Monstruo

Capitulo 17

El frío viento no deja de estremecer a su débil y congelado cuerpo.

Su piel ya no soporta al violento roce sobre él, y la fuente de calor que le proporciona el material grueso de su gran capucha oscura... no es lo suficientemente consolador para resguardarlo de la nieve que ha empezado a caer en Londres.

La oscuridad de la noche ni siquiera es capaz de intimidarlo para hacerlo detener. Tampoco la soledad que se percibe a su alrededor es capaz de abrumarlo para hacerlo frenar y regresar a la seguridad de su hogar.

Hunter ya está más que acostumbrado a ello.

Él ya sabe a lo que se atiene cuando decide salir a las tres de la mañana de su casa para ir a aquel puente de piedra. Al que frecuenta desde hace dos años.

No le importa.

Ahora ya ni siquiera le interesa lo que llegara a pasar con él por aquellos rumbos solitarios que transmiten peligro a estas altas de la noche. Cabe aclarar que no está en sus planes permitir un ataque hacia su persona.

No.

Él ya tiene planeado algo.

Sus manos enguantadas se mantienen ocultas dentro de los bolsillos de su chaqueta, mientras aprietan con ansiedad y medida fuerza al pequeño papel que ha traído y preparado esta noche para ahogarlo en el río que se oculta debajo de ese puente.

Sus ojos, cautelosos y cansados, no dejan de moverse hacia todos lados en vigilancia.

Pero aún así no tiene miedo.

Él es la amenaza ahora.

Él es el extraño en estos momentos.

Él es el peligroso para cualquier pobre individuo que intente atravesarse en su camino.

Está furioso.

No es conveniente que sea provocado. No cuando su corazón se encuentra en llamas y hambriento de una mínima acción de venganza.

Sin embargo, las voces traicioneras dentro de su cabeza, no dejan de inestabilizarlo con sus fuertes y absurdas reprimiendas, que sólo logran llenarlo de más impotencia y desesperación.

"Lo que hiciste anoche no tiene justificación. Nos fallaste. Le fallaste a ella y a tu corazón.

Eres un jodido traidor...

Te dije que ibas a arruinarlo todo de nuevo. "

El dolor y el ardor que siente en sus brazos por las nuevas heridas que le obligó Monstruo a crearse cómo castigo... aún no deja de torturarlo. Sin embargo, ese dolor sigue siendo poca cosa a comparación de lo que le hacen sentir las hirientes palabras de Monstruo.

Siente asco de sí mismo, pues cree que el beso con la chica sol... ha sido un grave error.

Cree... que ha traicionado a Marissa de verdad.

Prometió nunca hacerlo. Ahora la culpa no deja de consumirlo.

Porque sólo es ella, porque nadie más puede ocupar su lugar.

Porque... tiene que seguir siendo solo ella.

Nadie más puede tenerlo.

Nadie.

<<No debió pasar... ¡no debió pasar!, ¡¿por qué lo hice?!, ¡¿qué es lo que me ocurre?!

¡Yo la amo!

No puedo creer que haya cometido otra vez el mismo error. No tengo perdón.>>

También se reprende, pero quiere gritarlo a los cuatro vientos. Quiere que alguien, que no sea Monstruo, sea capaz de responder esas preguntas que ahora lo torturan, ya que él, cautivo por el miedo y por la negación, no quiere hacerlo. No quiere investigar más a fondo esos sentimientos que tiene ahora por la chica sol.

Teme descubrir que sea algo más fuerte que sólo la ternura que le transmite su débil y dulce mirada llena de luz azul.

Teme descubrir que su corazón también está reviviendo por alguien que no es Marissa.

A ella ya le había jurado amor y lealtad eterna.

No puede ser intervenido, no puede acabar, no puede frenarse.

Teme que eso cambie sus planes drásticamente, pero Monstruo no está dispuesto a permitirlo.

" ¿Crees que las disculpas que has escrito en la carta serán suficientes para remediar el daño que has causado? ¡Ella no nos va a perdonar por tu culpa! ¡Volviste a hacerlo!, ¡volviste a fallarle! ¡Y donde sea que esté ella ahora... ya lo sabe! ¡¿Con qué demonios le saldrás cuando la veas?! ¡Sólo eres un idiota que arruina las cosas, Hunter!."

El monstruo de la rabia no deja de maldecir contra él, pero aún así Hunter intenta continuar con su andar por el puente de piedra.

Cuando es capaz de llegar al final del camino, se detiene para recargarse junto a la barda de concreto y después, con un poco de temblor en sus manos, saca el pequeño papel que se ha estado refugiando dentro de su bolsillo.

Su mano enguantada lo empuña por un momento, mientras que sus ojos tratan de contemplarlo.

Esta vez no hay un capítulo que describa alguna aventura con Marissa.

Esta vez sólo hay súplicas y pobres, —y quizá también falsas explicaciones— acerca de lo que ocurrió con Maddie en la fiesta de disfraces.

En la carta no explica por qué la siguió, ni por qué se atrevió a hackear su computadora para conseguir su número de teléfono. Tampoco dice el porqué se atrevió a disfrazarse y salir de casa para ir a buscarla a esa fiesta.

Cualquiera sabría la respuesta.

Él la sabe, pero ni siquiera se atreve a tenerla por mucho tiempo en su cabeza. No la soporta.

Aun tiene miedo al cambio...

A... ella.

Todo lo hace ahora por ella. Por esos sentimientos que Maddie ha despertado en él, y que le dicen que la proteja cómo al más preciado de los tesoros.

Después de mucho escrutinio con la carta, él tensa su mandíbula y con fuerza agita su brazo para arrojar el papel hacia ese río que corre debajo del puente.

Ojalá me puedas perdonar... porque yo aún no puedo hacerlo.




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