Miserables entre alas

Capítulo 34

El papel seguía sobre la mesita de noche cuando Zdena se despertó. Las palabras eran las mismas cada vez que lo miraba, formales y frías como todo lo que venía del Consejo.
Afuera, la mansión de Zane seguía en silencio.

Zdena tomó el papel. Lo dobló con cuidado y guardó.

—No hagas travesuras —le dijo a Sálem.

La gata no se movió, pero tampoco apartó los ojos de ella mientras salía.

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Mientras tanto la mañana en la mansión Lockwood era tranquila. Kahiry estaba en el pasillo principal cuando escuchó que llamaban a la puerta, Inés fue a abrir antes de que ella pudiera moverse, y entonces vio a Zdena.

—Zdena. —Kahiry se acercó— ¿Qué pasó?, esta no es la hora que acordamos.

—Necesito hablar contigo.

—Claro, pasa.

Fue entonces que Satana apareció desde el pasillo lateral. Solo estaba caminando hacia la cocina, sin apuro, con una taza en la mano.

Zdena se quedó paralizada, Kahiry vio el cambio repentino en su rostro.

—Zdena...

No llegó a terminar. En cuanto Zdena cruzó la puerta, la cachetada resonó en todas las paredes de la mansión. Satana cayó al suelo y la taza se hizo pedazos contra la baldosa.

—¡Maldita! —La voz de Zdena temblaba con una rabia que Kahiry no había escuchado nunca— ¡Ahora todo tiene sentido! ¿No fue suficiente arrebatarles la vida? ¡Ahora la quieres tratar como sirvienta!

Kahiry se interpuso entre las dos antes de que Zdena pudiera dar otro paso.

—¡Zdena, para!

—¡Apártate!

—¡Cálmate!

Satana se levantó despacio, no se limpió ni dijo nada. Solo miró a Kahiry de pie frente a ella.

—¿Kahiry? —La voz de Zdena bajó un tono, confundida— ¿Qué estás haciendo?

—No entiendo qué está pasando —dijo Kahiry, con la voz tensa— No entiendo nada de lo que estás diciendo.

—¡Tú mismo viste el papel! ¿Qué más pruebas quieres? ¡Ella los mató, te mató!

—No te entiendo, ¡De qué papel hablas!

Satana dio un paso hacia adelante.

—Kahiry. —Su voz era baja, una súplica— Déjame explicar. Es de lo que íbamos a hablar la otra vez, ¿recuerdas?

Zdena soltó una risa sin humor.

—¡Claro! ¿No quieres también invitarnos a tomar el té mientras explicas cómo me borraste la memoria y los mataste?

—¡Zdena, cálmate!

—¡No me voy a calmar!

Las alas de Zdena habían sido grises durante meses, oscureciéndose despacio, como una tormenta que se acerca sin apuro.
Pero ahora eran completamente negras, las garras que a veces le aparecían en los peores momentos estaban ahí, más largas y más afiladas que nunca.

—Debo matarla —murmuró Zdena, con una voz que no era del todo la suya— Debemos matarla. Representa todo lo malo de este mundo.

—Kahiry, déjame exp—

Zdena la empujó antes de que Satana terminara. Las garras rasguñaron su brazo al pasar, Satana retrocedió sin hacer un sonido.

—¡Zdena! —Kahiry tomó el brazo de su hermana con las dos manos— ¡Porfavor! ¡Mírate!

Zdena intentó soltarse.

—¡Estás completando la transición! —La voz de Kahiry se quebró— Reacciona, por favor, por favor.

Las lágrimas llegaron sin que pudiera detenerlas, Zdena se quedó quieta, miró a Kahiry. Algo en su semblante cambió.

Los recuerdos no aparecieron en orden, llegaron todos a la vez, como si hubieran estado esperando detrás de una puerta que alguien finalmente abrió.

La batalla llevaba semanas. Como Belatriz, líder de los guerreros celestiales, era su deber sostener la línea. Cuando las fuerzas oscuras comenzaron a presionar los escudos fue ella quien respondió, fue ella quien los mantuvo hora tras hora mientras las demás retrocedían.

Quién estaba del otro lado era poderosa de una manera que no había enfrentado antes, cada escudo que levantaba encontraba una respuesta igual o más fuerte.

Desde el cielo había cuidado a sus hermanos durante años, los veía crecer, y guiaba sin que lo supieran. Era lo único que podía hacer por ellos desde ahí.
Entonces llegó Juliana corriendo llena de pánico.

—Zdena.

Ella lo supo antes de leerlo.

*Accidente de tránsito, esta tarde. *

Inmediatamente el escudo se rompió. El dolor llegó tan de golpe que no hubo espacio para nada más y en ese momento, la fuerza del otro lado aprovechó el segundo exacto en que la Belatriz dejó de sostener.
El impacto fue tan fuerte que la tiró hacia atrás con un dolor que iba más allá de lo físico.

Después de la oscuridad, aparecieron dos caras que no reconocía mirándola como si ella fuera lo más importante del mundo.

Una rubia junto a alguien de cabello castaño. La miraban con una mezcla de alivio y preocupación.

—¿Quiénes son? —preguntó.

Llamaron a los ángeles Alquimios, expertos en medicina celestial, que la examinaron con cuidado antes de hablar.

—El shock del impacto fue demasiado —explicaron— La memoria puede no recuperarse nunca.

Zdena los escuchó mientras miraba de nuevo a las dos figuras junto a su cama. No sabía sus nombres, tampoco el por qué estaban ahí, ni por qué el dolor en el pecho seguía siendo tan grande.

Pero estar cerca de ellos le daba paz.
Zdena abrió los ojos de golpe.

Kahiry la sostenía por los hombros con las mejillas todavía húmedas. Satana estaba arrodillada junto a ellas, con Zdena recostada contra su pecho, sosteniéndola con firmeza.

Las garras habían desaparecido y sus alas volvían despacio a su gris habitual. Zdena parpadeó varias veces mirando el techo antes de que todo volviera a su lugar.

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Pasaron horas. Zdena se encontraba en la habitación de huéspedes con la respiración lenta y las alas extendidas sobre las sábanas blancas. Toffe se había acurrucado junto a ella.

Kahiry estaba sentada en la silla junto a la ventana con los papeles en la mano. Los leyó juntos y el peso de lo que decían se instaló detrás del pecho.




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