Miserables entre alas

Capítulo 31

Kahiry y Satana se quedaron en silencio por un buen tiempo, pero Toffe rompió el momento con un chillido, tirando algo desde el sillón.
Ambas miraron hacia él, en el suelo había un pequeño portarretratos caído boca abajo.

Kahiry exhaló.

—Toffe.

El mapache inclinó la cabeza.

—Ya sé que fue sin querer.

Toffe miró hacia otro lado a su vez Satana cruzó la habitación y recogió el portarretratos, devolviéndolo a su lugar sin voltearlo. Cerró los ojos medio segundos antes de girarse.

—Deberías descansar —dijo.

Kahiry apretó los dedos contra su palma.

—Todavía no hemos hablado de lo de ayer.

—Lo sé.

Satana bajó la mirada.

—Pero no hoy , no puedo.

La última palabra se quebró apenas, la rubia aflojó los dedos.

—Está bien.

Kahiry tomó a Toffe del sillón. El mapache protestó con un sonido breve, pero se dejó cargar. Caminó hacia la puerta y se detuvo en el marco sin girarse del todo.

—Cuando quieras hablar, aquí estaré.

No esperó respuesta. Salió al pasillo dejando la puerta entreabierta detrás de ella.

Satana se quedó mirando la puerta mucho tiempo, antes de sentarse en el borde de la cama.

Apoyó los codos en las rodillas y enterró los dedos en su cabello. El portarretratos seguía en su lugar. No lo miró. No necesitaba mirarlo para saber lo que había en él: una fotografía pequeña, antigua y algo desgastada por los bordes en ella se encontraba una mujer rubia con cabello recogido a medias sonriendo.

Satana había tenido esa foto en el mismo lugar durante más años de los que cualquier humano podría contar. Nunca le había molestado que alguien la viera, hasta ese día.

A la mañana siguiente, Vivyan golpeó la puerta antes de que Kahiry terminara de despertar.

—¡Buenos días! Sé que es temprano, pero necesito hablar contigo sobre la fiesta, ¿tienes un momento?

Kahiry miró a Toffe, que seguía dormido con una patita sobre la cara.

—Claro , dame cinco minutos.

Bajaron juntas al comedor. Vivyan desplegó una carpeta, tres muestras de tela y una lista escrita a mano sobre la mesa mientras se sentaban.

—El salón está a medias. Las flores del centro todavía no llegaron y el proveedor de luces canceló esta mañana, me quedan cuatro días para resolverlo todo.

—¿Y yo podría ayudarte en algo?

Vivyan la miró con una sonrisa complice.

—En teoría, sí. Tu eres la única que podría convencer a Satana.

Como si la hubiera invocado, Satana apareció en la entrada del comedor. Estaba vestida con un conjunto casual y su cabello perfectamente recogido. Miró primero a Kahiry, luego a Vivyan.

—No.

—¡Todavía no he preguntado nada!

—Conozco esa carpeta.

Vivyan suspiró teatralmente y apoyó la carpeta contra su pecho.

—Satana, faltan cuatro días, encerio necesito a alguien que...

—No.

—Entonces no sé quién me va a ayudar... —Lo dijo mirando la mesa, con un tono entre el desánimo y el drama— Supongo que la fiesta quedará incompleta y.…, todo mi trabajo y esfuerzo se irán a la basura.

—Yo podría intentar ayudarte.

Vivyan levantó la vista.

—¿En serio? —Vivyan ya sonreía.

—Esta tarde, si quieres vamos al salón y vemos qué falta.

Vivyan estaba a punto de responder cuando Satana habló.

—Entones yo las acompaño.

Las dos la miraron. Satana no repitió, ni explicó. Solo sostuvo la mirada de Kahiry.

—De acuerdo.

Toffe, que había aparecido silenciosamente en su regazo, extendió los brazos hacia arriba. Kahiry lo cargó y él se instaló contra su hombro.
Vivyan los observó a los tres con esa sonrisa, recogió su carpeta y se retiró tarareando algo hacia el pasillo.
Satana esperó hasta que los pasos se alejaron.

—Esta tarde —dijo, en voz baja.

—Esta tarde —confirmó Kahiry.

El salón era amplio, con ventanales altos y bastante iluminación. Olía a flores frescas, en un rincón había una mujer con cara de no haber dormido bien que vigilaba a Toffe desde el momento en que cruzaron la puerta.
Kahiry y Vivyan se instalaron en el centro del salón rodeadas de muestras, tarjetas de color y al menos tres versiones distintas del mismo arreglo floral. Satana se quedó atrás, apoyada contra la pared con los brazos cruzados.

—Este —dijo Kahiry, señalando uno de los arreglos.

—Demasiado formal. —Vivyan ladeó la cabeza— Necesitamos algo que se sienta vivo. Que la fiesta respire sola.

—¿Entonces este?

Vivyan lo miró un momento.

—Ese sí.

Se rieron al mismo tiempo y Satana lo notó, lo vio todo: la manera en que Vivyan se inclinaba un poco más de lo necesario para señalar algo, la forma en que buscaba cualquier excusa para estar cerca. No era malicia, eso lo sabía. Pero de todas formas era molesta.
Vivyan le rozó la mano a Kahiry al pasarle una tarjeta de color.
Eso fue suficiente para que Satana se despegara de la pared y cruzara el salón con pasos rápidos, ubicándose entre las dos con naturalidad.

—El ángulo de las luces debería ajustarse al centro, no a los laterales —dijo, señalando el techo.

Vivyan la miró con una diversión que no se molestó en disimular, Kahiry fue a traer las demás muestras, fue el momento perfecto para Satana.

—Está comprometida —añadió Satana, con un tono demasiado neutro, señalando a Kahiry con un gesto breve.

Vivyan ya sorprendida, soltó una risa.

—No sé qué fue lo que hice, pero …. No fue con mala intención, tranquila.

Satana no respondió, solamente volvió hacia la pared como si nada hubiera pasado. Al otro lado del salón se escuchó un estallido seco, seguido de un grito de la señora de las decoraciones.

—¡El globo!, ¡Le dije que no tocara los globos!

Toffe estaba sentado en el suelo junto a los restos de un globo plateado, mirando a todos con expresión de completa inocencia. Kahiry ni siquiera levantó la vista de las muestras de tela.

—Toffe…




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