Miserables entre alas

Capítulo 23

El comedor de la mansión de Zane era inmenso, una mesa larga de madera, pulida hasta brillar, sillas tapizadas en terciopelo color vino, candelabros de cristal que colgaban del techo como cascadas. Las paredes estaban enmarcadas en dorado y el piso oscuro reflejaba la luz fría de las lámparas, Mateo no dejaba de mirar alrededor con la boca abierta.
—Esto es... —empezó, girando la cabeza hacia una cabeza de toro disecada— .... tenebroso.

Zane, sentado en la cabecera de la mesa, apenas levantó la vista de su plato.
—Es una casa normal.

Mateo lo miró como si acabara de decir la cosa más ridícula del mundo.
—Zane, es un animalito disecado.

Liam soltó una risa corta, mientras cortaba su comida con cuidado. Zdena estaba al otro lado de la mesa, empujando la comida de un lado a otro con el tenedor sin probarla.

Kahiry la observó en silencio, había algo diferente en ella, demasiada tensión, el chef había preparado un festín: cortes de carne perfectamente cocidos, vegetales asados con hierbas, pan casero recién horneado junto a una sopa cremosa de entrada. Todo servido en platos de porcelana blanca con bordes dorados.

Pero nadie parecía tener mucho apetito, Mateo lo notó e intentó aligerar el ambiente.
—¿Saben? Si sobrevivimos a todo esto, deberíamos volver aquí para celebrar. —Señaló con el tenedor— Con música, bebidas... tal vez sin el estrés de que un demonio quiera matarnos.

Zane lo miró de reojo.
—Nadie dijo que quisiera matarnos.

—Aún —agregó Mateo, llevándose un bocado a la boca.

Kahiry dejó el tenedor sobre el plato con un leve clic.
—Disculpen —dijo suavemente, mirando a Zdena— ¿Podemos hablar un momento?

Zdena levantó la vista, sorprendida apenas, luego asintió.
—Sí, claro.

Ambas se pusieron de pie, los demás las observaron irse sin decir nada, el baño estaba al final del pasillo, igual de lujoso que el resto de la casa, Kahiry cerró la puerta detrás de ellas y se apoyó contra el lavabo, cruzándose de brazos.
—¿Qué te pasa? —preguntó directamente.

Zdena parpadeó.
—¿Qué?

—Últimamente ya no eres tan bromista —continuó Kahiry, ladeando la cabeza— Ni sarcástica, ni con ese humor que siempre tienes, estás... diferente.

Zdena abrió la boca para responder, pero Kahiry la interrumpió antes de que pudiera empezar con alguna excusa.
—Y no me digas que estoy exagerando.

Zdena cerró la boca,luego exhaló, pasándose una mano por el cabello.
—Ya no es el momento —dijo finalmente, con voz más dura de lo que pretendía— Debo empezar a ser más seria, estamos en un momento crítico, Kahiry.

Apretó los puños a los costados.
—Y créeme... me duele saber que vas a estar con esa mujer por tanto tiempo —su voz se quebró apenas— Y no estaré ahí para protegerte.

Cada palabra salía más tensa y nerviosa, Kahiry dio un paso hacia ella y la abrazó.
Zdena se quedó rígida por un segundo, luego se dejó caer contra su hermana, rodeándola con los brazos.

—Lo estamos haciendo bien —dijo Kahiry suavemente, acariciándole la espalda— Ambas ya logramos liberarlo de algo que lo mantenía atado de por vida.

Zdena respiró hondo, tratando de calmarse, el nudo en su garganta se aflojó apenas.
—Lo sé —murmuró contra su hombro, se separó un poco, pero no la soltó del todo.

—Pero aun así... no confío en el trato de esa mujer, algo trama.

Kahiry se apartó apenas, lo suficiente para mirarla a los ojos.
—Lo sé —respondió con calma— por eso mismo quiero averiguarlo.

Zdena frunció el ceño.
—Kahiry...

—No soy una niña —interrumpió, firme, pero sin dureza— Sé cuidarme sola, sé tomar decisiones, y sé que tú siempre me apoyarás, sin importar qué.

Zdena la observó un largo rato.
Luego, lentamente, puso una sonrisa pequeña, pero genuina en su rostro.
—Es cierto —admitió— No necesitas decirlo, sé que eres fuerte, por eso no me opuse a su oferta.
Hizo una pausa.
—Sabía que, aunque lo hiciera, tú la aceptarías de todas maneras.

Kahiry sonrió también, asintiendo.
—Exacto.

Zdena exhaló despacio, enderezándose un poco.
—Además... —agregó, con tono más serio— al parecer ella sabe muchas más cosas que nosotras.

Kahiry ladeó la cabeza.
Zdena negó con la cabeza.
—No lo sé … la forma en que me miró... y hablo —apretó los labios— como si realmente nos conociera.

Kahiry le tomó la mano.
—Lo averiguaré.

Zdena la miró fijamente.
—Ten cuidado —dijo en voz baja— Por favor.

—Lo tendré —respondió Kahiry, apretando su mano— te prometo.
Se quedaron así un momento más, en silencio.

Luego Zdena la jaló hacia otro abrazo, más fuerte esta vez.
—Si algo sale mal... —susurró— Llámame, no me importa romper el trato, no me importa nada, si te hace daño, voy por ti.
Kahiry cerró los ojos.
—Lo sé.

Cuando volvieron al comedor, Mateo seguía hablando, Zane estaba con el rostro apoyado en su mano, el codo sobre la mesa, con expresión de aburrimiento absoluto.
—...y sinceramente, esos cuadros tan crueles no ayudan —decía Mateo, gesticulando hacia las paredes— Podrías poner algo más moderno, más luminoso, esta casa se ve demasiado sombría.

Zdena y Kahiry se sentaron de nuevo en sus lugares.
—Ya volvimos —anunció Zdena, intentando sonar casual— ¿Se estaban divirtiendo?

Mateo la miró con una sonrisa amplia.
—¡Sí, claro!, le estaba diciendo todos los cambios que podría hacer con la decoración de la mansión, Esto parece un funeral.

Zane giró el rostro hacia Zdena, con tono completamente plano.
—Yo no tenía opción.

Mateo abrió la boca para continuar, pero Zane se puso de pie abruptamente, interrumpiéndolo.
—Bueno, ya que todos comimos, creo que es hora de mostrarles sus habitaciones.

Nadie se opuso, agradecieron con asentimientos leves, sabían que no podían regresar a sus casas, y mucho menos a estas horas.




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