Mi cuerpo se ha paralizado por completo. Un temor se ha instalado en mi corazón y este está haciéndome temblar sin control.
La mirada desencajada del chico de sudadera oscura y cabello como la noche, que se encuentra ahora a tan sólo unos cuantos metros de mí, está matándome, pues en esos ojos leo algo además de confusión. Decepción, dolor.
Maldición.
¡Maldición!
¿Qué tanto habrá escrito?
Mueve la cabeza hacia un lado, después esboza una sonrisa torcida, pero esta luce forzada.
— ¿Y bien? ¿Vas a decirme esta vez qué es lo que ocurre?
Lo miro, suplicante.
El miedo está arraigandose a todo mi ser.
Miro a Julia después. Ella también luce preocupada por lo que parece que ha sido expuesto con él.
Me regala una mirada de disculpa y, después de asentir, se aleja de nosotros para bajar por las escaleras. Agradezco en mis adentros por el espacio que me ha brindado para hablar con él, pero sin su compañía... me ha hecho sentir más débil. Más... cobarde para enfrentarlo.
Regreso mi mirada hacia él. Mi cuerpo no deja de temblar, todo mi ser teme, pues es la voz de la razón la que me exige que sea cautelosa, que no vaya a decir algo de eso porque quizá pagaré duras consecuencias por hacerlo, como el perderlo para siempre.
Cómo el causarle asco y odio verdadero.
Soy una persona que no merece estar parada aquí. No después de todo lo que he permitido. Y aunque no lo hubiese querido así... me siento culpable porque de alguna manera cooperé en tantos crímenes.
Nunca hice nada. Ni siquiera por mí misma.
Hunter me mira aún, expectante.
Doy varios pasos hacia él. Sigue recargado en la pared junto a la escalera. Todo dentro y fuera de mí se siente pesado, pero me digo a mí misma que tengo que hablar.
No puedo perderlo de nuevo.
No por esto.
— Hu-Hunter... No quiero que pienses...—
—¿Que piense qué, Maddie? — me interrumpe, pero no sonó brusco, sólo serio. Dolido—. ¿Que sólo has estado ahí para hacerme creer en mentiras?
Niego, ya sintiendo a un nudo quemar mi garganta.
— No es así. Lo que ha pasado contigo es más que real. Te lo juro.
—¿Pero tú eres real, Maddie Johnson?
Eso me hace alejar la mirada de él.
Estoy por quebrarme, pero no puedo dejar que él me vea así. No quiero que piense que sólo intento hacerme la víctima. Hace mucho tiempo dejé de serlo.
Lo escucho bufar, pero aún no tengo el valor para volverlo a enfrentar.
Siento... vergüenza, y más culpabilidad que nunca.
— Yo... Siempre sentí que me ocultabas algo y no quería llegar a más conclusiones que me hicieran pensar cosas peores. Cómo el porqué la detective Johnson de un día para otro había conseguido a una hija adoptada, de la que nadie podía conseguir ni un jodido dato— levanto la mirada al sentirme confundida por esas palabras. ¿Qué? ¿Pero de qué habla ahora?—. También quería evitar pensar en la interrogante del porqué te acercaste a mí, aún escuchando todas esas advertencias de los demás. Yo... sólo me quise dejar llevar. Quise creer que de verdad tú querías ser mi amiga, pero ahora...—
—Hunter, basta. —me acerco a él para sujetarlo del rostro y enfocar mi mirada en él.
No puedo creer cómo lo he jodido. No puedo creer que él esté pensando ahora que eso no fue real.
Se niega a mirarme y mi corazón se rompe al ver cómo él empieza a tratar de alejarme. Mi cuerpo se siente débil ante ese rechazo, pero no me quiero rendir con eso.
Toma mis manos con las suyas y pone distancia entre nosotros después.
Aún hay personas en el segundo piso que pasan de un lado a otro y nos miran, pero eso no me importa. No ahora. Sé que estamos haciendo una escena, pero prefiero mandarlos al diablo.
— Por favor... por favor no creas eso. — empiezo a derramar lágrimas, ya no las pude contener. Él, sin embargo, sigue resistiéndose—. Hunter... p-por favor, por favor escúchame. Nunca quise ocultarte nada, pe-pero...—
— ¿Pero lo haces, cierto? ¿Sí ocultas algo entonces?— me interrumpe. Lo único que puedo hacer es asentir, desviando la mirada. Después trato de limpiar mi rostro con las mangas de mi suéter —. Tienes que estar muy involucrada entonces.
— S-sí, créeme que es por eso que no puedo...—
— Sólo quiero saber cuánto más pensabas seguir con esto, Maddie. ¿O cómo es tu nombre en realidad?
Niego, reprimiendo esa y mil verdades.
<<Madison Sanders Philips.
Proveniente del norte de Inglaterra.
Hija única de dos padres drogadictos, Michael Sanders y Gwen Philips.
Soy la chica que dejó de ser niña a los once años porque mi padre me vendió a dos hombres que estaban dentro del tráfico de personas.
Soy la persona que dejó la escuela a esa edad. Soy la que también dejó a sus amigos, a su inocencia, para ser destruida lentamente, cada noche, por diferentes hombres durante cuatro dolorosos años.
Soy la chica que está sucia y manchada de la sangre de más víctimas como alguna vez lo fuí yo.
Soy la persona que sólo aprendió a ser humillada y maltratada, hasta que fuí rescatada por una adorable mujer que juró defenderme con su vida.
Soy la persona menos digna para alguien como tú. También estoy rota, también sufro por mil pérdidas, y al igual que tú... soy una prisionera.
Estoy cautivada por el monstruo de la culpa y del resentimiento.>>
No puedo decirle la verdad. No quiero...
No quiero que alguien más sea parte de eso.
— Maddie, maldita sea. Te estoy dando aún la oportunidad para que hables porque no quiero perder la esperanza que ha nacido en mi corazón por ti.
Sus palabras me hacen derramar más lágrimas.
Una parte de mí quiere hacerlo, quiere arriesgarse y acabar con esto de una vez por todas. Ya no soporto guardar tantos secretos, ya no soporto ser consumida por ellos. Pero... pensando en el daño que le pueden causar a él... intento reprimirlos con todas mis fuerzas.