Monthar: El Legado Maldito

Capítulo 6

Jesther

—¿En serio tengo que venir a esta reunión?.

—Son cosas que un principe tiene que hacer.

—Pues no soy un principe.

—Pero si una princesa.

Abro las puertas de la sala, encontrandome con todos los principes ya reunidos.

—¡Jesth.. er. ¿Qué hace ella aquí?.

—Hola Arlin. Yo la invite ¿Hay algún problema?.

—Ninguno.

Observo la sala, encontrandome con Roman en un duelo con Phillip, Josman y Xinder sentados tallando aunque un caldero que saca burbujas esta a un lado también todos miran a Kanea, volteo para mirarla, esta sería con los brazos cruzados, creí que estaría incómoda.

—No los molestare si les preocupa.

—Pues eso espero— Arlin me invita a sentarme y yo lo sigo. Kanea se sienta en una escritorio a leer.

—Será incómodo hablar de mujeres, estando ella acá— Arlin se inclina para susurrarme al oído.

—¿Qué es lo que estan tallando?— Josman y Xinder me miran mientras sonrien.

—La mujeres de hace unas noches.

—Uhhh eso me encantaría verlo.

—Falta poco.

—Quedaste encantado con esa pelinegra ¿No, Josman?.

—Era hermosa, demasiado.

—Si no lo niego pero esa rubia de ojos cafés lo era mucho más— cruzó mis brazos detrás de mi cabeza y estiró mis piernas.

—Hoy deberíamos volver, ¿No creen?— Phillip se acerca junto a Roman, sus pieles brillan del sudor, se secan con unas toallas y se sientan en círculo.

—Yo estoy de acuerdo— Roman se inclina hacia al frente apoyando sus antebrazos en sus piernas.

—Nos encontramos en el jardín a las diez.

—Listo, todos puntuales entonces.

—Hablen bajito para que la princesa no se entere— regaña Phillip.

—Ella no dirá nada— Josman la mira de reojo.

—¿Cómo estás tan seguro?— me inclinó para poder mirar mejor su rostro.

—Por que la conozco desde que nació— todos lo miramos confundidos.

—¿Desde que nació?— arrugo la nariz.

—Si, tenía siete años cuando ella nació y fuimos presentados para su presentación. En su muñeca tiene una cadena de oro con una pequeña corona, eso fue un regalo que mi padre me obligo a darle, pero ya dejo de quedarle lo puso hay— agarra una copa y toma un largo trago, todos nos miramos entre todos, esa no me la esperaba.

—Bueno ignorando eso, ninguno llegue tarde o no lo llevaremos— nos señala con el dedo el principe Phillip, todos asentimos.

Por fin podré volveré a ver a Rosa.

●●●

—¿Ya están todos listos?— todos asentimos y seguimos a Edgan, nos vamos corriendo pues si pedíamos un carruaje se darían de cuenta, por suerte el principe conoce muy bien su reino y nos guía con facilidad, siento la leve brisa en mi cara y me siento como si estuviera en libertad después de años estando en un calabozo.

Detenemos nuestro paso y comenzamos a caminar con tranquilidad, algunos plebeyos nos miran mientras murmuran entre ellos, ¿Qué tanto es lo que murmuran?.

Llegamos rápido al burdel, Xinder abre la puerta con apuro y entramos, la gente de adentro nos miran entrar pero ninguno dice nada, siguen con los suyos. La música llega a mis oídos al igual que los gritos de los hombres al ver a un grupo de mujeres bailar.

—Bienvenidos, Altezas— nos recibe la dueña del lugar, es una mujer de unos cuarenta años, pelinegra, ojos cafés, piel blanca, estatura baja y cuanta con curvas desbordantes— ¿Las misma mujeres?.

—Ya nos conoces— Roman le guiña un ojo a la mujer mientras le pasa una bolsa llena de monedas, nos sentamos en una mesa. No tardan en llegar las mujeres entre ellas diviso a Rosa, una joven rubia, de ojos cafés hermosos, piel trigueña y curvas perfectas, ella me sonríe se acerca y se sienta en mis piernas, pasa su brazo por mis cuello, juega con mi cabello.

—Te extrañe, pensé que no volverías— su tono es meloso, la veo morder sus labios carnosos, tomo su barbilla mientras paso mi pulgar por su labio inferior liberandolo de sus dientes.
—Claro que iba a volver. No me siento completó cuando no estas conmigo— me acercó y uno sus labios con los mios en un beso apasionado y intenso.

—Deberíamos ir a una habitación— dice entre besos, suspiro, paso un brazo por su cintura y la acercó más a mi, siento sus senos contra mi pecho y el deseo por sentir su piel aumenta, mi corazón se acelera, me es más difícil respirar. No aguanto más y me separó de ella sintiendo como algo crece en medio de mis piernas.
—Vamos— Rosa se levanta, toma mi mano y me guía hasta una habitación. Cierra la puerta detrás de nosotros, suelta mi mano para alejarse quedando cerca de la cama.

—¿Estás estresado?— baja las mangas de su vestido, lleva las manos hacia su espalda para desabrochar su vestido.

—Si, mucho— mi voz es ronca, el deseo me inunda por completo, me quito el abrigo dejandolo caer al piso, ella se quita el vestido junto a su ropa interior dejándola completamente desnuda y a mi merced. Se sienta en la orilla de la cama con la piernas abiertas dejándome ver su feminidad, me acercó para poder arrodillarme con su mirada siguiendo mis movimientos, sonrió de medio lado antes de meter mi cabeza entre sus piernas y comenzar a saborearla.

●●●

Los minutos pasaron con rapidez haciéndose tarde muy pronto, nos pasamos de la hora acordada y tuvimos que salir corriendo hacia al castillo. Llegamos rápidamente a él, y maldita sea la luces están encendidas, se dieron cuenta ahora seguramente nos estan buscando.

Todos palidecemos, ahora si nadie nos salvará, en el jardín de la entrada nos quitamos nuestros abrigos y nos desarreglamos un poco para intentar pasar desapercibidos, escondemos nuestras cosas detrás de un arbusto cuando justo en ese instante el suelo tiembla. Nos miramos desconcertados apresurandonos a entrar al palacio. Adentro se escucha ruidos fuertes, gritos y voces masculinas a excepción de una, los sirvientes corren de un lado a otro, los guardias de todo el palacio suben las escaleras con apuro, se escucha como se estrellan cosas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.