Kahiry se quedó en silencio un momento, procesando sus palabras.
—Entonces... ¿Por qué no lo destruyes?
Satana levantó la vista, sorprendida, Kahiry continuó, eligiendo cada palabra con cuidado.
—¡Es un lugar que no ayuda, más bien destruye! Y lo está haciendo hasta contigo...
Satana se quedó inmóvil, luego negó con la cabeza, despacio.
—No... —murmuró— No puedo.
Hizo una pausa.
—Aunque quisiera, ese lugar sigue siendo importante.
Se levantó de la silla, dándole la espalda.
—Esta conversación queda aquí.
Pero la rubia también se levantó, siguiéndole el paso.
—¿Sabes a cuántas personas atrapa ese lugar? —dijo, con voz más alta— ¿Y condena?
Satana no se detuvo.
—Me dices que quieres ser mi amiga —continuó Kahiry, alcanzándola— Quieres… que te conozca como realmente eres. Entonces demuéstramelo.
Satana se giró apenas, sin mirarla del todo.
—Ellos se lo buscaron.
—¡La mayoría llegan desesperados! —replicó Kahiry— ¡Se aprovecha de la necesidad!, Lo hacen por sus familias. No entiendo la insistencia de seguir manteniendo un lugar tan horrible.
Esas palabras cayeron como una flecha sobre Satana, se giró lentamente mientras a Kahiry le recorrió un escalofrío en el cuerpo, pero no se apartó.
Satana habló con voz baja.
—Esa hipocresía de mierda...
Avanzó un paso hacia ella.
—¿Sabes qué?, Estoy harta.
Dio otro paso.
—Me usan como trapo para limpiar sus pecados.
Su voz se volvió más intensa.
—Genocidios, vientres abiertos, violaciones...
Tomó a Kahiry del mentón con firmeza.
—cada vez que cometen un acto proveniente de su miserable naturaleza, encuentro mi nombre en sus labios. La excusa perfecta para no mirar lo bestias que son.
Kahiry solo sostuvo su mirada, sin apartarse.
—Ellos lo desean —continuó Satana, con rabia — Ellos lo hacen, yo solo soy el nombre conveniente. La puta que les absuelve.
Hizo una pausa.
—Eliminar el Edén no cambiaría nada, al menos ahí se quitan sus hipócritas máscaras y se ponen las reales.
Su voz se volvió más oscura.
—El padre de familia, cuyo hijo espera un cuento de noche, se pone una de lobo y va donde las máscaras rojas y negras. Una mujer vestida de seda negra le enseña a morder el labio de otro hasta sacar sangre, y él ríe. Olvidando a la esposa que lo espera en su casa.
Kahiry tragó saliva, pero no interrumpió.
—¿No te queda claro? ¿y qué tal…. ¿La madre abrazadora, con máscara roja que se arrodilla ante un tigre y le susurra cómo prefiere que la desgarren ... mientras su hija dibuja un sol en casa?
Kahiry se quitó de su agarre con suavidad.
—Puedo escucharte —dijo con voz firme— No necesitas agarrar mi rostro.
Satana soltó una risa amarga.
—Tch... ¿Tanto asco te doy?
Kahiry no respondió, Satana continuó, caminando en círculos alrededor de ella.
—Todo eso lo hacen por gusto, en las mesas de ajedrez, apuestan la fortuna que les costó una vida construir, tan solo, por el simple placer de ver caer a un rival. En los juegos de cartas, una mano puede costar una casa, una familia, un futuro. Todo por la avaricia, por el jodido placer de ganar.
—Ya basta... —dijo Kahiry con la voz entrecortada.
Pero Satana no se detuvo.
—Allí no hay culpa, se inyectan fuego en las venas para olvidar que alguna vez fingieron ser humanos. Lujuria, violencia, sustancias que les derriten el alma... ¿Crees que eso los creamos nosotros?.
Hizo una pausa.
—Allí mi nombre, no está presente. Son ellos… solamente ellos.
Su voz se quebró apenas.
—Y esa libertad...
—¡Ya cállate! —gritó Kahiry, alzando la mano.
Satana la detuvo de inmediato, sosteniéndola en el aire.
—No puedo destruirlo, Kahiry —alzó la voz— Aunque quiera, aunque me repugne lo que se volvió. No puedo.
La soltó.
—Porque la energía que producen ahí... esa obscenidad pura, esa honestidad grotesca... me alimenta. Me mantiene existiendo.
Kahiry abrió los ojos, sorprendida.
—Cada apuesta que hacen —continuó Satana— Cada gemido, cada gota de sangre derramada y cada partida de ajedrez cada carta volteada, alimenta mi energía.
Se giró hacia ella.
—Dije que te mostraría mi verdadero yo, y eso haré.
Respiró hondo.
—Esa energía me nutre.
Hizo una pausa.
—¡Sabes que es lo peor!, que cuando salen y se quitan las máscaras de animales... Vuelven a decir mi nombre.
Su voz se llenó de amargura.
—"Satán me tentó."
Soltó una risa seca.
—Yo me río. Porque los vi ahí dentro, los vi suplicar por más sangre, más placer, más sustancias y los vi apostar por ver sufrir a otros.
Se acercó a Kahiry de nuevo.
—Después de venir voluntariamente, después de quitarse cada gramo de pretensión. Me culpan.
Miró a Kahiry directamente.
—Esa es mi verdadera condena, Kahiry. No que lo creé, sino que lo necesito.
Hizo una pausa.
—Que, aunque no pueda soportar entrar ahí, aunque ver en lo que se convirtió me destroza... no puedo cerrarlo.
Su voz se quebró.
—Porque sin el Edén, y sin esa energía que brota de su monstruosidad sin filtros... yo dejo de existir
Les di libertad para que fueran honestos. Para que dejaran de usar mi nombre como escudo.
Cerró los ojos.
—Y lo único que logré fue encadenarme a ellos de la forma más miserable posible.
Sus ojos negros brillaron con rabia y desesperación.
—¿Cómo podría tocarte con estas manos que construyeron ese lugar?, ¿Cómo podría estar cerca de ti cuando me alimento de su monstruosidad, cuando necesito que exista para seguir existiendo yo?
La miró fijamente.
—Dime, ángel. Dime cómo algo que se nutre de la peor versión de la humanidad... algo que disfruta su hipocresía porque al menos entonces soy real en su miedo... algo que está encadenada a un jardín de obscenidades que ya ni puede visitar...
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Editado: 24.03.2026