Miserables entre alas

Capítulo 32

Desde las siete de la mañana el garaje olía a gasolina y metal caliente. Liam llevaba rato metido debajo del capó del Mustang, con la camiseta pegada por el sudor. Cada vez que la llave resbalaba y se golpeaba los nudillos, soltaba un bufido corto, pero seguía.

La puerta chirrió al abrirse.

-Liam.

La voz de Zdena fue suave, pero él ni siquiera giró la cabeza.

-Estoy en medio de algo.

-Ya veo... -Ella se quedó en el umbral, con los brazos cruzados- No has comido nada desde ayer.

Liam siguió apretando un tornillo que ya estaba bien puesto, Zdena esperó unos segundos más, pero al final solo murmuró:

-Bien... Estaré por ahí si cambias de idea.

Cerró la puerta con tanto cuidado que apenas se oyó el clic por su lado Liam se quedó quieto un momento, con la llave inglesa todavía en la mano. Luego la dejó caer sobre el banco, haciendo que el ruido rebotara en las paredes.

Unos minutos después, Zdena entró a la sala principal arrastrando los pies y se dejó caer en el sofá.

Mateo levantó la vista de la caja que estaba clasificando.

-¿Sigue molesto?

Ella solo asintió, mirando fijo el suelo, Mateo suspiró y se sentó en el brazo del sofá.

-Mira, le acabas de soltar que el tipo que le mueve el piso está comprometido. No es algo que se digiera rápidamente.

-Lo sé -murmuró ella- Pero verlo así...

-Dale tiempo -dijo Mateo, dándole un leve empujón en el hombro- Liam parece ser de los que se guardan todo hasta que explota o se lo saca a martillazos con una pieza de motor.

Zane, que estaba apoyado contra el marco de la ventana con los brazos cruzados, habló sin moverse.

-Presionarlo ahora es echarle gasolina al fuego.

Zdena se pasó las manos por la cara.

-Ya lo sé pero no ha comido nada.

Nadie contestó.

Eli se miró en el espejo de cuerpo entero. El traje le quedaba perfecto, se pasó un dedo por el cuello de la camisa como si le apretara, aunque no era así.

El celular vibró sobre la cómoda. Lo miró de reojo, otro mensaje sin leer de su padre: A las 8 en punto, no llegues tarde.

Lo giró boca abajo.

Luego lo levantó otra vez y abrió la conversación con Liam. El último mensaje suyo seguía en «visto» desde hace días.

Así que escribió, luego lo borró y por último entre dudas escribió de nuevo.

Necesito verte.

Enviar.

Esperó mirando la pantalla hasta que se apagó, se dejó caer sentado en la cama, con los codos en las rodillas y las manos en la nuca. Cerró los ojos.

Dos minutos después marcó el número de Zdena.

-¿Eli?

-Necesito hablar contigo.

Silencio del otro lado.

-¿Ahora?

-Sí.

Otra pausa.

-Te espero, porfavor.

Luego de unos minutos Zdena lo vio.

-Hola -dijo Eli, con voz baja.

-Hola.

Se quedaron parados ahí un segundo, incómodos y aunque tenía miedo de perder la confianza de Eli, decidió ponerlo al día.

-Lo siento -soltó Zdena de golpe- No debí decir nada. Fue...

-No es tu culpa -la cortó Eli, cansado pero firme- Es mía, debí habérselo contado.

Zdena lo miró un momento más, luego asintió despacio.

-Ven, quiero que conozcas a alguien.

Cuando entraron a la sala, Mateo estaba en su teléfono pero levantó la vista.

-Oh, hola.

Zdena señaló a Eli.

-Mateo, él es Eli. Eli, Mateo.

Mateo dejó el teléfono en su bolsillo y extendió su mano.

-Mucho gusto. He oído mucho de ti.

Eli estrechó su mano.

-Igualmente.

Mateo lo miró un segundo con curiosidad, luego sonrió.

-Así que tú eres el del compromiso.

Zdena le dio un golpe en el brazo.

-Mateo.

-¿Qué? Solo preguntaba.

Eli sonrió apenas, era difícil no hacerlo con Mateo.

-Sí..., ese soy yo.

-Ahora que ambos se conocen.... Suban al auto.

Al llegar a la mansión Zane apareció desde la cocina con una taza de café, observando la escena sin expresión.

-Bienvenido ¿Viniste a hablar con Liam?

Eli asintió.

-Sí.

-Está en el taller, no ha salido por un buen tiempo.

Eli apretó los dedos contra la palma.

-¿Puedo pasar?

Zane lo miró un momento, luego señaló el pasillo.

-Al fondo, a la izquierda.

Eli caminó despacio por el pasillo. Cuando llegó a la puerta, respiró hondo y tocó dos veces.

Silencio.

Tocó de nuevo.

-Zdena..., ya te dije que estoy bien -respondió Liam desde adentro, irritado.

-No soy Zdena.

Después de un largo silencio, Liam apareció y en cuanto vio a Eli, su mano se quedó congelada en el picaporte.

-...Hola -dijo Eli, con un tono bajo.

Liam no contestó. Solo abrió la puerta un poco más, luego que ElI entró, se quedó cerca de la puerta con sus brazos cruzados y mirando al suelo. Eli carraspeó.

-Sé que Zdena te lo contó.

Liam soltó aire por la nariz.

-No tenías que enterarte así -siguió Eli- sé que debí decírtelo yo. Hace semanas.

Liam levantó la vista por fin, sus ojos estaban rojos.

-No es mi problema -dijo en voz baja.

Eli dio medio paso.

-Sí lo es.

Liam apretó la mandíbula.

-Mi padre... lo arregló todo. Ni siquiera me lo preguntó y Vivyan... ella lo sabe, sabe que no... -Se le trabó la voz- que no estoy enamorado de ella. Pero igual dijo que sí.

Liam seguía callado.

-Y yo -Eli tragó saliva- no quería que esto se pusiera entre nosotros. Pero tampoco sabía si el sentimiento era mutuo o solo amistad, aun no lo se.

Liam descruzó los brazos, los dejó caer a los lados.

-¿Desde cuándo te gusto? -preguntó al fin, casi susurrando.

Eli sonrió de lado, triste.

-Desde que te vi por primera vez en el taller.

Liam cerró los ojos un segundo.

-Yo también -dijo muy bajito- Desde esa vez.

Se miraron, ninguno se movió.

Entonces se escuchó un golpe suave en la puerta., Mateo asomó solo la cabeza.

-Solo venía a... -Los vio, parpadeó dos veces- Saben qué..., mejor me voy.




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