Hace millones de años existieron dos reinos, el reino de la Luna y el reino del Sol. Estos reinos eran enemigos, ocurrían guerras todos los años, hasta que llegó el rey Arias, un héroe para el reino del Sol. Arias firmo un contrato junto al rey de la Luna, un tratado de paz.
Años después.
El rey Arias tuvo un hijo con su esposa Bárbara. Nació un hermoso bebé, con los ojos color dorado y un cabello rubio como el sol. Paso un año, quizás ese fue uno de los mejores para la bella familia, días después, el pequeño enfermó, fiebre alta. Su cabello comenzó a tornarse de un castaño y sus ojos comenzaron a soltar un brillo qué aprecian los rayos del sol. El príncipe Ciro estaba condenado a vivir con ese dolor 10 días de cada mes.
Al crecer, el príncipe Ciro se había acostumbrado a esa fiebre y dolor que sufría cada mes. El dolor y los cambios físicos aumentaron, su ojo izquierdo se torno de un azul oscuro como la noche, su padre al enterarse de esto le dio la prohibición de salir del palacio y cubrió el ojo de Ciro con unas vendas.
[...]
12 de enero, Verano. El príncipe había cumplido los 12 años de edad, sus padres habían notado algo extraño, los veranos ahora eran nublados y aveces caía lluvia. Esos meses de verano, Ciro se veía agotado y los síntomas aumentaban.
Comenzaron a formar teorías, "El príncipe controla el sol" "El príncipe está maldito", el pueblo se lleno de rumores, la mayoría falsos, solo había una verdad.
El príncipe controla el sol.
Sus padres hablaron con un brujo famoso, Asrre. El brujo trato de hacerle una limpia a Ciro pero sus trucos eran en vano. Entonces, fue ahí donde se confirmó esa teoría.
Arias quería ocultar lo de su hijo, pero como rey, su debes era informarle al pueblo de cualquier peligro.
Días después el rey mando a tallar una corona de oro, con un pequeño sol en el centro, también le ordenó a su costurera qué tejiera un traje con las mejores telas a medida del príncipe.
Un jueves por la tarde, el pueblo se reunió frente al palacio.
—¡Qué alegría!¡Gracias a todos por venir!—Anuncio Arias.
Su paso se dirigió hasta en frente de todos los ciudadanos, sonrío para todos antes de mencionar sobre su hijo.
—Hoy es un día especial. Vengo a decirles en lo que se ha convertido mi hijo y como lo llamaran desde ahora. —Dijo serio, su voz resonó en los oídos de todos.
Ciro salió de la gran puerta del palacio, se posiciono frente a su padre, llevaba puesta una túnica color verde como el césped y una bufanda color verde claro.
—El es mi hijo, el príncipe Soleil, el guardian dorado.
Quien nos protegerá de la oscuridad.