Misterio en el asilo

Capitulo 8 - Las raices de Zarza

La casa de Baltazar Montes, en el Prado montevideano, era una mezcla de orden obsesivo y caos simbólico. Pilas de libros antiguos, papeles marcados con símbolos esotéricos y fotos pegadas con alfileres en corchos cubrían buena parte del estudio. En la pared principal, destacaba un mapa de Uruguay lleno de puntos rojos y líneas azules que cruzaban de un extremo a otro.
Baltazar regresó de Los Álamos con la cabeza aún pesada. El caso del asilo Santa Margarita había cerrado, pero la palabra encontrada en la carta de Brígida —Zarza— le carcomía la mente.
Era un nombre.
Pero también era un concepto.
Zarza había aparecido antes: en la celda 12 del psiquiátrico de La Aguada, en 2021. En el espejo colonial de Colonia, donde cinco personas realizaron un ritual en 1993. En el margen de un manuscrito oculto en el convento de las Carmelitas Descalzas.
Y ahora, también, en Los Álamos.
Demasiadas coincidencias.
Salvador Leal lo llamó al día siguiente.
—Encontré algo —dijo sin preámbulos—. Recordás el caso de las desapariciones de 1975 en Lavalleja, ¿no?
—El de la escuela rural —respondió Baltazar—. Cuatro niños desaparecidos. Nunca se supo qué pasó.
—Exacto. La maestra que los cuidaba se llamaba Luisa Rivas.
Baltazar se congeló.
—¿Luisa Rivas? ¿Como Luisa, la mujer del asilo?
—No solo eso. Es la misma. Revisé los registros escolares, las fichas del INAU, las partidas. Ella cambió de identidad en 1982, se radicó en Los Álamos y fue ingresada al asilo en 2003.
—¿Y los niños?
—Uno fue encontrado. En 1980. En el Río Tacuarembó. Sin rostro.
Baltazar colgó y buscó entre sus cajas una carpeta vieja, rotulada a mano: “Caso: El Niño Sin Rostro (Tacuarembó, 1980)”. No había mucho: recortes de prensa, una fotografía del cadáver —borrosa, extrañamente desdibujada— y un informe médico que decía:
“El cuerpo presenta signos de malformación craneofacial. Piel endurecida, cabello albino. El rostro ha sido borrado, como si nunca hubiera existido.”
En el reverso de la foto, alguien había escrito con tinta roja:
Zarza ve a través de lo que no tiene rostro.
Baltazar tragó saliva.
Ya no eran casos aislados.
Manuel González, alertado por los nuevos hallazgos, propuso cruzar toda la información en una cronología:
1949 – Lucinda desaparece en el asilo de Los Álamos. Luisa es una niña. Primer testimonio de un “niño que canta detrás del espejo”.
1975 – Desaparición de niños en Lavalleja. Luisa es la maestra.
1980 – Niño encontrado sin rostro en Tacuarembó.
1993 – Ritual del espejo colonial en Colonia. Cinco participantes, uno sin sombra.
2003 – Luisa ingresa al asilo Santa Margarita, aparentemente por Alzheimer.
2025 – El espejo vuelve a activarse. Jéssica desaparece. Baltazar sella el portal.
Todo apuntaba a una misma entidad.
Una fuerza que no tenía forma, pero que usaba espejos, niños, canciones y sacrificios como vehículos.
Zarza.
—¿Y si no es un demonio? —dijo Manuel, en voz baja.
—¿Entonces qué?
—¿Un símbolo? ¿Un virus de conciencia? ¿Una forma de memoria rota que busca cuerpo?
Baltazar no respondió.
Porque no lo sabía.
Cecilia Duarte envió un mensaje esa noche:
“Estoy en el convento de Santa Filomena. Aquí tienen un libro prohibido. Lo llaman el Sermo Infans. Traducción: El Discurso del Niño. Lo mencionan como ‘el que no nace y nunca muere, pero aprende a través de nosotros’. Aparece el nombre Zarza, con mayúsculas y fuego.”
Baltazar pidió una copia urgente.
Pero mientras esperaba, algo perturbador sucedió.
El símbolo que habían dibujado en el espejo del asilo —los cinco círculos— se repitió en el portón de su casa.
Con tiza blanca.
Recién marcado.
Llamó a Salvador, a Manuel, incluso al padre Eugenio.
Nadie había estado allí.
Y entonces lo comprendió.
El ritual no había sido cerrado.
Había sido trasladado.
Zarza no había desaparecido.
Solo había cambiado de dirección.
Baltazar miró el símbolo, aún húmedo por el rocío, y sintió algo en su nuca. No miedo. Algo más antiguo. Más profundo.
Reconocimiento.
Como si una parte de él, enterrada desde hacía años, supiera que eventualmente ese nombre volvería.
Y que él sería parte del próximo ciclo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.