Afuera del Edén, la noche parecía más oscura fuera del salón rojo, las farolas del parque parpadeaban como si también estuvieran exhaustas. Ninguno hablaba, sólo caminaban en silencio, con las máscaras aún puestas.
Se sentaron en una banca de hierro fría y húmeda, Mateo fue el primero en romper el silencio.
-Y ahora qué... ¿podemos... quitarnos las máscaras?
Su voz sonó ligeramente burlona, pero había una tensión evidente detrás de sus palabras.
Zdena miró alrededor con cautela antes de responder.
-Primero vamos a un lugar seguro.
Kahiry respiró hondo.
-Cierto... es lo mejor.
Su mirada vagaba entre las sombras del parque, como si temiera que alguien pudiera aparecer en cualquier momento entre los árboles.
El grupo volvió a sumirse en el silencio,
Mateo soltó una risa corta, seca y casi nerviosa.
-O sea... no es como si no supiera nuestras identidades, esa bruja claramente sabe todo.
Liam levantó la vista de inmediato.
-Ella no es la única que no debería saber, hay criminales peligrosos... y una de las mafias más grandes del país, esto no solo se trata de ella.
Zane asintió lentamente, cruzándose de brazos.
-Tiene razón, si creen que por entrar y salir del salón rojo tenemos una relación importante con la reina... podrían desquitarse con nosotros.
El aire se volvió más pesado.
Mateo los miró uno por uno, entrecerrando los ojos con indignación.
-Bien... ahora resulta que estos dos se van a llevar y a mí me van a hacer a un lado.
Antes de que alguien pudiera responder, Zane habló.
-Vamos al auto, iremos a mi casa, es el lugar más seguro que tenemos ahora.
Mateo lo miró de arriba abajo, ladeando la cabeza con una sonrisa coqueta.
-Si estás loco por mí, solo dilo, además... primero deberías invitarme a un café, ¿no?
Zane se giró bruscamente hacia él, visiblemente irritado.
-¡Hablo de todos!, Todos deberían ir a mi casa porque es segura, además está llena de guardias, tengo todo calculado para que nadie nos siga.
Zdena observó la discusión con impasibilidad, pero por dentro sabía que esa pequeña discusión aliviaba la tensión que los estaba ahogando.
Finalmente, cortó el intercambio con su voz fría y decidida.
-Perfecto, entonces vamos a tu casa.
Mateo sonrió satisfecho, Liam miró hacia atrás una última vez, como si sintiera que el Edén aún los observaba, y empezaron a caminar hacia el auto.
Apenas cerraron las puertas, el aire cambió, uno por uno se quitaron las máscaras. Fue casi un gesto liberador, como si al fin pudieran respirar de verdad, pero aun así nadie habló. El interior del auto estaba cargado de un silencio incómodo y denso.
Zane conducía con la mandíbula tensa, los ojos fijos en la carretera, rígido como si cualquier distracción pudiera ponerlos en peligro. Mateo estaba a su lado en el asiento del copiloto, girando inquieto el anillo que llevaba en el dedo.
Atrás, Liam iba sentado en el medio, con Kahiry a su derecha y Zdena a su izquierda. Ninguno se movía demasiado. Kahiry miraba por la ventana, Zdena observaba el reflejo de las luces pasar por el vidrio su respiración estaba más agitada de lo normal. Liam mantenía la cabeza ligeramente baja, pensativo.
El silencio empezó a volverse insoportable, Mateo exhaló con fastidio y giró apenas hacia atrás, intentando sonreír.
-Bueno... ¿y si mejor, ponemos música?
Antes de que alguien pudiera responder, ya estaba prendiendo la radio, el auto se llenó de inmediato con una voz reconocible, Taylor Swift.
Mateo abrió los ojos de par en par y giró lentamente hacia Zane con la boca abierta.
-¿Es en serio? ¿Taylor Swift?
Zane ni siquiera lo miró.
-No es mío, el auto es... prestado.
Mateo dejó caer la sonrisa de golpe y volvió la mirada hacia la ventana con dramatismo.
-Ah... por un momento pensé que tenías buen gusto.
Hubo una pausa y luego añadió, sin mirarlo:
-De todas maneras, la voy a dejar, The fate of ophelia es una buena canción... es mi favorita, de hecho.
Zane lo miró de reojo, sorprendido... pero enseguida volvió a su expresión seria para no delatarse.
-Pon lo que quieras -murmuró- solo cállate.
Kahiry, sin poder evitarlo, comenzó a mover la cabeza al ritmo de la música, sus hombros se relajaron, Zdena la observó y sonrió muy levemente siguiéndole el juego con un pequeño balanceo, Kahiry se giró hacia ella con emoción.
-Es cierto... esta canción la he escuchado muchísimo últimamente en el centro comercial.
Zdena alzó una ceja, interesada.
-¿Ya fuiste a un centro comercial? Quería ir contigo por primera vez...
Kahiry apoyó suavemente su cabeza en el hombro de Liam antes de responder.
-Estamos a mano, tú fuiste con Eli... además Liam me llevó, desde ahí se nos hizo costumbre.
Liam tensó el cuerpo un segundo, pero no se apartó, Mateo los miró por el espejo retrovisor.
-Oigan... deberíamos ir todos juntos al centro comercial algún día, creo que sería divertido.
Luego giró hacia Zane con una ligera burla.
-Además... se nota que éste aburrido nunca sale.
Kahiry soltó una risa pequeña, Zdena dejó escapar un suspiro entre risas, Liam sonrió sin darse cuenta, incluso Zane dejó salir una risa baja y breve, negando con la cabeza.
-No digas tonterías.
Pero no lo negó.
Y por un instante, mientras las luces de la ciudad seguían pasando y la música llenaba el auto, dejaron de sentirse miserables. Pasaron unos minutos más entre comentarios y risas ligeras cuando, de pronto, Zane redujo la velocidad.
-Ya casi llegamos -dijo con calma.
Mateo seguía hablando, gesticulando con las manos, hasta que todos miraron al frente y entonces apareció, un enorme portón verde con detalles dorados, altos muros cubiertos por enredaderas perfectamente podadas y, detrás de ellos, una construcción inmensa iluminada con luces cálidas: columnas largas, ventanales altos y una fachada elegante que parecía salida de una película.
Mateo se quedó boquiabierto, levantó el brazo y señaló, girándose bruscamente hacia Zane.
-¡¿A ESTO le llamas casa?! ¡Es una mansión!
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Editado: 02.03.2026