El sábado a las siete treinta decido darme una ducha helada. Me encuentro un poco nerviosa por esta noche, y, bueno... también emocionada.
Jamás había hecho esto.
Al salir del baño empiezo a vestirme con unos pantalones un poco sueltos, una blusa blanca con estampado de un osito polar y mi cabello lo dejo suelto sobre mis hombros.
Sé que no debo lucir nada sexy ni deslumbrante, pero, vamos, es sólo una pijamada. ¡Pijamada!
Me miro en el espejo y siento cómo algo dentro de mí revive y ruge con violencia.
De nuevo escucho la voz de ese monstruo de la culpabilidad...
"¿Qué crees qué es lo que haces?, ¿de verdad crees que todo es tan fácil?, ¿de verdad seguirás jugando a la chica buena, fingiendo tener una vida perfecta para obtener la aceptación de personas que no te merecen?
Eres patética.
Te has convertido, no sólo en su reina sol, sino que también en la reina de la mentira.
Tú no eres esto, Maddie.
Tú no mereces nada de esto.
Tú no eres nada."
<<¡Basta, Maddie!, ¡mira cómo te pones! ¡No está bien que sigas castigándote de esta manera! ¡Dijiste que lo intentaríamos!
Mereces una segunda oportunidad.
Mereces sentir todo eso de nuevo. No dejes que nada ni nadie te lo quite.>>
Después de hacer varias inspiraciones profundas, decido terminar con lo que había empezado y después salgo en dirección hacia la casa de mi amiga. Julia no está en casa, pero ya había hablado de esto con ella.
Al principio se veía insegura, pero se tranquilizó cuando le dije que también estaría Eliza y Sarah.
Al pasar cerca de la casa de Kevin escucho un gran escándalo.
De nuevo aturden los gritos de esa mujer...
No puedo creer que el pobre niño tenga que lidiar con ella a diario.
Trato de ir más lento porque ya me ha preocupado el desastre que se escucha desde ahí. No escucho la voz de Kevin, ni la de su hermano mayor. Esta vez parece ser sólo su madre y su padre.
Trago grueso y apresuro el paso para llegar con Lindsey.
Al llegar a casa de mi amiga, ella me recibe con una enorme sonrisa y me invita a pasar.
Había pasado algo de rato desde que estuve aquí. Todo sigue viéndose impecable y lindo. De día entra mucha luz. Me encanta que esté llena de colores claros.
Lindsey y yo empezamos a preparar los aperitivos.
Hasta ahora tenemos palomitas de queso y de caramelo. Mucho helado de fresa, panquecas, tocino, sandwiches a mi estilo, que consiste en cubrirlos de huevo o mantequilla si lo prefieren más dulce y, por supuesto, muchas sodas.
Todo se ve tan genial.
Lo que más he disfrutado desde que salí de ese horrible lugar... es la comida.
Las chicas llegan después de un rato y luego nos instalamos todas en la estancia para ver una película de comedia.
Lindsey está un poco molesta por esa elección.
— Está bien. Soportaré su boba película si me dejan escoger la siguiente.
—Que no sea de masacres, ¿bien?
La escuchanos gruñir y después vemos cómo arroja una almohada al suelo.
— ¡No saben lo que es bueno! Pero en fin, si son tan débiles... no las presionaré.
Todas reímos al ver cómo Eliza logra golpearla cuando le lanza una almohada.
Empezamos una guerra, en la cual Lindsey y yo salimos perdiendo por ser las más pequeñas y escuálidas.
Mi estómago duele de tanto reír. Para este punto ya hemos ocasionado un gran desastre en la estancia. Terminamos agitadas. Jamás había reído tanto en mi vida.
Estas chicas no sólo me están haciendo sentir cómoda esta noche, también me están reconfortando como nada lo había hecho en mucho tiempo.
La lluvia empieza a caer. No soy fanática de los días lluviosos, pero me gusta el sonido. Es relajante.
Miro por la ventana que se encuentra en la pared, al lado de la chimenea, y por ella veo a las gotas caer.
El hermoso jardín principal sigue estando tan vivo y colorido cómo la primera vez que vine. Esa vez cuando vine con Hunter para que curara mis heridas.
¿Dónde podrá estar ahora?
Lindsey dijo que saldría. Sospecha que trabaja en el centro comercial, pero es lo único que supone hasta ahora.
Hunter apenas le dirige la palabra para lo necesario y ella también ha preferido reservarse con él, pues según cree que es lo mejor para evitar incomodarlo o molestarlo.
Me parece tan triste.
¡Son hermanos!
Pero creo que sólo ellos sabrán solucionarlo. Creo que así es cómo logran entenderse por ahora.
Las chicas y yo pasamos el rato riendo, comiendo y bromeando, y, al terminar de ver la primera película, decidimos hacer una pausa para ir a cenar. Lindsey y yo empezamos a servir las panquecas y el tocino. Ya moría por probarlos.
Mientras comemos, Eliza nos comenta algo acerca del restaurante al que fue la otra noche con Lucas, pero somos interrumpidas cuando la puerta principal se abre y después escuchamos unos pasos dirigiéndose hacia donde estamos.
El silencio se hace cuando vemos a Hunter detenerse en la entrada de la cocina.
Luce realmente sorprendido.
No me había dado cuenta de que la lluvia seguía cayendo, pues él ha llegado hecho sopa.
La sudadera azul marino con capucha que lleva puesta, y los pantalones oscuros, al igual que su cabello ya un poco más largo, se encuentran completamente empapados ahora.
Por un momento me quedo observándolo.
Su rostro así... sus ojos casi cubiertos por su cabello mojado y oscuro, su mirada llena de genuina confusión... me hace verlo adorable, inofensivo.
— Hu-Hunter, ¿estás bien? Dios, te traeré una toalla para...— Lindsey está a punto de ponerse de pie, pero él la detiene, haciendo una seña con la mano.
—Déjalo.— dice él. Después lo vemos removerse de su lugar, mira la estancia y después nos vuelve a mirar a nosotras.
Aún luce confundido.
Parece que apenas se ha dado cuenta de lo que hemos organizado.