Pasaron muchas cosas en esos dos días.
Apenas llegó Toffe, Kahiry le avisó a Liam para que no se preocupara, sorprendentemente, el mapache se llevaba bien con Satana, ella le dejaba tenerlo mientras limpiaba la oficina, a veces, incluso estaba echado en sus piernas.
Ese día, Kahiry recibió un vestido como regalo apenas se despertó. También empezó a llevarse con Inés, una de las empleadas, de hecho, se cayeron bien al instante. Era dulce, eficiente, y siempre tenía una sonrisa lista, aunque, últimamente Satana la evitaba. Mandaba sus comidas a su habitación. Kahiry solo limpiaba la oficina y luego se quedaba en su cuarto.
Pero esta mañana fue diferente, le pidió ponerse el vestido y bajar a desayunar con ella, mientras bajaba las escaleras, ahí estaba. Satana la esperaba al pie de la escalera, vestida con elegancia casual llevaba blusa oscura, pantalones de talle alto y el cabello suelto cayendo sobre sus hombros.
Levantó la vista cuando la vio.
-Buenos días -dijo con voz suave.
Hizo una pausa.
-Por cierto... te ves hermosa, no sabía que ese vestido te quedaría tan bien.
Le ofreció su mano.
Kahiry dudó apenas un segundo ante de aceptar, era cálida, firme. La guio hacia el comedor, esta vez desayunarían ambas.
Le extendió la silla delicadeza. Kahiry se sentó, luego Satana hizo lo mismo, tomando el asiento justo a su lado, estaban muy cerca. Los primeros minutos, ninguna de las dos habló, solo comieron.
Aunque, para ser honesta, Kahiry no podía comer con tanta tensión, parecía que ambas querían sacar algún tema para conversar, pero ninguna se atrevía.
Entonces, algo sonó en la cocina.
-¡Señorito Toffe, por favor bájese del mesón, se va a lastimar!
Un momento después, vieron al mapache salir con una galleta sostenida entre sus patitas, caminando con toda la confianza del mundo.
-¡Toffe! -exclamó Kahiry- ¿Qué te dije sobre no hacer travesuras?
Toffe siguió caminando, dedicándole una mueca molesta antes de desaparecer por el pasillo. Al ver esto, Satana sonrió, Kahiry se quedó mirándola.
* Se ve tan linda...*
-No te preocupes, Kahy -dijo con calma- Toffe es un invitado especial, el personal lo sabe.
Kahiry parpadeó.
-¿Ahora llamas a tu sirvienta con un apodo? -dijo, alzando una ceja mientras sonreía.
Satana ladeó la cabeza, con una sonrisa apenas perceptible.
-¿No puedo? -preguntó- ¿O acaso tienes uno mejor?
Lo dijo inclinando su rostro muy cerca del de Kahiry, no pudo evitar que un pequeño rubor invadiera sus mejillas así que desvió la mirada rápidamente.
-Pues... no sé. Supongo que no es nada malo.
La tensión aumentó, la rubia sintió que su mirada aún seguía posada en ella, así que trató de cambiar la conversación.
-Ah, por cierto -dijo, acomodándose en la silla- Muchas gracias por el vestido, pero... no te hubieras molestado. Se ve costoso.
Satana apoyó su rostro sobre una de sus manos, mirándola con genuina curiosidad.
-¿Tú cómo sabes de precios?
-Un amigo al que le gusta la moda me enseñó un poco -respondió Kahiry.
Satana asintió despacio.
-Ya veo... -murmuró- Pues sí, no lo niego, es costoso.
Hizo una pausa.
-Pero para mí, el dinero no es un límite. Por mí, te compraría cualquier cosa que me pidieras.
Kahiry la miró, sorprendida mientras Satana sostuvo su mirada.
-Sin embargo -continuó, con voz más suave- este vestido tiene un significado más especial que cualquier otro.
Kahiry se quedó en silencio, esperando que continuara, Satana bajó la vista a su taza de café, girándola lentamente entre sus manos.
-Era de alguien importante para mí -dijo al fin- Alguien que... ya no está.
Su voz se quebró sutilmente.
-Quería que tú lo tuvieras.
Kahiry no supo qué decir, vio el dolor en sus ojos, vio a alguien que había amado profundamente.
-¿Puedo preguntar... quién era? -murmuró con cuidado.
Satana levantó la vista, encontrando sus ojos, sonrió con tristeza.
-Mi esposa.
El aire se detuvo, Kahiry no respondió de inmediato. Solo sostuvo su mirada.
-Lo siento -dijo finalmente.
Satana negó con la cabeza.
-No lo sientas, fue hace mucho tiempo.
Hizo una pausa.
-Pero cuando te vi... -su voz se volvió más baja- supe que te quedaría perfecto.
Satana se aclaró la garganta, apartando la vista.
-De todas formas -dijo, recuperando su tono habitual- espero que lo cuides.
-Lo haré -respondió Kahiry suavemente- Gracias.
Se quedaron un momento más en silencio, de la nada, Vivyan apareció en el comedor.
-¡Kahy! Buenos días -dijo con entusiasmo, acercándose con una sonrisa amplia.
Se detuvo junto a la mesa.
-Te puedo llamar así, ¿cierto?
Kahiry se sorprendió, pero no tardó en responder.
-Buenos días. Claro, no hay problema.
Vivyan se quedó mirando a Satana.
Satana, por su parte, claramente no estaba contenta con su presencia. Su expresión se endureció, pero no dijo nada.
-En fin... -dijo con tono ligero- Sin ofender, pero... no sabía que las sirvientas también podian comer con nosotros.
Qué curioso, supongo que las cosas cambian, ¿cierto?
Satana la quedó viendo, molesta, abrió la boca para responder, pero Vivyan continuó antes de que pudiera decir algo.
-Por cierto, te ves muy linda con ese vestido -le dijo a Kahiry.
Kahiry sonrió inocentemente.
-Gracias.
-¿Qué tal si lo llevas a la fiesta que estamos preparando?
Kahiry parpadeó.
-¿Fiesta?
Vivyan se giró hacia Satana, con expresión de sorpresa exagerada.
-Ah... no me digas. ¿Satana no te avisó?
Satana apretó los dedos contra el borde de la mesa.
-De eso mismo quería hablar con ella -dijo con tono controlado- Pero en vista de que no podemos estar solas...
Vivyan soltó una risita.
-¡Ah!, No se preocupen -dijo, dirigiéndose de nuevo a Kahiry-
si de eso se trata, me retiro. Solo... espero que puedas ayudarme, me encantaría una compañía, y serías de gran ayuda para seguir organizando.
Además... , se ve que tienes buen gusto.
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Editado: 24.03.2026