Con lentitud llegó el mediodía, y luego la hora del almuerzo. La jornada pasó rápido, el servicio forense llegó casi enseguida ante el llamado de los agentes y en menos de lo que pudieron darse cuenta ya habían retirado el cuerpo del lugar. Pasadas las dos de la tarde, luego de que Gendry ya había almorzado, salió a la acera para fumarse un cigarrillo y allí vio a Ryan, apoyado en el morro de su camioneta, con los ojos fijos en su carpeta de documentos. Más precisamente, en una foto de su hermana.
—Ryan, ¿estás bien? —Le preguntó, en cuanto terminó de acercarse a él. Lo vio cerrar la carpeta de un golpe, y mirarlo directamente.
—Teníamos una oportunidad perfecta para saber adonde había estado, que había pasado, adonde mierda había ido. ¡Y el maldito imbécil decide pegarse un tiro! ¡Con mi arma! —exclamó, frustrado.
—Estaba en shock, lo viste. Al menos tenemos que agradecer que se pegó un tiro a sí mismo y no a cualquiera de nosotros.
—Ya, supongo… —consintió.
—¿Vas a almorzar? Aún no comiste nada. Puedo encargarte algo, si quieres.
—No, gracias. No tengo hambre.
Gendry examinó por un instante el semblante de su compañero. La barba que poblaba su mandíbula comenzaba a crecer más de la cuenta, y el cabello castaño le caía en mechones desprolijos a los lados de la cabeza. Lo peor era su actitud, parecía el tipo más derrotado del mundo.
—Creo que deberías tomarte un descanso, Ryan. ¿Cuánto hace que no duermes más de dos o tres horas seguidas? —Le preguntó.
—Eso no importa.
—Claro que importa, si no tienes la cabeza bien no puedes pensar con claridad, y la gente que ha desaparecido te necesita lúcido para que los encuentres. Yo te necesito lúcido.
Ryan miró a su compañero, lo vio pitar su cigarrillo y entonces suspiró.
—Habló de ella.
—Ryan, eso no lo sabes…
—Sí, sí lo sé. Lo sé aquí —insistió, golpeándose con el índice en el pecho, del lado del corazón—. No puedo desistir ahora, tengo que continuar, aunque sea lo último que haga. Siento que estoy muy cerca.
Gendry permaneció unos momentos en silencio observando a su compañero. Dio una larga pitada más a su cigarrillo y lo arrojó al suelo, pisándolo después.
—¿Cuál será el siguiente paso? —preguntó.
—Me gustaría ver el informe del forense.
—No podemos hacer eso, Ryan. Somos detectives federales, pero no tenemos jurisdicción en esta zona.
—De todas maneras me gustaría intentarlo, algo se me va a ocurrir.
Gendry resopló por la nariz, metiendo las manos en los bolsillos.
—No sé porqué presiento que te vas a meter en un buen lio.
—Solo si nos descubren —aseguró. Saludó con un gesto de la mano a los agentes de la guardía costera, y mientras los veía retirarse continuó hablando—. Esta noche Iremos a la oficina de Investigaciónes forenses, el caso de Grelendale puede esperar un día más.
*****
Ryan y Gendry se apostaron a una distancia prudente del edificio de Investigaciónes criminales, con la Cherokee apagada y a buen resguardo bajo un frondoso árbol de tilo, ubicado a un costado de la calle que lindaba con el parque. Gendry masticaba con parsimonia un poco de maní pelado, su aperitivo favorito cuando andaba de vigilancia, mientras que Ryan no apartaba la mirada de la puerta principal del establecimiento, reclinado en el asiento del conductor y con las manos apoyadas en la nuca. Eran las ocho y medía pasadas, y comenzaba a ponerse impaciente. Aún había luz adentro, y podía ver algunos guardías que salían a fumar cada tanto. Nunca una oficina del gobierno permanecía en funcionamiento hasta tan tarde, y esperaba que el turno de aquellos oficiales terminara pronto, porque no le apetecía en lo absoluto tener que pasarse toda la noche sin dormir.
Una hora y medía después, por fin, el último de los oficiales se retiró del lugar. Aún en la distancia, Ryan lo vio despedirse de un colega y luego acercarse hasta su coche estacionado. En la sede de Investigaciónes criminales de Carston tan solo permanecieron encendidas las luces de la fachada, y nada más. Dio un golpe en el brazo de Gendry, que había comenzado a dormitarse, haciéndole dar un leve salto en su asiento. Luego revisó en la guantera de la camioneta para sacar una linternita de bolsillo y un juego de ganzúas.
—¿Eh? ¿Qué? —balbuceó.
—Andando, ya se fueron todos.
—Estoy seguro que aún debe haber algún guardía de vigilancia adentro, esto me huele a que es una mala idea, Ryan.
—Claro que hay guardías adentro, pero vamos a dar un rodeo. Entraremos por la puerta de emergencia, o la de servicio, lo que encontrémos primero. Lo ideal sería entrar por el acceso donde ingresan los cuerpos a la morgue, pero sería extraño si no está trancada. Vamos.
Ambos descendieron de la camioneta y caminaron hacia el sitio, cruzando la calle con rapidez. A simple vista, solo parecían dos hombres caminando con las manos en los bolsillos, nada de lo que preocuparse, pero en cuanto alcanzaron el edificio Ryan dio una rápida corrida colándose por el acceso del costado, cerca del callejón, seguido muy de cerca por su colega. Avanzaron unos metros hasta por fin situarse tras la puerta de la salida trasera, donde normalmente se sacaba la basura y también los desechos biológicos de las autopsias. Con cuidado de no hacer ruido comprobó el picaporte y efectivamente, estaba cerrada, por lo que echando mano al bolsillo del interior de su chaqueta, saco las ganzúas para hacer palanca en la cerradura. Gendry, mientras tanto, echaba rápidas miradas hacia la boca del callejón, por si acaso alguien aparecía de improviso. Con un clic sordo, la puerta cedió, momentos después.
—Ya está, vamos —susurró Ryan.
Empujó suavemente la puerta, adentro se extendía un pasillo oscuro con una escalera de acceso a los pisos superiores, doblando el recodo de la pared. Ryan entró primero, Gendry detrás, y caminando con suavidad volvió a meter las herramientas al bolsillo interno de su chaqueta, cubriéndose siempre con la pared. Sus ojos escudriñaron hacia los rincones del techo en penumbras, intentando buscar los puntos de luz roja de las cámaras de seguridad, pero allí no había nada, de modo que aún podía confiar en su buena suerte.