Durante todo el resto del día, Ryan se dedicó a revisar sus notas, comparando apuntes con respecto al informe forense que había “tomado prestado” por tiempo indeterminado, y también con el dibujo del niño, además de volver a escuchar una y otra vez la grabación de audio entrevistando a su madre. Sin embargo, no había ningún punto en conexión, para su desgracia, salvo el hecho de que ambos decían lo mismo: hablaban de un valle, o pradera, completamente oscuro, donde había mucha gente. También parecían hablar de algo, o alguien, que los perseguía.
A duras penas comió un par de bocadillos para la cena, ya que le urgía darse una ducha tan extensa como fuera posible, antes de dormir. De hecho, el acostarse por fin en una cama normal le pareció lo más cercano a la gloria absoluta, luego de días de estar de aquí para allá, durmiendo en su camioneta. Tanto así que en cuanto tocó el colchón de espuma, se estiró tanto como pudo haciendo sonar sus vertebras, y prácticamente enseguida, el sueño le venció.
Despertó pasadas las nueve de la mañana, se dio una nueva ducha para acabar de despabilarse, y luego se dirigió al pequeño hall de la habitación para revisar su arma encima de la mesa, colocarse el soporte a su cintura, tomar la grabadora de voz, su pequeño block de apuntes y la chaqueta. Su idea era ir a revisar el bosque y la ribera del río, ya que habían sido los últimos sitios donde el pequeño Jake había estado jugando con sus amigos, cuando el teléfono sonó. Solo dos tonos, y entonces colgó, justo cuando iba a tomarlo para responder. Extrañado, miró la pantalla: era la señora Anderson.
Le pareció un poco raro que solamente lo llamara para colgar enseguida, y no fue hasta que recordó el hecho de la noticia que le había dado a su ex marido el día anterior, en que relaciónó una cosa con la otra. ¿Estaría en apuros? Se preguntó. Por si acaso, metió su teléfono al bolsillo, tomó las llaves de la camioneta y salió de la posada con rapidez. No estaba lejos de la casa, por lo que subió al vehículo y encendiendo el motor, giró en U y pisó el acelerador moderadamente.
Frunció el ceño en cuanto vio la escena, llegando casi a la esquina de la calle, momentos después. Algunos vecinos estaban asomados al patio mirando, mientras que frente a la casa de la señora Anderson había un Nissan deportivo azul, estacionado con la puerta del conductor abierta. Ella estaba de pie en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados por encima de los pechos, sujetando las mangas largas de un saquito de paño, en vaqueros y aún en pantuflas. Frente a ella, se encontraba un hombre casi tan alto como el propio Ryan, quizá metro noventa o poco más, con una camiseta Polo entallada, cabello rubio cortado al ras y recto encima de la coronilla, y pantalón cargo negro. Ambos parecían tener una acalorada discusión, pero quien más gesticulaba de los dos, era él.
Ryan estacionó detrás del coche, apagó el motor y descendió del mismo, caminando hacia la casa, a medida que prestaba atención a los gritos de ambos. Cuando ella lo vio, dio un paso hacia atrás y sus ojos le delataron miedo, no le fue difícil adivinar que de hecho, le tenía pavor a aquel hombre.
—…Jugando solo en el bosque, Molly! ¿Cómo se te puede ocurrir semejante estupidez? —Le gritó él.
—¡Ya te lo he dicho, la vida aquí es distinta a la ciudad!
—¡Eso no justifica que eres una imbécil! ¡Si Jake hubiera estado conmigo, esto no habría pasado!
—¡No, porque seguramente lo habrías matado antes, a golpes! —Le recriminó ella. Él dio un paso hacia adelante, dando un palmetazo en la pared, junto a la puerta.
—¡Como se te ocurre decir una cosa…!
Ryan intervino, entonces, con las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—¡Buenos días, señora Anderson! —exclamó. Aquel hombre se giró sobre sus pies, con la mirada furibunda. —¿Todo está bien?
—¿Y usted quien mierda es? —preguntó, de mala manera.
—Soy el detective Ryan Foster, quien lo llamó ayer. Usted debe ser Charles, ¿cierto?
Se apartó las manos de los bolsillos para ponerlas tras la espalda, y al hacerlo, dejó entrever la culata de la pistola asomando en su soporte, a la cintura. El gesto fue natural, pero la actitud fue totalmente intencional, y los ojos de Charles se desvíaron enseguida hacia allí, como bien había pensado. Fue como si le hubieran puesto un balde de agua fría a sus emociones.
—Sí… sí. Soy yo —dijo, bajando notoriamente la voz. Ryan asintió con la cabeza, mirando por encima de su hombro hacia la mujer en el umbral de la puerta.
—Vuelva adentro, señora Anderson, yo me ocupo a partir de ahora, gracias —dijo. Ella asintió con la cabeza, dio un paso atrás y cerró la puerta de entrada. Desde allí, Ryan pudo escuchar el sonido de la cerradura. Solo entonces miró de nuevo al hombre frente a él, haciéndole un gesto con la cabeza para que saliera de la propiedad—. Justo iba de camino al bosque, a investigar un poco el último paradero de su hijo, le puedo asegurar que haré todo lo que esté a mi alcance para encontrarlo.
—Gracias, lo cierto es que estoy muy nervioso —dijo, saliendo de nuevo a la acera—. Si tan solo yo hubiese ganado la custodía de Jake, estaría a salvo ahora.
—Bueno, pero no lo ha hecho. ¿No creé que la señora Anderson ya está teniendo demasiado con todo esto, como para que usted venga a gritarle a la puerta de su casa? —Le preguntó, hablando por lo bajo, como si fueran dos íntimos amigos chismorreando un secreto. Charles lo miró con los ojos muy abiertos, y el ceño fruncido. Comenzaba a enojarse de nuevo, aquel hombre era pólvora pura, pensó.
—¿Cómo dice? —preguntó, incrédulo. Ryan lo miró, a su vez, de forma apacible.
—Lo que escuchó, mi amigo. Imagino que para los tipos como usted, el hecho de gritarle a una mujer o incluso intimidarla, debe brindarle un subidón de testosterona increíble. Pero no va a hacer tal cosa mientras yo esté aquí, ¿comprende? —Le aseguró. —Si acepta un buen consejo, le diría que suba a su coche y no vuelva a no ser que tenga realmente intenciones de ayudar, calmado y con la cabeza en claro. Si lo vuelvo a ver por aquí con una actitud igual o peor a la de hoy, haré que lo arresten, ¿lo entendió? Comprendo su dolor y preocupación, pero no es forma de tratar a su ex mujer, y no voy a permitir que la agreda.