La oscuridad es mi prisión ahora, empiezo a sentir que me ahogo dentro de ella. Esta me arrastra y me sumerge hasta sus profundidades.
Algo se siente mal...
Mi cuerpo tiembla. Mis piernas empiezan a sentirse débiles, y, de pronto... me doy cuenta de que tengo algo en las manos.
Es un poco pesado y grande.
Qué extraño...
¿Qué es esto?, ¿cuándo apareció?
No puedo con el peso, así que me rindo hasta el suelo. Trato de tomarlo con cuidado y algo dentro de mí se estremece cuando percibo una extraña familiaridad.
Oh Dios.
No es posible...
Dios mío...
Empiezo a negar débilmente, pero las lágrimas ya están escapando de mí. No puedo con este golpe demoledor. No puedo cargar con mi existencia ahora.
Aún no puedo ver nada, pero con una mano libre y temblorosa logro apartar el manto del peso que aún sostengo, y cuando logro destaparlo por completo... una luz clara y potente aparece para iluminarlo.
Todo dentro de mí se destroza al verlo.
No, no puedo contra esto...
No de nuevo.
Jamás creí volver a tenerlo conmigo de esta manera, pero ahora no puedo contra el dolor que se está haciendo presente dentro de mí. Es más de lo que puedo soportar.
—¿Por qué te fuiste? ¿Por qué?—le pregunto, pero sé que de todos modos... él ya no podrá contestarme—¿Por qué no te quedaste conmigo?
Me alejo para darle un pequeño beso a su cabeza.
Quiero ver sus ojos abiertos.
Quiero verlos mirarme de nuevo...
—Te amo. Nunca dejaré de hacerlo. Nunca.
Me quedo abrazándolo por un buen rato, cómo solía hacerlo antes. Hasta que la luz empieza a desvanecerse de a poco...
Abro mis ojos al percatarme de eso y mi corazón se estruja al verlo desvaneciéndose en mis brazos.
—No...—niego débilmente. El nudo se refuerza en mi garganta al ver como su cuerpo empieza a transparentarse—. No te vayas, n-no... Por favor...
Pero no puedo hacer nada cuando cada parte de él empieza a desaparecer.
Cuando se va completamente... sólo me quedo en mi misma posición. Mis manos aún no paran de temblar, y mi corazón no deja de doler.
La luz encima de mí... sigue haciéndose más pequeña y más débil. Ya casi luce apagada.
Regreso a una fría oscuridad en pocos segundos.
Se fue...
"Maddie...
Entiende que él ya lo había hecho. Ya no puede volver. Ya no puede quedarse."
Volver de golpe a esa dura realidad... es cómo sentir mil puñaladas en mi corazón.
No...
"Ya no puede volver, y tú tienes que buscar tu propia luz que te guíe fuera de esta oscuridad porque la de él ya se fue. Ya no puede volver, ya no te pertenece.
Tienes que aprender a seguir sin él y sin esa luz, o la oscuridad te consumirá."
Mis ojos se abren de golpe y lo primero que logro contemplar es al enorme techo de madera que está encima de mí.
Mi habitación está a oscuras y eso me ayuda a corroborar que todavía no ha amanecido.
Trago grueso, y un nudo en mi garganta es lo que encuentro al hacerlo.
Me incorporo sobre mi colchón y después tallo mi rostro, notando de inmediato una extraña humedad en mis mejillas.
Seguía derramando lágrimas...
Suspiro.
Odio esto...
Odio seguir así.
Odio todo lo que siento y más odio reprimirlo cuando sé que con eso sólo sigo haciéndome daño, pero también soy consciente de que es lo mejor. Al menos por ahora.
Tal vez estoy siendo injusta al ocultarlo, pero no lo haría si no lo creyera necesario. Esto sólo tiene que ver con nosotros, y nadie, además de Julia... tiene derecho a indagar en ello.
Con él.
Esto es diferente, es grave y es... mío.
Sólo mío.
Sólo mi dolor, y no quiero que nadie más lo manche con su indiferencia o con su falta de comprensión.
No me importa tanto el cómo lleguen a juzgarme si llegan a descubrirlo... pero lo que no quiero... es que lo ofendan a él.
No importa si ya nadie confía en mí después.

— ¿Has seguido mi consejo?, ¿te has integrado a un taller o alguna clase de deporte?
— Estoy en la obra de teatro del colegio.
—Oh... —La mujer de bata blanca y de rizos castaños, que se encuentra ahora sentada frente a mí, sonríe emocionada después.
—Maddie... ¡pero qué buena noticia! ¿Qué papel harás?
—Seré Julieta... La de Romeo y Julieta.
Pestañea, sorprendida.
—Esto ha sido una hermosa sorpresa. De verdad me alegra saber esto. Te felicito. No estés nerviosa, sólo concéntrate en divertirte.
—Eso haré. Me he divertido en los ensayos. Mis compañeros han sido amables.
—Eso es importante. Recuerda que también la gente ayuda a sanar.
Le sonrío y después pierdo mi mirada en la ventana que está a mi costado. Un cielo azul y despejado se asoma por ahí. Días como estos siempre han logrado llenarme de energía.
Este día, de hecho, lo he sentido muy vivo y... feliz, a pesar de ese sueño que tuve anoche.
El dolor y el sentimiento de pérdida ya no me debilitaron tanto cómo antes, y quizá, por eso, me siento de esta manera ahora, porque tal vez... ya estoy logrando salir de esa oscuridad.
Miro el reloj en mi muñeca y me sorprendo al darme cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo. La hora y media que a veces paso con la doctora Brigitte siempre transcurre rápido. La verdad con ella me siento muy cómoda.
Siempre tiene las palabras correctas, siempre me ayuda a recordar lo afortunada que soy por seguir aquí... Siempre logra abrirme los ojos. Es cómo si recibiera una recarga de vida cuando vengo con ella, porque ya no sólo es mi psicóloga... también se ha vuelto mi amiga. Ella y Julia me han cuidado y apoyado tanto desde el día que salí de las sombras.