Missing 411

3

Se despertó a eso de las seis y cuarto de la tarde, tan despejado que incluso le parecía haber dormido durante días. Miró la pantalla de su teléfono y vio que ya estaba cargado al cien, de modo que lo desconectó y revisó el estado de su tarjeta gubernamental en la aplicación: estaba habilitada y Además contaba con un deposito de dos mil dólares. Vaya si le había tocado la fibra, pensó, al ver que Arthur se había puesto bastante generoso. Con ese dinero podría quedarse más días en la posada, era cierto, pero había dos puntos a tener en cuenta: primero, estaba convencido que su jefe chequearía las fechas de deposito y transferencia, y si veía algún pago respecto a alojamiento en otra fecha que no fuera la de hoy, entonces estaba jodido. Y segundo, ya había charlado con Molly acerca de quedarse en su casa. Y eso era algo que no quería cancelar.

Obviamente, no pudo evitar la pregunta clave: ¿Había algún motivo en particular para tomar esa decisión? Se cuestionó. No estaba muy seguro, pero suponía que sí. Pensar en Molly era pensar en los mechones de cabello cobrizo que sobresalían de forma descuidada pero coqueta, por fuera del moño. Era pensar en sus pómulos suaves y salientes, en sus ojos azules que parecían traspasarlo cada vez que lo miraba de forma fija, y su aspecto cansado y triste. También, por contraparte, pensar en Molly significaba pensar en su eterna soledad. ¿Tenía oportunidades de salir con algunas mujeres? Lo cierto es que sí. Ryan era de buen ver, alto y atlético, de porte ancho, mentón cuadrado y ojos celestes casi verdosos, y además había muchas mujeres con las cuales el simple hecho de portar un uniforme o una pistola a la cintura era suficiente para que cayesen rendidas.

Sin embargo, él no lo elegía así. Cada intento de acercamiento por parte de alguna femenina era infructuoso, por propia voluntad. ¿Anhelaba el calor de una mujer, la compañía grata de una palabra romántica, de un detalle bonito, de una caminata tomado de la mano con alguien? Sí. Pero también entendía que su profesión le exigía estar víajando constantemente, sin contar que Además las pocas experiencias amorosas que había tenido en sus treinta y cuatro años de vida fueron un completo desastre. Y ya estaba en otro plano de la vida, ahora mismo, su único motor era el hecho de encontrar a su hermana y a aquellos niños. Luego de eso, ya habría tiempo de pensar en sí mismo.

Salió de la habitación para caminar rumbo a la lavandería. El señor Marston había sido amable con él, y luego de pasar las prendas por la secarropa, terminó de airearlas colgándolas en el patio común. Descolgó su pantalón, su chaqueta y su camiseta, y con todo bajo el brazo volvió de nuevo al dormitorio. Dobló la ropa con cuidado, la metió dentro de su bolso de víaje, y luego de guardar el cargador del teléfono, metió todos los papeles dentro de la carpeta de investigación. Por último, revisó su pistola, el cargador, y colocándole el seguro se la colgó de la cintura.

Así, con todo bajo el brazo, salió a la recepción y luego a la acera, para meter el bolso dentro del maletero de la camioneta y la carpeta con los documentos encima de los asientos traseros. Volvió al mostrador, y el dependiente levantó la cabeza desde donde estaba sentado, en una poltrona en el living de su casa, para mirar a través de la puertita de vidrio que dividía el establecimiento comercial con su propia casa privada. Luego se puso de pie, y se dirigió hacia él.

—¿Ha podido solucionar, agente? —preguntó.

—Por fortuna, sí —Ryan dejó la llave de la habitación encima del mostrador de madera.

—Bien, bien —El señor Marston volvió a reingresar el número oficial de la tarjeta en el aparato de cobranza, y luego digitó el importe—. Son trescientos cincuenta en total.

—Cóbrese cuatrocientos, he visto que me ha colgado la ropa afuera, así que gracias por eso.

—Bah, es lo menos que podía hacer —dijo el veterano, sonriendo ante la cuantiosa propina. Le ofreció el ticket para que lo firme y entonces le estrechó la mano—. Ha sido un gusto, agente. Si necesita cualquier otra cosa, cuente con mi alojamiento.

—Claro, gracias —consintió.

Se retiró del lugar mientras volvía a guardar la tarjeta en su billetera, y entonces consultó su reloj en el teléfono. Aún faltaban veinte minutos para las siete. Podría ir directamente a la casa de Molly, pero quería esperarla para ir a comprar la cena en conjunto. Además tenía dinero de sobra, y no era adivino para darse cuenta de que ella era una mujer que vivía con el presupuesto del día a día. Bien podría sorprenderla y abastecerla de víveres al menos para un mes, Quizá dos. Sería lo mínimo que podría hacer teniendo en cuenta que ella estaba dispuesta a alojarlo sin problemas.

Subió a su camioneta, del lado del conductor, y cerrando la puerta tras de sí metió la llave en el contacto para dar energía al vehículo y poder encender la radio. Sintonizó la WestCoast Rock`n Roll y reclinándose en su asiento, tamborileó con las manos en sus pantorrillas siguiendo el ritmo de una canción de Black Sabbath. Apoyó la cabeza en el respaldo y miró hacia adelante, en el cristalino cielo azul de la tarde que poco a poco comenzaba a morir para dar paso al atardecer. A la distancia revoloteaba una sombra negra, y aunque al principio pensó que era un pájaro muy, muy grande, lo cierto era que no lo creía. Se movía de forma demasiado inteligente como para ser un ave, trazando ángulos rectos y haciendo planeos imposibles. Además, estaba convencido que aquello estaba sobrevolando el bosque, debido a la distancia a la que podía verlo.

Se hallaba tan concentrado mirando hacia adelante, tratando de agudizar su vista en la distancia, que ni siquiera se percató de la llegada de Molly hasta que le golpeó un par de veces la ventanilla de su lado. Ryan dio un respingo sobresaltado, y miró hacia la izquierda. Le hizo una seña para que rodeara el coche y subiera, por lo que Molly así lo hizo, y una vez dentro del asiento del acompañante, ella preguntó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.