Miserables entre alas

Capítulo 22

La copa de vino se balanceaba entre los dedos de Satana mientras observaba las luces desde el ventanal de su oficina, parpadeaban a lo lejos, pequeñas como luciérnagas atrapadas en un frasco.

Había pasado una hora desde que Kahiry había aceptado el trato y una hora desde que Zdena la había mirado como a una completa extraña.Satana dejó la copa sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria, el vino se derramó manchando la madera oscura pero no importaba,nada de eso importaba.

Lo único que importaba era que mañana, Kahiry volvería y esta vez, se quedaría junto a ella, pero antes de eso, antes de planear cualquier cosa, Satana necesitaba recordar, entender cómo había llegado hasta aquí.
Cerró los ojos y dejó que su memoria la arrastrara, siglos atrás, acababa de abrir su décimo bar, no era nada ostentoso, solo un lugar con luces tenues, alcohol barato y mesas de póker que siempre terminaban en deudas. Funcionaba perfectamente, los humanos entraban buscando olvidar sus problemas y salían con muchos más.

Era simple, pero satisfactoriamente efectivo, y lo mejor de todo, el cielo no podía intervenir, los ángeles no podían hacer nada las reglas no los dejaban, las mismas que ellos habían impuesto. No podían interferir directamente. Solo observaban desde arriba, impotentes, mientras Satana tejía su red.

Ella disfrutaba eso, no el sufrimiento en sí, sino la distracción. Cada contrato firmado, cada alma perdida, cada negocio exitoso la alejaba un poco más de su propio dolor.
De lo que había perdido, así pasaron décadas, siglos, se volvió cada vez más poderosa y temida, a pesar de no estar en el cielo era el ángel más poderoso, y entonces, un día, todo cambió, Satana llegó temprano al bar del norte había invertido meses en ese lugar, ubicación perfecta, clientela desesperada, todo calculado.

Pero cuando empujó la puerta, algo estaba mal. No había esa pesadez que siempre acompañaba sus lugares. Ese peso invisible que hacía que la gente quisiera quedarse, beber un trago más, apostar una vez más.
Frunció el ceño y extendió su poder per algo lo bloqueaba, salió del lugar y levanto la mirada, ahí estaba. Un escudo invisible rodeaba el edificio entero. Pero los ángeles no hacían eso, no podía... ¿O sí?
En las siguientes semanas, tres bares más cerraron, luego cinco, luego diez, todos con el mismo escudo, ya a nadie le llamaba la atención. Y no solo eso, los demonios menores empezaron a desaparecer.

Eran arrastrados.

Satana lo vio la primera vez, un jalón violento, como si algo lo hubiera arrancado y lo hubiera tragado entero. En menos de un mes, la mayoría de los demonios que alguna vez caminaron libres estaban encerrados en un lugar nuevo.
Un lugar creado específicamente para eso, solo los más poderosos resistieron. Los siete pecados capitales. Aquellos cuya esencia estaba tan entrelazada con la tierra que arrancarlos sería como arrancar un pedazo del mismo mundo.

Tuvo que investigar, hasta el punto de aliarse con un ángel, fue cuando finalmente, obtuvo un nombre. Zdena, un ángel guerrero, recién llegada al cielo. Era ella quien había creado los escudos, quien había descubierto cómo expulsar demonios, como crear el infierno.

Satana apretó los dientes, en cuestión de semanas, se estaba desmoronando lo que le había tomado siglos construir, y todo por culpa de un solo ángel. La primera vez que la vio fue desde una azotea,Zdena estaba frente a otro de sus bares, con las alas desplegadas. Dos ángeles más jóvenes estaban a su lado: una chica rubia y un chico de cabello castaño.

Zdena les hablaba con firmeza, señalando el edificio, luego levantó la mano, formando un escudo al instante, Satana sintió cómo su conexión con el lugar se cortaba de golpe. Como su poder disminuía.
Apretó los puños hasta que las uñas se le clavaron en las palmas lo que sentía, era odio puro, porque Zdena no actuaba como los demás ángeles. No dudaba, simplemente destruía, y lo peor, no lo hacía con rabia. No había venganza ni odio en su rostro solo determinación.

Eso la hacía más peligrosa, porque Satana entendía el odio, entendía la venganza, pero esa convicción ciega... esa no sabía cómo combatirla.
Nadie sabía por qué era tan fuerte y nadie entendía por qué se esforzaba tanto, no era solo deber sino obsesión. Satana odiaba no entenderlo, odiaba que alguien pudiera destruir todo lo que ella había construido.
Pasaron los años.

Satana aprendió a evitarla y a moverse por las sombras, reconstruyendo su imperio en lugares donde Zdena no miraba, una noche por fin encontró su debilidad gracias al mismo ángel que le había otorgado toda la información anterior, hizo que baje la guardia y sin pensarlo dos veces por fin se deshizo de ella y por primera vez en décadas, sintió alivio.
Y odió sentirlo, porque significaba que Zdena había ganado, que incluso muerta, seguía ocupando espacio en su mente.

Satana abrió los ojos.
La oficina estaba en silencio, el vino se había calentado en la copa,afuera, la ciudad seguía brillando, ajena a todo, apretó los dedos contra el borde del escritorio.

-¿Cómo se atrevió? -murmuró, la voz cargada de veneno.
¿Cómo se atrevía Zdena a entrar a su territorio después de tantos años, como si nada? ¿A decir que el Edén ahora tenía una "nueva reina"?

El Edén no era solo un lugar, era lo que Satana había reconstruido con las cenizas de todo lo que Zdena había destruido. Era su prueba de que, incluso después de perderlo todo, podía levantarse.

Satana exhaló despacio, obligando a calmarse, al menos había sacado algo bueno de todo esto, volvería a ver a Kahiry, y no solo eso: la tendría una semana entera para aclarar algunas dudas que aún tenía, porque no creía que ella fuera hermana de Zdena ,no podía serlo, porque eso significaría que...

Antes de que pudiera terminar el pensamiento, la puerta se abrió, una de las hienas entró con paso apresurado, inclinando la cabeza.




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