<<No quiero estar aquí...
No me siento cómoda.
Quiero irme.>>
Soy cobarde, lo sé.
No tengo las fuerzas ni el valor para seguir estando en el mismo lugar en donde también se encuentra él.
No sé lo que me pasa, pero me siento mal.
Los chicos decidieron venir a la casa de Martín después de jugar en el centro comercial. Martín fue el que lo propuso, y ninguno se negó.
Brandon, Lucas, Lindsey, Eliza, Olivier y... Hunter, han empezado con una pequeña fiesta donde no han parado de reír, contar anécdotas, bailar, cantar canciones ochenteras en el karaoke y... beber.
Sobre todo beber.
Ya se ven muy pasados y eso ya me preocupó.
Lo sé, estoy siendo demasiado paranoica con estos chicos tontos. Ninguno sería capaz de lastimar a una mosca, estoy segura, pero aún no estoy bien con ciertas cosas.
Aún existen ciertas inseguridades en mí... y el monstruo de la cobardía no deja de recordarme todo el infierno que viví con John y con esos otros cerdos.
Hombres alcoholizados.
Perdiendo el control conmigo.
Tomándome peor que a un trapo.
Soportando su asqueroso olor y dolor al someterme de tal salvaje manera.
Las risas de mis amigos es lo que me trae de vuelta al aquí.
Suspiro al darme cuenta de que sigo sola en la cocina.
Sí...
Me vine a refugiar aquí. Ya llevo un buen rato escondida. No quería estar cerca de Hunter. Tuve suficiente cuando estábamos en Funstar.
Él no dejó de mirarme en todo el rato.
Lo sentí todo el tiempo que estuvimos ahí.
No hicieron falta palabras para hacerme saber que aún se encuentra más allá de lo molesto conmigo. Estoy segura de que aún no se le ha quitado de la cabeza la idea de que yo soy una encubierta que lo investiga para Julia.
Noté que tampoco quería venir aquí... pero los chicos nos suplicaron a los dos para que cedieramos.
Él parece estarlo manejando mejor que yo, pues lo he visto tranquilo, bebiendo con sus amigos. Me ha sorprendido verlo conviviendo con alguien además de Martín. Ese chico, Oliver, se ve que es tan reservado como él, pero ha sido amable.
Sé que estoy siendo la ridícula al mantenerme encerrada aquí, pero no quiero bajar la guardia, menos ahora que los he visto beber tanto y, a pesar de que Hunter aún luce consciente... no quiero arriesgarme a alterarlo con mi presencia.
Tuve suficiente con lo que pasó la última vez.
Ya no quiero más problemas con él.
O tal vez... ya no quiero sentir más dolor por él.
—¡Maddie! ¡¿Pero qué haces aquí?! La diversión está afuera.
Eliza me anima, devolviéndome bruscamente al aquí. Veo que entra con Lindsey a la cocina después.
Diablos.
Ya me descubrieron.
Las miro y me doy cuenta de que están peor que antes. No dejan de tambalearse y sonreír de manera extraña.
— ¡Anda, Maddie! ¡¿Qué es lo que pasa?!
— Sí. ¿Por qué no quieres salir?— ambas me preguntan. Apenas entiendo lo que dicen, pues la música que suena desde afuera lo opaca todo ahora. Y también sus voces ya suenan algo... raras.
Dios...
Se ven graciosas así, pero tengo que admitir que me sorprende mucho encontrarlas en este estado. Jamás lo esperé de Lindsey, y mucho menos de Eliza. Ambas parecen ser tan tranquilas y tímidas incluso para aceptar una cerveza.
¿Cómo es posible que a Hunter y Lucas no les interese que se excedan de esta forma?
Echo una mirada hacia la ventana que está en la cocina y por ella logro darme cuenta de lo mal y desviados que lucen todos los chicos ahora.
Ah, pues ya lo entiendo.
Están peor que ellas. Por eso que no les ponen atención.
Lucas ya se encuentra dormido en un sofá y los demás están tratando de cantar con el karaoke.
También he logrado entender el porqué mis amigos lucen cómodos con Hunter. Creo que ni siquiera han de recordar lo que piensan de él.
Al menos ahora ignoran todas esas tonterías y no temen de... Monstruo.
Gracias al alcohol. Lo tengo claro.
—¡Ven, Maddie! ¡No puedes seguir aquí!
—Es que yo...— trato de resistirme cuando intentan levantarme de mi silla, pero mis esfuerzos no ayudan mucho al final, ya que no tardo mucho para perder contra ellas y su fuerza.
Esto sí que es humillante.
Estas chicas están ebrias ahora... ¿Y aún así logran tomarme sin problema?
Empiezan a arrastrarme por la cocina. Literal, porque aún sigo tratando de oponerme y me sostengo de todo lo que veo.
La mesa con las cervezas y las botanas empieza a tambalearse cuando me sujeto de ella, pero es Lindsey la que después logra zafarme de ahí.
¿Qué carajos come esta chica para tener tanta fuerza?
—¡Maddie, por Dios! ¡No seas amargada!— me reclama Eliza, pero ni siquiera suena molesta o frustrada por mi actitud. Al contrario. Parece estarlo disfrutando porque incluso ha sonado divertida —. ¡Si no quieres cantar... entonces no lo hagas! ¡Pero acompáñanos!
— ¡Vamos, Maddie! ¡No te haremos cantar!
—¡Ya, Lindsey! ¡Es que no es eso!
— ¡¿Entonces qué es?!— me sueltan y me miran serias después.
Suspiro y después trato de arreglar las arrugas que dejaron sobre mi ropa.
Qué bipolares...
Hace un momento estaban tan sonrientes. Incluso daban miedo. Ahora lucen tan serias cómo niñas que fueron regañadas por sus madres.
Niego, sin saber qué responder aún.
— Es sólo que...—rasco mi nuca, mirando hacia otro lado. Están ebrias, lo sé, pero aún así no quiero confesar lo que realmente me tiene así de nerviosa ahora—. Es que... Yo..—
—¡Yo ya sé lo que te pasa! ¡Lo he notado desde hace días y ahora no me lo puedes negar, chica!— me quedo paralizada después de escuchar a Eliza.
Ahora me apunta con su dedo y sonríe con picardía.
Trago grueso.
Oh diablos...
¿De qué diablos sospecha?
—Te gusta alguien de allá afuera, ¿cierto?—Mis ojos se abren hasta el tope, y, antes de poder responder, ella vuelve a abrir la boca—. ¡No se te ocurra negarlo, Maddie! ¡A ti te pasa algo por alguien!