Hay cosas que prometen ser tu escape cuando el mundo te asfixia.
Que convierten el vacío en euforia con solo un toque, una promesa.
Que se disfrazan de solución hasta que te das cuenta de que se han convertido en el problema.
Y para cuando quieres alejarte, ya no recuerdas quién eras antes de probarlas, ya no sabes cómo vivir sin ellas.
Kahiry acababa de comprender algo que la heló por dentro: hay bellezas de las que no puedes apartar la mirada, y lo más aterrador, es saber que ese sentimiento creciendo en tu pecho, es exactamente la trampa.
Frente a ella, la mujer pelinegra reía, se movía entre la gente como si cada paso fuera un hechizo, Kahiry no podía dejar de mirarla.
La copa temblaba entre sus dedos sin que ella se diera cuenta, su mente estaba tan ocupada en descifrar ese magnetismo enfermizo que ni siquiera escuchó cuando el lobo volvió a hablarle.
-Estás rara -dijo él, inclinándose para verla de perfil- desde que la reina entró, te desconectaste, si dije algo que te incomodó, dímelo. No soy bueno en esto, siempre hablo más de lo que debo pero si de verdad te molesté... no era mi intención.
Su voz se apagó un poco, como si genuinamente temiera haber cruzado una línea.
Kahiry parpadeó, saliendo de su trance,forzó una sonrisa suave intentando disimular la tensión que aún sentía.
-No pasó nada -dijo, bajando la mirada a la copa- Solo... me distraje.
El lobo la observó un momento se acomodó la máscara y murmuró:
-De todas formas, actúas diferente desde que ella llegó.
Kahiry se mordió el labio para no responder nada, como si la sola idea de reconocerlo en voz alta fuera demasiado vergonzosa, mientras tanto, en la otra esquina del salón, Zdena conversaba con el oso, su voz firme aunque su mirada seguía atenta al ambiente.
-Cada vez que ella viene... todo se vuelve tenso, aunque este año está extrañamente animada, el año pasado vino solo tres veces, y siempre estaba molesta y de mal humor, esta noche parece otra persona.
-¿En serio? -Zdena arqueó una ceja, guardando la información, había demasiadas coincidencias, y ninguna le gustaba.
De vuelta con Kahiry, el lobo dio un sorbo a su vino antes de decir algo que la hizo detener la respiración.
-Tal vez sea buena señal que esté tan animada hoy -Hizo girar el líquido en la copa- Normalmente, cuando viene... desaparecen tres personas.
Kahiry lo miró lentamente, intentando procesar.
-¿Tres?
-Sí, siempre tres. -Su voz bajó, casi un susurro-ella las escoge, las invita a su suite privada y no vuelven, algunos dicen que sus vidas cambian y por eso no regresan, otros piensan... lo peor.
La piel de Kahiry se erizó.
-¿Tienen algo en común las personas que escoge?
El lobo se quedó en silencio un segundo,luego apoyó la copa en la mesa más cercana.
-Mi amigo -empezó, y su tono se volvió más suave- Era un tigre dorado, muy bueno con los juegos de cartas, siempre gastaba mucho aquí, vivía al límite,como si todo fuera un reto.
Kahiry lo escuchó sin pestañear.
-Un día, la reina entró, él... le insistió tanto para que lo escogiera, que terminó accediendo, se lo llevó a la suite -respiró hondo- Pero nunca regresó,aunque me había prometido que lo haría.
Un silencio pesado se instaló entre ambos, por un momento, el lobo no dijo nada su voz cargaba tristeza, pero la escondió enseguida, enderezándose con una sonrisa y encogiéndose de hombros.
-De todas maneras, logró su objetivo -Soltó un suspiro con ligereza- Parece que eso le gusta a ella: la gente ambiciosa.
Ambiciosa.
La palabra quedó dando vueltas en la cabeza de Kahiry, junto con la imagen de la mujer mirándola, Kahiry volvió a mirar hacia la reina.
Las luciérnagas aún la rodeaban,la pelinegra reía suavemente, tocando la copa con la yema de los dedos, iluminada por las luces cálidas que apenas revelaban la curva de sus labios.
-No puedo creer... -murmuró Kahiry, casi para sí misma- que alguien tan encantadora pueda ser peligrosa y menos aún que sea la fundadora de este lugar.
El lobo la observó en silencio unos segundos antes de sonreír con malicia detrás de la máscara.
-Te atrae -dijo sin rodeos.
Kahiry se atragantó con el propio aire, se sonrojó de golpe y para no responder, se tomó todo el vino de un solo trago, el lobo soltó una carcajada que intentó ocultar llevándose la mano a la boca.
-Lo tomaré como un "sí" -comentó divertido- Y por cómo te miró... diría que ella también está atraída por ti.
-¿¡Qué!? -Kahiry se giró bruscamente hacia él, con las mejillas aún más rojas-.¿Crees... eso?
Él asintió, muy seguro de sí.
-Por supuesto, nadie miraría así a cualquiera.
Kahiry hundió el rostro un momento, una mezcla de vergüenza, nervios y algo que no sabía definir.
-No le digas esto a nadie -pidió casi en un susurro.
-Ni siquiera a la otra grulla -respondió él, divertido.
-No -Kahiry se cruzó de brazos- es mi hermana, pero no sé cómo se tome esta situación,además... tenemos una misión que cumplir.
El lobo inclinó la cabeza, intrigado.
-¿Necesitan ayuda?
-Gracias... pero es algo de familia -respondió, midiendo sus palabras.
Él soltó un suspiro teatral y extendió los brazos.
-Igual estoy aburrido, siempre lo mismo... siempre la misma rutina, ya ni sé si tengo un propósito aquí, así que, si necesitas ayuda, estaré ahí. Además, has sido la única que aguanta mi sarcasmo sin querer golpearme.
Kahiry no pudo evitar reírse un poco.
El lobo, animado, cambió de tema señalando hacia Zdena.
-¿Y ella? ¿Conoce al oso con el que está hablando?
-Creo que no-respondió Kahiry-.
-Qué desperdicio -se lamentó él- Siempre quise acercarme a ese sujeto, pero es muy serio,parece imposible hablarle.
Kahiry le dio un empujón suave con el hombro.
-Pues ahora tienes una excusa.
Y sin darle tiempo a protestar, lo tomó de la mano y lo jaló hacia donde estaba Zdena.
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Editado: 22.01.2026