El silencio en el salón rojo era incómodo, Zdena se había ido y ahora solo quedaban ellas dos: Kahiry de pie junto a su maleta, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, y Satana sentada en el sillón, observándola con expresión serena.
Pero Kahiry no estaba tranquila, todavía le molestaba la forma en que había tratado a su hermana, Satana notó la tensión, por un momento, la forma en que Kahiry la miraba le recordó a alguien.
Su esposa.
Era inevitable no recordarla, estaba exactamente con la misma expresión de cuando ella se molestaba, ese ceño fruncido, sus labios, e incluso la forma de cruzar los brazos.
Sin querer, una risa pequeña se le escapó, Kahiry la escuchó de inmediato, era la primera vez que la oía reír así, sin sarcasmo, ni burla, esta vez genuinamente .
Se sorprendió, pero no suavizó su expresión.
—¿Te causa gracia tratar así a mi hermana?
Satana se enderezó, borrando la sonrisa, volviendo su rostro a su expresión habitual.
—No —respondió con calma— solo recordé algo.
Kahiry se le quedó mirando un momento, su rostro se suavizó apenas, sin perder del todo el enojo, Satana respiró hondo.
—Perdón —dijo— No me he presentado como es debido.
Hizo una pausa breve.
—Soy Satana, como podrás haber notado, aquí todos me tratan de "su majestad", pero debido a que eres invitada especial.
—Pensé que sería una empleada más —interrumpió Kahiry, molesta.
Satana parpadeó sorprendida por su repentina actitud, pero lo disimuló enseguida.
—¿Quieres ser mi empleada? —preguntó, arqueando una ceja— Eso es nuevo.
—Solo quiero cumplir con el contrato lo más rápido posible.
Las palabras cayeron como una bofetada para Satana, no pudo evitar sentirse herida, aunque su orgullo no dejaba admitirlo.
—Pues entonces, serás una empleada más. —dijo fríamente.
Aunque en el fondo esperaba que Kahiry se echara para atrás, que protestara, pero no lo hizo.
—Bien —respondió Kahiry sin dudar— ¿Dónde empiezo?
Satana la miró fijamente.
—Dirígete a mí como "tu reina" — ordenó fingiendo indiferencia — Ahora eres parte de la servidumbre.

Kahiry dudó un momento, no quería hacerla enojar más de lo necesario o peor aún, aumentar su deuda, así que asintió.
—Sí, su majestad.
Esas palabras golpearon el corazón de Satana como una bala, de inmediato, sus mejillas se ruborizaron mientras su corazón latía demasiado rápido, eso la tomo por sorpresa así que se quedó completamente inmóvil, por otro lado, Kahiry la miraba confundida.
—¿Ocurre algo, su majestad?
Satana no podía dejar que viera su vulnerabilidad tan fácilmente, hacía tiempo que no sentía algo así, evitó la mirada de Kahiry y se dirigió a su escritorio tomando un vaso de agua y bebiéndolo despacio, tratando de volver a estabilizarse.
En cuanto lo logró, volvió a mirarla.
—Se rompe el contrato —dijo con voz controlada— Hay mucho personal aquí , no te necesito.
Kahiry la miró sorprendida, con un toque de desesperación.
—No.
—Liam está salvado de la deuda, por eso no te preocupes .
Hubo un largo silencio, Kahiry pudo haber aceptado pero se negó , quería pasar tiempo con ella, no sabía porque pero lo haría .
—Ni siquiera he empezado, además no quiero las cosas gratis, soy de palabra.
Satana se quedó mirándola y por más que quería actuar fríamente, no podía, pensó durante un momento, para Kahiry, aquel silencio fue tenso.
—Bien... —dijo finalmente Satana— Te llevaré a mi mansión, estarás como una empleada más, luego veo cuáles serán tus tareas.
Kahiry asintió de inmediato.
—Sí, claro, no hay problema.
Satana llamó a algunas hienas para que se encargaran del equipaje y sin hacer esperar mucho tiempo, partieron hacia la mansión Lockwood. En el fondo, Satana deseaba que Kahiry aceptara la ruptura del contrato, sabía que no estaba bien volverse a sentir así y mucho menos quería verla trabajar en un lugar tan repugnante, hasta para ella.
Al principio no lo pensó, se dejó llevar por la emoción de tener una oportunidad, tal vez única de volver a pasar tiempo con su amada.
Pero ahora…, no sabía si había sido buena idea.
Mientras tanto, en la mansión de Eli, Zdena descansaba en el sofá, con Sálem acostada en sus piernas, miraba al techo, preguntándose cómo le estaría yendo a su hermana, su gatita ronroneaba suavemente, moviendo la cola de un lado a otro.
—Buenos días —dijo Eli mientras bajaba las escaleras.
Zdena salió de sus pensamientos y sonrió.
—Buenos días.
—Llegaste temprano.
—De hecho, ya es casi medio día.
Eli se detuvo en seco.
—Ups...
Zdena lo miró con expresión amenazante.
—Eli...
—Perdón, es que... anoche no pude dormir mucho y...
—¿Y?...
Eli se sonrojó, desviando la mirada.
—Hablé casi toda la noche con Liam, ya sabes... quería saber cómo se encontraba.
Zdena comenzó a reírse por la forma en que trataba de explicar la situación.
—Oye, no te burles.
—Ah…, perdón —dijo entre risas— Es que te ves tierno.
Eli alzó la frente orgullosamente, pero no pudo evitar contagiarse por su risa.
—Por cierto —dijo de pronto— tengo algo que seguramente te gustará.
Y antes de que Zdena pudiera preguntar, subió corriendo las escaleras, no se tardó mucho, bajó con la misma rapidez, sosteniendo un gran paquete.
—¿Qué es eso?
Eli lo puso frente a Zdena, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Ábrelo.
Zdena lo abrió despacio, dentro había un hermoso vestido color blanco, lo miró llena de emoción y a la vez sorprendida.
—Sabía que te gustaría —dijo Eli con orgullo— Lo usarás esta semana, serás mi acompañante.
Zdena levantó la vista hacia él, con los ojos brillantes.
—¿En serio?
Eli asintió.
—Obvio.
Zdena sonrió, sosteniendo el vestido con cuidado, por un momento olvidó lo que realmente significaba, la jaula ya tenía su fecha.
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Editado: 02.03.2026