Monthar: El Legado Maldito

Capítulo 5

Kanea

Me gané el regaño más grande por parte de mi padre. No puedes estar a solas con un hombre y menos si hay una cama o silla cerca. Y aunque no quiero aceptarlo tiene razón tengo que tener más cuidado y más si es con el hijo de nuestro rey enemigo más grande, no es misterio saber que el rey Argellius quiere nuestro reino para su provecho y no podemos permitir que pase. Tengo que cuidar mis tratos con Jesther o condenare a mi reino por mis acciones.

—¿Te gusta Jesther?— doy un pequeño salto llevándome la mano al pecho.

—¿Josman a que horas entraste?— esta hay de pie detrás de mi.

—Hace dos segundos exactamente.

—¿Porqué preguntas eso?.

—Por molestar, no sabía como llamar tu atención. Te traje tus chocolates favoritos— se acerca y me ofrece una pequeña caja, la agarró.

—Gracias— me pongo de puntas y le doy un beso en la mejilla.

—De nada— se acuesta en la cama y deja sus piernas colgando, las mece de atrás hacia adelante. Destapó la caja, agarró uno de los chocolates y me lo llevo a la boca, lo muerdo y siento el sabor del relleno de fresas, me encanta.

Ya estoy harto de estar aquí, quisiera ir a mi reino.

—Pienso igual, este reino es aburrido– me siento a su lado, detallando su rostro. Comienzo a contar sus pecas, el se da cuenta y cierra los ojos.

61 en total son 61. Se que tiene más por el resto de su cuerpo y quisiera contarlas pero no puedo y tampoco es correcto.

—¿Cuántas son?— abre los ojos, se levanta un poco y se apoya sobre uno de sus brazos, esta cerca de mí, demasiado cerca casi que puedo sentir su respiración, es simpático y no negaré que siento algo de atracción por él pero sigue siendo enemigo de mi reino apesar de ser aliados.

—61.

—No son muchas— lleva su mano libre a mi cabello y juega con un mechon blanco— Tienes 17 mechones blancos los sabías.

—¿Cómo sabes eso Josman?.

—Desde el día en que naciste hasta el día de hoy cada vez que puedo los cuento y debo informarte que parece que en tu coronilla esta saliendo otro así que son 18 en total— pasa el mechon de cabello con el que jugaba detrás de mi oreja.

—Vaya, gracias por el dato. Ni siquiera yo los había contado.

Me pongo a jugar con mis manos tal vez un poco nerviosa, solo tal vez.

—Voy a ir a la feria del pueblo con el principe Jesther.

—¿Qué?— me mira confundido— ¿Jesther? El Jesther que conocemos.

—Pues hasta el momento es el único Jesther que ha existido.

—¿Tú padre sabe?.

—Nou.

—Olvídate, no te voy a cubrir. Quiero seguir teniendo mi lengua.

—Para que la necesitas.

—¿Cómo que para que? Para muchas cosas— levantó una ceja y lo miro con burla.

—No seas pervertida.

—No he dicho nada.

—Pero lo pensaste.

—Puede que si. Por favor ayúdame. Solo esta vez te lo recompensaré.

—¿Cómo?.

—Te daré lo que quieras.

—¿Lo que quiera?

—Si lo que quieras.

—¿Y si quiero un beso?.

—También te lo daré.

Me quedo mirando sus ojos, en como sus pestañas suben y bajan cada vez que pestañea. Me toma de la cara con sus dos manos, se acerca y junta sus labios con los míos, sus labios son suaves y carnosos, sabe a té de manzanilla, me besa con delicadeza y yo intento seguirle el ritmo. ¡Estoy dando mi primer beso! Con mi mejor amigo de toda la vida. Es una sensación nueva, siento como late mi corazón como si quisiese salir y siento un pequeño hormigueo en mi vientre, en la habitación solo se escucha el sonido húmedo de nuestros labios juntos.

Me besa más fuerte y apasionado, llevó mi mano hasta su nuca jalandolo más hacia mí provocando que caigamos hacia atrás, el queda encima de mi y un sensación extraña comienza a crecer en mi abdomen bajo y mi entrepierna.

—¿Hijo, Josman estás ahí?— se separa rápido de mi asustado, esta agitado y veo como respira rápido para calmar su respiración.

—Si, padre.

—¿Puedes salir? Necesito hablar contigo y no quiero incomodar a la princesa— el rey Isael grita desde afuera. No entrará, respeta mi privacidad y le tiene miedo a mi padre.

—Voy— Josman me observa, tiene los labios hinchados y sus mejillas están algo coloradas. Abre y cierra la boca un par de veces pero se levanta y sale casi que corriendo del cuarto, cierra la puerta con rapidez dejándome a mi acostada y anonada con lo que acaba de ocurrir.

Di mi primer beso con Josman y realmente, me encantó.

●●●

Me han enseñado a nunca espiar detrás de las puertas pero los gritos llamaron mi atención. El rey Argellius y el principe Jesther están encerrados en la habitación del segundo, escuché gritos hace unos minutos desde mi habitación me alarme, salí buscando de donde venía aquella bulla y llegué hasta acá. Lastimosamente tan pronto me acerqué los ruidos dejaron de oírse y la puerta desprendio el olor a sangre, el olor de la magia, de nuestra magia, la magia de todo el legado maldito.

Los guardias están de pie en ambos lados de la puerta y me preguntó que pesarán ahorita mismo sobre mí.

Escuchó la puerta abrirse, me alejó un poco poniendo mi cara más seria y entrelazando mis manos atrás de mi cuerpo. El rey Argellius sale me observa unos segundos y se aleja, entró rápidamente al cuarto de Jesther antes de que los guardias cierren la puerta.

Miró a Jesther tiene un golpe en su pómulo derecho, su labio partido y.. latigazos en su espalda algunos son solo marcas y otros alcanzaron a reventar su piel. Abro y cierro la boca, no se que decir, es decir, que se hace en estos casos. ¿Lo ayudó? O ¿Lo dejó así? Lo necesito para ir a la feria así que por ahora lo ayudaré, supongo.

—No preguntaré que pasó. No es algo que me compete. Traeré algo para ayudarte a curar.

Esta de rodillas en el suelo, me mira con rabia y se levanta.

—Ni se te ocurra— me advierte señalandome con uno de sus dedos. Entrecierro los ojos, sus expresión no cambia, que cree ¿Qué logrará intimidarme?. Ignoró sus palabras no quiero golpear a otro principe esta semana, doy media vuelta y con pasos decididos camino hacía la salida, intento abrir pero la puerta esta cerrada, con magia.




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