La oficina estaba en silencio, la madera oscura absorbía la luz tenue de las lámparas, y el olor a libros antiguos era casi reconfortante, desde el gran ventanal arqueado solo se veía el patio interior: vegetación espesa, hojas húmedas, todo formaba un refugio que esa noche, no servía de nada.
El silencio no la calmaba, al contrario, hacía que los recuerdos hablaran más fuerte.
Pensaba en el Edén y por primera vez... lo hacía con vergüenza.
El Edén no era solo una creación, no solo un territorio bajo su poder, era una extensión de su esencia, cada regla, cada máscara, cada exceso existía porque ella lo había permitido, porque lo había moldeado así.
Y, sin embargo, aquella noche...
Había sentido angustia antes incluso de llegar, una presión extraña en el pecho, una incomodidad que no supo nombrar.
Fue cuando la vio, la chica estaba al borde del colapso, la respiración desordenada, los ojos llenos de rechazo, de asco, a pesar de haber visto esa expresión varias veces dirigida al Edén, esta vez le dolió.
Por primera vez, Satana se sintió avergonzada de que ese lugar le perteneciera.
Observó desde lejos, mientras la rubia intentaba sostenerse en pie, y entonces apareció la otra mujer.
La tomó con cuidado, le habló en voz baja sosteniendo su mano, como si supiera qué palabras podían traerla de vuelta.
Demasiada cercanía, la forma en que se inclinaba hacia ella, no era el gesto de una amiga cualquiera.
Fue entonces cuando algo se quebró.
Sentimientos antiguos, enterrados bajo capas de poder y control, regresaron con una fuerza inesperada, celos, deseo, una punzada amarga en el pecho que no supo manejar.
No sabía si realmente era ella, la mujer que había buscado durante tanto tiempo.
Pero sí sabía que verla así, siendo consolada por otra, le había dolido más de lo que estaba dispuesta a admitir.
-Satana -la voz de Vivyan rompió el silencio sin previo aviso- Uno de tus perros vino a verte.
Su mirada seguía fija en el reflejo del vidrio, Vivyan frunció el ceño -Oye -alzando la voz- ¡Oye!, alguien vino a verte.
Satana parpadeó, regresando al presente, giró apenas el rostro hacia ella, el gesto serio y controlado.
-¿Qué pasó? -preguntó, con tono neutro.
Vivyan suspiró molesta -Uno de tus hombres vino a buscarte, dice que es urgente.
Satana dejó la copa sobre el escritorio. -Hazlo pasar -ordenó- Y la próxima vez, toca la puerta antes de entrar.
Vivyan rodó los ojos -Como diga, su Majestad.
Se dio media vuelta y salió, dejando la puerta abierta, momentos después, un hombre vestido de negro, postura rígida ingreso, con cierto aire de preocupación.
-Mi reina... ocurrió un incidente.
Satana apoyó un brazo en el escritorio, despreocupada -Resuélvelo.
-Lo intentamos... Pero nuestros hombres están inmóviles, dos mujeres irrumpieron en el salón principal, una de ellas no llevaba máscara.
Eso captó su atención.
-¿Su nombre? -preguntó, sin cambiar el tono.
-Zdena.
El mundo se detuvo, tomó la tablet que el hombre sostenía y miró la imagen de las cámaras.
Ahí estaba, Zdena, de pie y sin máscara.
La calma se rompió.
-¿Están jugando conmigo? -su voz fue baja y peligrosa -Inútiles.
Golpeó el escritorio -Se suponía que ella debía estar muerta,
el hombre retrocedió -Mi reina... hay otra mujer con ella, rubia, lleva una máscara de grulla.
Satana apretó los dientes, mientras todo encajaba, esa noche, la mujer también llevaba esa máscara, todo este tiempo había estado junto a esa mujer.
-Vete -ordenó.
Cuando quedó sola, Satana se puso de pie lentamente, respiró hondo, obligándose a recomponerse, tomó su abrigo y se acercó al teléfono.
-Prepara el coche -dijo - Vamos al Edén.
Frente al espejo, su expresión volvió a ser implacable, y fría.
Minutos después del caos, el ascensor avanzaba de manera suave, demasiado suave para el peso que cargaba el ambiente.
Kahiry permanecía junto a Zdena, mientras miraba a la reina de reojo.
Su postura era elegante, relajada, como si nada de lo ocurrido minutos antes mereciera verdadera atención, Kahiry no pudo evitar pensarlo:
¿Cómo alguien tan hermosa había creado un lugar tan horrible?
La idea la incomodó... y la culpa llegó de inmediato, porque, a pesar de todo lo que había visto,una atracción silenciosa y peligrosa seguía creciendo cada vez más.
Sintió la mirada de la reina sobre ella, Kahiry la sostuvo apenas un segundo... y luego apartó la vista.
Cuando volvió a mirar al frente, reparo en que la reina estaba sonriendo, y Zdena también lo notó, se aclaró la garganta, un sonido seco que rompió la tensión entre ambas, la reina giró el rostro hacia ella, molesta, como si hubiera sido interrumpida en algo privado.
Las puertas del ascensor se abrieron, el salón privado era distinto a lo que Kahiry había imaginado, no había caos, de hecho, era un espacio ordenado, silencioso, incluso acogedor.
-Adelante -dijo la Reina, con voz suave, extendiendo una mano- Están en su casa.
Ambas avanzaron con cautela.
Una vez dentro, la Reina cerró la puerta y se giró hacia ellas, apoyándose con calma contra la mesa central.
Su mirada se posó en Zdena.
-Bien -dijo- Ahora dime...
¿Qué es exactamente lo que quieren?
Antes de que Zdena pudiera responder, la reina levantó una mano con calma.
-Antes de que continúes -dijo, con una sonrisa controlada- te agradecería que liberes a mis hombres.

El aire se tensó de inmediato.
Kahiry giró hacia Zdena con los ojos encendidos por la sorpresa y la rabia contenida.
-¡Zdena! -exclamó-¿Qué hiciste?
Zdena cerró los ojos un segundo, luego suspiró.
-No quería que se interpusieran en nuestro camino.
Kahiry dio un paso hacia ella, indignada.
-Sabes que eso no se hace -dijo, apretando los puños- Son humanos.
Zdena abrió los ojos y la miró... pero no respondió de inmediato, giró el rostro hacia la reina.
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Editado: 10.02.2026