Momentos

❥Capítulo único.

 

 ❥Momentos

 

 ♥ ♥ ♥

No es ninguna novedad que los trámites gubernamentales son engorrosos, lentos, aburridos y un infierno para cualquier simple mortal sin un mendigo de peso en la cartera para dar sobornos, alguna conexión importante o tan siquiera un poco de labia para ganarse a los asalariados del gobierno y agilizar el proceso.

 

Esa era la razón de que una fila se desbordara hasta tres cuadras a las afueras de la unidad deportiva pública donde operaban, en esa culebra enroscada se encontraba un hombre; muy joven para no ser tomado en cuenta en decisiones laborales por sus superiores pero tan viejo como para ser tildado de “chavorruco” por sus gustos.

 

Había llegado muy temprano en la mañana con la esperanza de agarrar un buen lugar y salir rápido para no perder un día de trabajo, sin embargo, no contaba con la astucia de gente exagerada que prácticamente acampó toda la noche y, para variar, reservaron lugares para sus allegados. 

 

Incluso hubo quienes contrataron a gente especializada en hacer filas, ¿en serio existía ese tipo de negocio?

 

No cabe duda que el capitalismo es aterrador ” pensó el moreno soltando un resoplido.

 

El varón optó por una sudadera negra protegiéndose del frío pero de eso ya pasó mucho y ahora el sol estaba cobrando dominio en el firmamento a tal punto de que el rocío de la mañana fue remplazado por un ligero vapor del suelo.

 

Sin pensarlo se quitó la prenda y la amarró a sus caderas maravarenado el folder con sus documentos, su cartera, gorra y un bote de agua para no tirar nada y seguir avanzando los micropasos de tortuga que daba de vez en cuando porque no se le ocurrió traer su mochila pues "no quiera perder tiempo en algo inutil”.

 

Quizas el inutil era él.

 

Más porque en su burdo intento de alcanzar el transporte olvidó el yogurt con granola en la mesa y ahora tendría que calmar el hambre con agua, aunque a traguitos para no desbordar su vejiga ya que no deseaba perder su lugar que tanto le costó; un reto enorme para una diligencia que bien se podría realizar en línea, una ofensa para un programador como él.

 

El cúmulo de emociones lo consumía y maldijo en sus adentros el no tener su consola cerca pues no confiaba en la seguridad del lugar y no estaba dispuesto a arriesgar ese aparato que le costó un cuarto de alma. Nada más contaba con su celular que para su desgracias apenas uno de los encargados había voceado que necesitaban con datos 

 

Y casi quiso besarle el cerebro a la doñita arguendera que protestó de que si les veía la cara de ricos como para tener ese tipo de privilegios. 

 

Desgraciadamente la mandaron a meter saldo e irónicamente eso ayudó a que muchos se fueran entre enojados y enajenados por conseguir crédito, rezando que la persona a su lado apartara su lugar o de pérdida la fila no avanzara tanto para poder pelear su puesto. 

 

Menos mal tenía un plan decente, aún así ahora debía de guardar batería por si las moscas. 

 

—Disculpa —una voz femenina lo sacó de sus cavilaciones, él regresó la vista a la que debido a su chaleco distinguió como una de las colaboradoras—, este es tu turno.

 

Le extendió un papelito escueto con un número de tres dígitos que casi lo hace aullar como perro apaleado, demasiados sacrificios para tener el puesto cien.

 

Quería desaparecer.

 

O que desaparezcan los noventa y nueve delante de mí.”, elucubró venenoso.  

 

Abandonó esos malos pensamientos cuando otro sujeto gritó que podían acceder a la unidad los primero cien turnos ya que todo este rato estuvo afuera del recinto castañeando del frío para después ahogarse con la resolana. 

 

Mientras entraba la portera mencionó que a partir de aquí no necesitaba hacer fila solo guardar bien el papelito numerado que tenía un código QR al reverso para estar atento a su turno y que si quería podía ir a la cafetería de la cancha para desayunar.

 

Vaya, ¿qué clase de primer mundo es este?

 

Pareciera que estaba en Suiza y no en México.

 

Era demasiado bueno para ser verdad. 

 

Sí.

 

Demasiado.

 

Con recelo corrió directo a la tiendita para comprar un pan y un café, luego localizó el lugar más cercano a las mesas de trabajo descubriendo lo que temía: los empleados degustando un gran desayuno a sus anchas sin preocuparse por el gentío con millones de obligaciones además de acampar en canchas.

 

El joven se plantó a plena vista de ellos, acechandolos. 

 

Lo había decidido, sería el sucesor de la doñita arguendera y pondría presión social porque si él no descansaba ellos tampoco.

 

Así que de dió un sorbo a su café mientras chopeaba su pan con la mirada fija en esos desgraciados que reían dejando mosquear sus platos. 

 

Tan concertado se hallaba que ni notó a un trío de dos chicas y un hombre sentados a su lado derecho.




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