Miserables entre alas

Capítulo 24

La mañana entró por las ventanas de la mansión con una luz tranquila, el grupo se reunió en la entrada principal casi sin hablar, todavía con ese cansancio pegado al cuerpo, Kahiry tenía una bolsa pequeña colgada al hombro. No había llevado mucho, tampoco sabía qué llevar a un lugar como ese.

Liam fue el primero en hablar.
—Déjame llevarte —dijo, directo, mirando a Kahiry— es lo menos que puedo hacer por

Zdena negó con la cabeza antes de que terminara la frase.
—Eso sería peligroso —respondió con calma, mostrando firmeza— No es buena idea.

Liam apretó la mandíbula, pero no discutió, Kahiry se acercó a él y lo abrazó sin decir nada primero, Liam tardó un segundo, en reaccionar y luego le devolvió el abrazo.
—No te preocupes —dijo ella, separándose apenas para mirarlo— Voy a mandar un mensaje diario al grupo de cómo están las cosas.

Liam parpadeó.
—¿Grupo?

Mateo apareció de la nada a su lado, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Yo lo creé —anunció con orgullo— Grupo de amigos, en caso de emergencia, muy bien organizado, si me lo preguntan.
Liam lo miró.
—¿Amigos?

Mateo no dudó ni un segundo, le pasó el brazo por los hombros con toda la confianza del mundo.
—Claro, eres parte del equipo ahora.

Liam no supo qué responder, entonces una mano apareció y retiró el brazo de Mateo de sus hombros con precisión quirúrgica.
Zane.
—Ya basta de tanta cursilería —dijo, ajustándose el saco.

Mateo se giró hacia él, sin perder la sonrisa.
—¿Qué ocurre?, ¿Nunca has tenido amigos?

Zane no respondió, Mateo lo miró fijamente, esperando.
Zane siguió sin responder ,Mateo asintió despacio.
—Pues ahora nos tienes a nosotros.

Zane parpadeó mostrando una sonrisa breve.
—Y como tu mejor amigo —continuó Mateo, señalando la mansión con un gesto amplio— voy a ayudarte hoy a decorar esta funeraria.

Zane miró la fachada un segundo.
—Bien… —dijo al fin— Pero nada ridículo, ni extremo.

—Trato hecho.

Liam soltó una risa corta, mirando la dinámica entre ambos, Zane lo notó y se giró hacia él aclarándose la garganta.
—Liam, si no tienes nada pendiente... ¿Te parecería quedarte en la mansión unos días?

Liam levantó las cejas, sorprendido.
—¿En serio?

—El taller puede esperar —dijo Zane, con su tono habitual— Y francamente, tener más personas aquí no vendría mal.

Liam pensó un momento, luego asintió.

—No me vendría mal unas semanas.

—Bien, entonces ya está dicho.

—¡Y seremos el equipo de rescate de Kahiry! —anunció Mateo, levantando el puño .

Luego giró hacia Zdena.
—¿Tú también te quedas?

Zdena negó con la cabeza, sonriendo apenas.
—Tengo un humano al que cuidar, pero gracias por la invitación.

Miró la mansión de reojo.
—Puede que venga a ver el resultado de la nueva fachada.

—Te va a encantar —prometió Mateo.

—Eso espero —respondió.
Zane ya había dado instrucciones al personal: un carro privado esperaba a cada uno para ir a recoger sus cosas o quedarse donde quisieran, antes de subir, uno por uno se acercó a Kahiry, Mateo fue primero, con un abrazo rápido pero sincero.

—Cuídate mucho, y si esa mujer te hace algo, avísanos enseguida que yo voy, aunque sea con una escoba.

Kahiry soltó una risa.
—Lo tendré en cuenta.

Zane se acercó más formal, con una leve inclinación de cabeza.
—Buena suerte —dijo simplemente.

Kahiry asintió.
—Gracias, Zane.

Liam fue el último.
Se quedó parado frente a ella un momento, luego la abrazó fuertemente.
—Cuídate —murmuró.

—Lo haré —respondió ella.

Se separaron. Kahiry lo miró con una sonrisa tranquila.

—Ah, y no te olvides de cuidar a Toffe.

Liam asintió de inmediato.
—No te preocupes.

Kahiry sonrió un poco más.
Zdena ya estaba junto al carro, esperando, Kahiry caminó hacia ella, subieron juntas y las puertas se cerraron, mientras el carro salía, desde la ventana, Kahiry los vio achicarse.

Mateo ya le estaba señalando algo a Zane en la mansión con entusiasmo, Zane lo miraba con paciencia y Liam… seguía en el mismo lugar, con las manos en los bolsillos, mirando el carro hasta que dobló la esquina.

Luego de un tiempo, el carro se detuvo frente al Edén, Kahiry miró por la ventana. Las calles estaban tan iluminadas que no parecía el lugar de siempre, casi vacío a esa hora, aunque el letrero dorado seguía brillando.

Zdena no se movió de inmediato.

—Bien —dijo, mirando al frente— Ya sabes, acabas con este contrato y me llamas para venirte a ver enseguida.

—Ya sé —respondió Kahiry.

—Cualquier cosa tienes el grupo.

—Lo sé.

Zdena giró hacia ella.
—Y por favor... sé que te lo dije varias veces, pero no está de más repetirlo, cuídate.

Kahiry la miró tratando de trasmitir tranquilidad.
—Hermana, lo sé, no te preocupes, será solo una semana.

Zdena se le quedó mirando un momento para luego soltar un suspiro largo.
—Sí... es cierto.

Bajaron del carro, Kahiry cargaba una maleta mediana, Zdena otra más grande a su lado, entraron al lugar en silencio, los pasos resonando todo estaba casi vacío a esa hora, Satana ya las esperaba junto al elevador.
Se acercó sin apuro.

—Por un momento pensé que se arrepentirían —dijo.

—Un ángel siempre cumple con su palabra —respondió Zdena, sin molestarse en disimular su molestia.

Satana no respondió a eso, su mirada bajó hacia la maleta de Kahiry, algo pesada, jalándole el hombro y sin decir nada, la tomó con cuidado.
—Te ayudo.

Luego giró hacia Zdena, que cargaba la maleta aún más grande con el ceño ligeramente fruncido, la miró de arriba a abajo.

—Tú... —hizo una pausa, con una sonrisa breve— puedes sola.

Zdena giró los ojos, cuando entraron al elevador el silencio entre las tres fue denso, pero nadie lo rompió, las puertas se cerraron y subieron, unos segundos después llegaron al salón rojo, Satana dejó la maleta de Kahiry junto a la puerta y se acomodó en uno de los sillones con la misma calma con la que las había recibido.




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