entre risas- Prometo vigilarlo. Pero igual quiero aprender.

Liam la miró de reojo, con una sonrisa más sincera esta vez.
-Entonces quédate cerca, te enseñaré lo básico.

Kahiry asintió con entusiasmo y se inclinó sobre el motor, observando todo con verdadera curiosidad, mientras Toffe, refunfuñando, era escoltado fuera del taller con una mirada severa de su dueña.

Horas después, el auto se detuvo frente a la mansión justo cuando el cielo se teñía de tonos rosados y anaranjados. Zdena bajó con varias bolsas en las manos, estirando los brazos con alivio.
-Por fin -dijo soltando un suspiro-Ya me estaba empezando a doler la espalda.




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