Kanea
—Obedecen a la princesa y Kanea cuéntanos cualquier problema que causen— Isael me toma de las manos, da un beso en ellas y se inclina a mi oído— Tienes la autorización de todos para golpearlos si es necesario— se da media vuelta y entra al castillo. Quiero saltar en un pie y no se si es por la alegría de que iré a la feria o por la cara de todos los príncipes. Me dieron la oportunidad para burlarme de ellos y no la desaprovechare.
—Bueno. ¿Ya están listos mi principitos?— mi tono es burlón, la mayoría me mira con enojó, asiente y arrugan la nariz menos Josman, él solo asiente.
—No negaré que tienen buenos gustos, las mujeres son bastante hermosas entiendo el por que se escaparon— encojo los hombres y caminó en medio de ellos miro por unos segundos a Josman y continuó mi camino, no negaré que siento algo de atracción por él hace algunos años y cuando vi a la mujer con la que estaba pasando la noche de ayer, creo que me dolió un poco.
Los carruajes nos reciben, subimos todos y estos comienza su marcha, para mi suerte, para mi mala suerte me toco compartir el carruaje con Jesther, Josman y Roman, ¿Porqué no me toco con Arlin, Xinder o Phillip?¿Porqué?.
El carruaje se mueve, comenzando nuestro trayecto. Nadie habla y el silencio que es incómodo, todos nos miramos entre si, hoy si no pueden abrir esa asquerosa boca para decir algo, me dejó caer sobre el sillón del carruaje, suspiró, levantó un poco el ruedo de mi falda y de mis botas sacó mi daga, paso uno de mis dedos por ella, no tiene filo, tendré que afilarla.
Miro su empuñadura, el oro brilla con fuerza al igual que las esmeraldas y diamantes que tiene incrustados. Levantó la cabezanjnos segundos, veo sus caras de confusión.
De verdad, que ellos no pueden ver nuestras armas ni en donde las escondemos. Esa es la razón por la que nuestro reino es el más fuerte en armas, solos los hechiceros poseen el armamento encantado, eso hace parte de nuestra maldición, tener armas mágicas pero si no se usan con cuidado pueden matarnos a nosotros mismos. Después de unos segundos la meto de nuevo en mi bota y decido que la mejor opción que tengo en estos momentos es observar vestido aunque no es nada extravangante, es simple, con sus típicas mangas anchas, falda larga y corset, en medio de mi incomodidad decido acomodar mi corset y vestido, lo subo un poco para ocultar un poco más mis senos, me es incómodo que se vean tanto después de lo de anoche.
—Supongo que usted no nos dejará ir al burdel— Roman rompe el silencio, gracias por Monthar.
—No, pues usted verá si me vuelvo en una de esas mujeres mientras usted un buen rato— mi voz sale irritada, ¿En que momento acepté venir con ellos?.
—Pues no sería mala idea— miró a Josman irritada, prefería que fuera el imbécil de Jesther que hablará. Todos sueltan una carcajada.
—Cállesen o los golpeó.
Hacen silencio, vaya parecen perritos de verdad. Miró a Josman quien me mira con angustia, angustia de que.
—Aunque no sería mala idea, podría estar con un hombre— alguien carraspea— y cuando lleguemos al castillo les puedo echar la culpa de que no me cuidaron bien. Y los encerrarian en sus habitaciones— mi tono es alegré que gran idea se me ocurrió.
—¡No!— gritan al unisono.
—No griten no soy sorda.
—Esas bromas no son graciosas— hasta que por fin habla el mentiroso más grande, me encuentro con sus ojos y noto que los destellos amarillos han desaparecido un poco.
—¿Quién dijo que era una broma?.
—No la dejaré entrar.
—¿Y quién es usted para prohibirmelo?
—Soy un principe y soy mayor que usted.
—¿Y cree que eso me importa?. Desafío a mi propio padre cuando me prohíbe algo y cree que no lo haré con usted— me inclinó hacia adelante y él repite mi acción, chasquea la lengua.
—Si y de ser necesario peleare con usted.
—Jesther— Josman agarra uno de sus hombros intentando empujarlo hacia atrás.
—Bien pues hágalo.
—Bien.
—Altezas hemos llegado— un chaperon abre la puerta y soy la primera en salir, los principes siguen mi paso, de nuevo siento mi pecho brincar de alegría.
—¿Porqué quería venir a esta feria? Hay muchos plebeyos que asco— puedo ver la cara de desagrado de Xinder a pesar de que estés caminando a mis espaldas, giro para mirarlos a todos, son más altos que yo y tengo que levantar un poco la cabeza.
—¿Ustedes conocen la historia de la siete criaturas gigante?— frunce el ceño— ya veo que no. Por suerte, se que aquí hacen una obra contando su historia. Vamos rápido— corro hacia al centro del pueblo, me siento rápido en una de las sillas, la multitud comienza a llegar con apuro, los príncipes llegan, Jesther se sienta a mi lado izquierdo y Josman en el derecho.
—¿En serio harán una obra?.
—¿En serio existen esas criaturas?— los dos hablan al tiempo.
—Les compró ese coro— blanqueo los ojos— Y si harán una obra. Y lo de las criaturas la gente dice que la última vez que se vieron fue hace cien años atrás y hagan silencio que parecen que van a comenzar.
—Sean todos bienvenidos. Nos complacen presentar esta magnífica obra el día de hoy, sobre las siete criaturas gigantes o también conocidas como los guardianes de los reinos— presto atención a sus palabras y me muerdo el labio por la alegría, siento una mano en mi pierna, bajo la mirada y veo una mano morena, abro la boca para hablar pero la mujer que presenta la obra dice algo que me interesa.
—Se corre el rumor de que aquellas criaturas siguen con vida.. Sólo que se encuentran dormidas debajo de la tierra.
Algunos dicen que tales criaturas despertarán el día en que una guerra igual de grande que la fundo a los siete reinos vuelva a pasar. Y mientras tanto otros dicen que ellas despertarán el día en que los reyes o príncipes vayan a buscarlas— la mujer nos mira a nosotros, las personas parecen darse de cuenta de nuestra presencia y nos miran mientras murmuran entre ellos.