Miserables entre alas

Capítulo 33

La tarde en la mansión Lockwood tenía su propio ritmo. Vivyan había llegado al salón principal con más muestras y una energía que Kahiry ya reconocía como su estado natural. Sobre la mesa había tres opciones de centros de mesa, dos paletas de colores y un plano dibujado a mano con anotaciones que solo Vivyan podía descifrar.

-Este color -dijo Vivyan, señalando una tarjeta - con las luces que conseguimos quedaría perfecto. Pero necesito que alguien me diga que no estoy loca.

-No estás loca -dijo Kahiry, inclinándose sobre la mesa- Pero si lo combinas con el dorado se va a ver muy recargado, mejor plateado.

Vivyan la miró un segundo.

-Plateado -repitió, aprobando la idea - Sí. Sí, tienes razón.

Anotó algo en el margen del plano.

Desde la esquina Satana observaba sin moverse. Tenía los brazos cruzados y la expresión de siempre, pero llevaba demasiado tiempo en el mismo lugar para que fuera casual. Kahiry lo notó sin decir nada.

Toffe estaba instalado en una silla junto a la ventana, vigilando a todos.

-Necesito revisar las flores del fondo -dijo Vivyan de pronto, recogiendo dos de las tarjetas- Vuelvo en diez minutos.

Sus pasos se alejaron rápidamente por el pasillo.

Fue cuando el salón quedó en silencio. Kahiry siguió mirando el plano un momento antes de levantar la vista. Satana ya no estaba contra la pared. Estaba más cerca, de pie junto a la mesa.

-Kahiry.

--¿Si?

Satana bajó la mirada un segundo. Luego la levantó.

-Lo de ayer -dijo, con voz baja y medida- no debió pasar.

Kahiry la miró sin moverse.

-¿Por qué no?

-Porque yo no soy -empezó, luego se detuvo- Hay cosas que tú no sabes todavía. Cosas sobre mí que cambiarían lo que piensas.

-Ya sé lo que eres -dijo Kahiry con calma- Me lo dijiste tú misma.

-No es lo mismo, aún hay cosas que no te eh contado.

-Entonces dímelas.

Satana apretó los dedos contra la mesa. Kahiry no presionó, solo la sostuvo con la mirada.

-No sé cómo hacer eso sin alejarte o poner en riesgo lo que sea que nos esta sucediendo-dijo Satana al fin ,en voz baja.

-Yo tampoco -admitió Kahiry- Pero tampoco quiero ignorarlo.

Satana la miró durante un momento largo, con algo en los ojos, no era frialdad ni cálculo sino simplemente miedo, algo que no se admitiría fácilmente.

Entonces se escucharon pasos.

-¡Encontré las flores! -anunció Vivyan desde lejos interrumpiéndolas.

Satana se apartó de la mesa con un movimiento tranquilo. Y volvió a su posición antes de que Vivyan cruzara la puerta.

Kahiry bajó la vista al plano y respiró despacio.

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La mansión de Zane olía a café recién hecho y a madera.

Eli no sabía desde cuándo llevaba sentado en el sofá de la sala, pero Liam había aparecido en algún momento con dos tazas y se había instalado a su lado sin preguntar nada, lo cual era exactamente lo que necesitaba.

Durante un rato no dijeron nada. Era raro, pensó Eli. Que el silencio con alguien pudiera sentirse así. No incómodo, no pesado. Solo... tranquilo.

-¿Estás bien? -preguntó Liam al fin.

-Sí -dijo Eli- O algo así.

Liam asintió despacio, como si eso fuera suficiente.

-No tienes que tenerlo todo claro ahora -dijo.

Eli lo miró de reojo. Liam tenía la taza entre las manos mirando al frente.

Afuera, desde algún lugar de la mansión, se escuchaba la voz de Mateo hablando solo o por teléfono, era difícil distinguirlo.

-Oye -dijo Liam de pronto.

Eli lo miró.

-Lo que dije antes -continuó Liam, con voz baja- lo dije en serio.

Eli no respondió de inmediato. Sintió algo moverse en el pecho, algo que todavía no sabía muy bien cómo sostener pero que tampoco quería soltar.

-Yo también -dijo al fin.

Liam asintió una vez, y Eli pensó que eso era exactamente lo que le gustaba de él: que no necesitaba convertir cada cosa en un evento.

Fue Mateo quien rompió el momento, como siempre, apareciendo en la sala con una carpeta bajo el brazo y una expresión de quien lleva tiempo esperando esta oportunidad.

-Bueno -dijo, instalándose en el sillón frente a ellos - Ya que están los dos aquí y nadie tiene nada mejor que hacer...

Abrió la carpeta sobre la mesa.

Había diseños. Muchos bocetos a lápiz con anotaciones, algunos con muestras de tela pegadas en las esquinas y otros con paletas de color. Mateo los había ordenado con una precisión que contrastaba completamente.

-Son para un proyecto... -explicó- Los vengo trabajando hace semanas. Solo los ha visto Zane y me dijo que eran buenos, lo cual significa que son excelentes porque él no exagera nunca.

Eli se inclinó hacia la mesa, había uno que no podía dejar de mirar. Un conjunto blanco: una chaqueta estructurada con cortes geométricos, detalles de bandas cruzadas en la cintura que dejaban ver apenas la piel, pantalón de línea limpia y unos Oxford , era atrevido sin ser excesivo.

-Ese -dijo Mateo, antes de que Eli abriera la boca- lo dibujé pensando en alguien con tu estructura.

Eli lo miró.

-Es un buen modelo para la gala -continuó Mateo, con total naturalidad- claramente ya encontraste tu estilo y ese traje lo confirma.

-Yo... -Eli vaciló- No sé si puedo usarlo. Ya se espera que vaya con el traje que mandó la familia Lockwood y si aparezco con algo diferente...

-Haz las cosas por lo que tú quieras -dijo Zdena desde el marco de la puerta - No por manejar la opinión de los demás.

Mateo señaló a Zdena con un gesto entusiasta.

-Lo que dijo ella. Además -se inclinó hacia adelante- sinceramente sería una oportunidad perfecta para mostrar mi trabajo. En un evento al que va gente importante.

-Y si no lo usas esta vez -añadió Zdena- lo puedes usar en otra ocasión. El traje no se irá a ningún lado.

Eli miró el boceto otra vez.

-Me encanta-admitió en voz baja.




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