Mon petit amour

Parce que nous sommes amoureux

Antoine despertó, con moretones en su rostro y sus manos atadas.
No reconocía dónde podía estar, era una estancia oscura, llena de misterios.

No podía ver nada, salvo un enorme pasillo al frente de sus ojos.
Oyó pasos, mientras una figura delgada y aparentemente delicada se abría paso por aquel pasillo.

Una chica de cabello corto apareció frente a él.

Sí, es esa chica en la que todos estamos pensando.

Cosette Delacour.

Llevaba un vestido ajustado negro junto con una chaqueta de cuero.

Se veía horrenda, o al menos eso era lo que pensaba Antoine.

-¿Por qué me haces esto, por qué Cosette?. -dijo él, a punto de agonizar-

Ella no lo miró, pero sin embargo se acercó con un aire de desdén, ira y celos.

Empezó a reir.

-Oh, Antoine. Qué patético te haces ver. Eres tan predecible.

Siguió paseandose por la habitación, bebiendo una copa de una sustancia oscura, tal vez vino.

-Sabía que volverías sólo por ver a la tonta de Amelié. Sabía que ni siquiera la estúpida chica azul podría convencerte de que te quedaras...

Se acercó a él, con un aire malévolo y poderoso.

-Te ofrecí mi amor y lo único que me diste a cambio...Fue un adiós.

Pasó su mano por su mejilla. Antoine sintió como los más potentes escalofríos recorrían su espina dorsal.

-¿¡Crees que es justo?!. -exclamó Cosette-

Dejó la copa caer. Todos las partes del vidrio se dividieron, formando un mar de cristales rotos.

-¿¡Crees que es justo ver como le entregabas tus caricias, la manera en que la mirabas como si ella te entregara el sol, la luna y las estrellas?!

Antoine escuchó el sonido de sus tacones contra el suelo.

Estaba histérica, furiosa, herida.

-Ella lo hizo. -dijo Antoine, sin miedo a arriesgar su propia vida por la jóven a quien amaba-

En los ojos de Cosette descansaba un destello de malicia, odio, desamor.

-¿Perdón?. -inquirió ella-

-Ella lo hizo. Ella me entregó las estrellas, le trajo luz a mi vida. Y sin importar lo que pase hoy conmigo, sin importar a dónde me lleves o lo que hagas...Mi amor por ella nunca cambiará.

Un grito lleno de enojo se desprendió del alma de Cosette.

-¡Eres un tonto!

Había un destello bastante obvio de celos en sus ojos.

-Pudimos haber tenido una gran vida juntos, pero como siempre, tomaste la peor desición. Así que, no me queda más nada que hacer.

Cosette lo miró por última vez, para luego acomodar su cabello y decir:

-François, entra por favor.

Antoine vió cómo una figura más corpulenta e imponente se abría paso por el gran pasillo. El jóven de ojos grises lo reconoció de inmediato.

Era aquel tipo moreno que siempre andaba con Cosette. En este momento tenía sus distinvos lentes de sol oscuros, y los usaba aunque no hubiese ni un solo rayo de sol en la casa.

El hombre ni siquiera lo determinó, simplemente lo golpeó.

Luego del golpe, ambos se fueron y lo dejaron a solas en esa habitación tan oscura como su corazón pues en ese momento, éste se había vuelto un tanto lúgubre.

Permaneció así como diez minutos, para luego encontrarse cara a cara con un hombre alto, pálido y de ojos grises.

El sujeto se acercó a él y dijo:

-Olvidaste lo de los tres meses, Antoine.

El jóven no podía evitar temblar.

-Es absurdo lo que hiciste. Te enamoraste de una manera tan estúpida que pensaste que el amor era lo único que te podía salvar...Y no fue así. Siempre te dije que bajaras tu cabeza de las nubes, que dejaras de soñar y de hacer cosas tan simples como escribir, pero no me hiciste caso.

Antoine ya estaba empezando a comprender quién era él.

-Y ahora mirate, lleno de heridas, de errores.

El sujeto empezó a reír.

-¿Pelea? ¿En la fiesta de Colette Lassarre? ¡Por favor! No te crie para eso...

Antoine no podía creerlo, pero era cierto.

El hombre que tenía frente a él era su padre.

-Y ahora, tendré que hacer esto...

Sacó el arma.

Un impacto de bala chocó contra la única ventana que había en la habitación.

Otro chocó contra su pecho.

Fue un dolor ardiente, que hizo que su visión se deteriorara. Ahora sólo veía sombras borrosas.

Y una voz, que llegó hasta sus oídos mientras todo se oscurecía aun más:

-¡No dejaré que lo hagas!

.........

Antoine despertó en una habitación de hospital, con Colette a su lado.

-¿Colette? ¿Qué pasó? -inquirió él-

-Un cretino te disparó. Agradece que llegué a tiempo, jóven Bonheur.

Y le sacudió el cabello con su mano.

-¿Dónde está Lorraine? ¡Tengo que verla! ¡Tengo que protegerla!

-Tranquilo, tranquilo. -respondió ella señalando la puerta-

Ahí estaba ella, su amada Bellerose más hermosa que nunca.




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