Todos se acercaron a las puertas de la monstruosa fábrica, el humo salía de laschimeneas y parecía formar monstruosas siluetas, se palpaba un mal presentimiento en el aire
—Bueno ¿nos haría el honor de derribar la puerta jefe?—dijo Frankie entre burlas, lo que nadie esperaba era que las puertas se abrieran automáticamente, y la voz se oyó desde un par de altavoces
—Pueden Pasar—ellos se adentraron aunque con algo de nervios, no sabían a que se metían
—Bienvenidos—repitió la voz
—No lo veo ¿de donde nos está hablando?—dijo Aquetzalli con miedo
Ellos caminaban por las afueras de la fábrica, por una alfombra roja extendida por el suelo
—Ahora me pregunto si esta alfombra roja siempre fue roja—dijo Yankie con nerviosismo y su característico toque cómico
Las puertas estaban abiertas, aún así entraron con cautela, sin saber lo que les esperaba dentro
—Que raro, me recuerda a la película de Willy Wonka—dijo Frankie que había visto la película clásica y leído el libro homónimo
—Esa es la idea—dijo Jack con estoicidad
—Él tomó la forma de algo inofensivo. ¿Qué más inofensivo que esto?—dijo Violet. Ahora esa información les dió una idea del ser que estaban enfrentando. Excepto Aquetzalli, que no sabía que era una película
—¿Willy Que?¿Película?—preguntó confundida
—tenemos tanto de que hablar, si salimos vivos —dijo Frankie a Aquetzalli
—¿Eres un fantasma ¿no? eres inmortal como nosotros —dijo Jack
Eso confundió a los demás monstruos. Jack, Héctor y Violet eran humanos, pero no sabían que eran inmortales
—Las brujas y hechiceros somos inmortales por naturaleza, Jack tomó jugo de manzana del jardín de las Espérides, así que también es inmortal—dijo Violet explicandose de manera clara
—¿Qué es un jardín de las Espérides?— preguntó Aquetzalli, aún más confundida
—Un jardín mítico— dijo Violet—se dice que los frutos que ahí crecen dan la inmortalidad—
No hicieron más preguntas pues debían continuar. El pasillo tenía un ambiente cálido y silencioso, pero perturbador, había convertido algo inofensivo como Willy Wonka en un monstruo perturbador. Mientras andaban se escucharon los pasos pesados descalzos de Telescopio, las patas felinas de Aquetzalli, el torpe caminar de los zapatos de payaso de Frankie Yankie, el tembloroso paso de Héctor, el ligero paso de Violet, el lento caminar de Jack, el firme marchar de los Dioses del Combate y los pados cautelosos de Axel. Ahora estaban frente a una puerta de metal enorme. Entre Kyle y Lorenzo la abrieron. Ahí estaba, un valle hecho de caramelos, con un río de chocolate. Tal como se describía en los libros y en la película.
—No se distraigan. Esta es una trampa mortífera— dijo Axel, mirando el lugar por desconfianza. Pero era difícil no acercarse a los caramelos, excepto para Frankie, que siendo estatua solo poseía visión y audición, pero carecía de gusto, tacto y olfato.
Sin embargo, Héctor no había probado caramelos en toda su vida, así que sin que ellos lo notarán, tomó una manzana acaramelada que estaba en un árbol y la arrancó, Jack se dió cuenta y trató de detenerlo, pero era tarde, ya había mordido la manzana, todos estaban preocupados, no sabían que iba a pasar y miraron a ver que pasaba con él, pero no pasó nada.
—Esto está delicioso—dijo dándole otra mordida
—Suelta eso, podrías flotar como un globo o inflarte hasta explotar o encogerte como un insecto o que se yo— dijo Frankie citando escenas del libro. Pero esperaron un minuto, al ver que no pasó nada se calmaron.
—¿Entonces podemos comer?—preguntó Aquetzalli que tampoco había probado caramelos en su vida
—Si, pero con cautela—dijo Axel aliviado, pero una parte de el mostraba inseguridad, pues no entendía como ese lugar podía ser seguro.
Todos empezaron a recorrer ese valle, comiendo los caramelos que veían. Telescopio arrancó una calabaza del suelo y la abrió para comerse su contenido dulce, Aquetzalli arrancó una de las flores de paleta y la degustó por primera vez, era exquisito, Kyle comía unas rocas de caramelo azul, estaban por el suelo, Lorenzo tomó algo de un arbusto que parecían ser bizcochos de chocolate, Tamara y Mackenzie intercambiaban bastones de caramelo como su costumbre de intercambiar las comidas de la otra, Violet y Jack comían un regalis del suelo y sin darse cuenta, ellos comían del mismo regalis hasta que sus labios se juntaron en un beso y se apartaron avergobzados, Héctor comía la cabeza de hongos que parecían pastel y Axel tomó una manzana acaramelada del mismo árbol que Héctor hace rato. Frankie Yankie se mantenía al margen, pues ya había comido varios caramelos pero no le sabían a nada, el sabía perfectamente que era por su carencia de papilas gustativas.
Pero notó como el comportamiento de sus compañeros al comer los dulces era cada vez más errático, ahí comprendió una cosa
—No es que estén envenenados, la trampa es su dulzura irresistible—dijo para si mismo y les advirtió que dejaran de comer pero no le hicieron caso
—Vamos Yankie, recuerda lo que leíste en el libro—dijo preocupado, y en eso gritó señalando a un lugar aleatorio—¡Oigan! miren eso—
Todos dejaron sus asuntos pues a donde Frankie señaló había criaturas extrañas, eran seres bajos, casi del tamaño de un niño, su piel era rosada, tenían tres dedos en cada mano y trajes coloridos, pero sus caras, eran las caras de un cerdo.
—¿Que son esas cosas?—dijo Aquetzalli
—¿Así son sus Ompa Loompas?—dijo Frankie aparentemente horrorizado
—El mismo los creó, no los exportó como Willy Wonka—dijo Axel
—Bueno, pudo ser peor—dijo el payaso sorprendido en el fondo
Ellos se acercaron con cautela, esas cosas parecían estar cocinando algo, pues batían con una cuchara enorme en una olla grande que hervía, en eso se acercó un niño obeso de cabello castaño, suéter de lana rojo y verde, un short negro y tenis rojos. Se acerco a esos engendros, y metió el dedo a la olla untando su dedo de la mezcla, para luego probarlo y les dijo con desdén
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Editado: 14.02.2025