POV: ALEXANDRE.
Zai se había mantenido en silencio desde que comenzamos a caminar. Sostenía el borde de mis mangas y jugaba con los botones, pero aún no hablaba. El silencio no era incómodo, nada se sentía de esa forma con ella
Tardamos casi una hora en llegar a la cabaña, pero no entramos, nos sentamos enfrente de un arroyo cercano.
Creía que Zai era mucho mayor, tal vez suponer siempre era un error
Su mirada estaba fija en los caballos pastando cerca del arroyo y el gato que jugaba con su cola.
—¿Por qué siempre que mis ojos dejan de prestarte atención, tienes algún moretón?— susurro, aún no me observaba— ¿Es un nuevo método de venganza o porque siento que solo yo puedo verlos?
—Estuve muchos días viajando. El trabajo fue difícil, Ferrer lo fue
Zai ahora me observaba, sus ojos se cristalizaron con la mención del pueblo. Sus manos dejaron la tela, su cuerpo ahora estaba frente de mí, mirándonos de forma fija
—¿Podemos ser sinceros?—sus ojos aún estaban enrojecidos
Asentí, colocando mi espalda derecha
—¿Esa es la razón por que no recibí ninguna de tus cartas o en realidad querías alejarme?
—Ambas. Al principio quise evitar sentir demasiado y cuando me fui, me di cuenta de que era ridículo esquivar como me sentía... estaba triste
Zai miro sus manos, presionando sus labios mientras se mantenía en silencio
—Eso es injusto. Me alejaste para no sentir demasiado cuando me consumía pensando en que no me dijiste adiós— su voz se mantuvo en un susurro— Aunque quisieras alejarme, deseaba que te despidieras
—No quiero despedirme, por favor, no deseo decir adiós
Negó, colocando su mano derecha encima de su pecho
—Te sentiste avergonzado cuando mire algo que no deseabas. Siempre relatas ese discurso de confianza, diciendo que puedo confiar en ti, pero nunca has pensado en confiar en mí— sus ojos se posaron en los míos— ¿Es porque aún soy una desconocida? Aunque me hayas visto con los pies descalzos, sepas como mis manos tiemblan cuando tengo miedo y conozcas cada lugar que frecuento. ¿Por qué aún sigo siendo una desconocida?
—Tú no eres una desconocida... tú no
—¿Entonces porque me sentí así? Tú me trataste como alguien que podría juzgarte. ¿Crees que sería capaz de mirarte como sus bocas te pronuncian? ¿Por qué me alejaste? ¿Acaso crees que soy alguien que te odiaría solo por lo que vi ese día?
Me quede en silencio, no sabía qué respuesta dar. Ni siquiera sabía por qué yo me sentía como un desconocido en mi propia vida
—Quise que te alejaras, cuando te dieras cuenta de que todo lo que dijiste sobre los nobles era verdad y que mi familia es el ejemplo perfecto-
Zai me interrumpió
—¡Tú no eres tú familia!—su voz hizo eco en el lugar— ¿Cuándo sepas todas mis verdades, también te irás? ¿Eso es lo que harás?
—No, ¿Cómo podría?
— ¿Entonces porque yo lo haría?
Mis manos temblaron. Ella tenía razón, todo este tiempo había sido un hombre injusto
—Alexandre, ni siquiera puedo culparte por cómo te sientes— susurró
De nuevo, el silencio hábito en nuestro alrededor. Intente pronunciar alguna palabra, pero se había colocado a mi lado y nuestras bocas estaban selladas. Ella me miraba en ocasiones, solo apartaba la mirada cuando la observaba de vuelta
Los caballos habían dejado de pastar y el gato se había acercado, pero no lo suficiente para recostarse en el regazo de alguno
Zai contaba las cicatrices de sus manos. No solía tocar las marcas más pronunciadas
— ¿Tus lágrimas... están relacionadas con este día?
No se movió, ni siquiera respondió mi pregunta de inmediato
—¿Recuerdas cuando te dije que tenía una amiga que murió hace mucho?— sus ojos estaban fijos en sus manos— Que los suyos fueron injustos con ella. La hicieron polvo con una daga, una y otra vez— apretó sus puños con fuerza— De todas las cosas malas que he vivido, mirar como moría fue la peor de todas
—Lo recuerdo...
—Yo...
—No lo hagas, no Zai, no te culpes de ello— intenté tomar su mano, pero Zai se colocó de pie de forma brusca— Zai
Ella colocó su mano encima de su pecho, comenzó a caminar sin ninguna dirección. Estaba a dos pasos detrás, intentando no abrumarla pero tampoco dejarla sola
— ¿Y si hubieses secretos que hicieran que todos me odiaran?— su voz se escuchaba en un susurro, manteniéndose en un hilo de voz— ¿Y si en verdad merecía ese castigo? ¿Y si en realidad ellos nunca me obligaron a matarla y solo es mi mente?
—Zai...
Tome sus hombros, girándola con cuidado para mirar su rostro. Zai estaba de nuevo llorando, pero sus ojos se mantenían cerrados. Lleve mi mano a su nuca y la atraje a mi pecho, colocando mis brazos alrededor de su cuerpo
—Yo soy la culpable, ella solo confió en mí y yo la traicioné de esa forma
—Zai, tú no tienes la culpa
Dio un paso atrás, deshaciendo el abrazo
—Pero si la tengo— miro mis ojos, una lágrima se deslizó sobre su mejilla— Yo la maté, era ella o yo, y aunque fuese la única persona que me amara, me elegí. ¿Acaso tú también atravesaste con una daga a tu mejor amiga?
Di un paso hacia ella, pero su cuerpo se movió primero, alejándose dos pasos
—¿No fue cruel de mi parte?
—Apenas tienes 23. ¿Qué edad tenías cuando pasó?— me moví poco a poco, aun mirando como las lágrimas se deslizaban por su rostro— ¿Tal vez 19?
—14 años, y la vida no fue amable después
—Por todos los cielos, solo eras una niña Zai. ¿Cómo puedes condenarte cuando debieron estar protegiéndote a esa edad?
Zai se detuvo. Lágrimas silenciosas continuaban. Tome un pañuelo de mi bolsillo y limpie con cuidado sus mejillas. Ahora ni siquiera ninguno hablaba, solo nos quedábamos en silencio
—No importa cuántas palabras de consuelo escuché, nunca ha dejado de doler ese momento, tampoco todo lo que vino después. Sigo extrañando algo de mi pasado, elementos que ya no existen