Monthar: El Legado Maldito

Capítulo 9

Jesther

—¿Así que soy el único Jesther que ha existido?.

—Exactamente.

Otra cosa buena. Este viejo, me ha enseñado que si entrenó más mi magia, la exploro y exploto podré ser un hechicero mayor, ¿Porqué nadie me había dicho eso antes?. Ah bueno pues los libros que lo dicen fueron regalados a Kayark, ¿Kanea sabrá de eso?. Supongo que si, en tres semanas que estuve durmiendo bajo el mismo techo con ella y las que me cole en su cuarto para pelear, me di cuenta que le gustaba leer, tenía miles de libros y leía uno tras otro ¿Qué tanto sabrá ella?.

—¿Usted cree que la princesa de Kayark sabe de esto?.

—Puedo asegurar que ella sabe de esto y mucho más. Es curiosa así que no me impresionaría que en un futuro fuera una gran reina y hechicera— su tono es de orgullo, como si hablase de su propia hija, ¿La conoce?

—¿Cómo sabe eso señor Kinowerd?.

—Tuve la oportunidad de conocerla y pasar algunos días en el castillo, el tiempo en que estuve allá fue suficiente para darme cuenta de eso.

Arqueo una ceja y llevó el vaso lleno de whisky a mis labios, tomo un sorbo.

—¿Qué tanto hay en esos libros que ella tiene?

—Muchas cosas, alteza. Podría decir que contienen toda la historia de el legado desde su principio hasta ahora, como se usa la magia, como invocar a las criaturas y mucho más.

—¿Las criaturas se invocan?.

—Si, alteza.

—¿Ellas no eran las que elegían cuando salir?

—No, alteza. Se equivoca, solo se han visto cuatro veces, gracias a que solo cuatro generaciones de reyes han sabido invocarlas.

—¿Yo puedo invocar a la criatura de mi reino?

—Claro, siempre y cuando tenga la suficiente información de cómo hacerlo.

—¿Y dice usted que todo están en los libros que están en el palacio de Kayark en manos de la princesa?

—Si, alteza— me mira con algo de duda en su rostro. Le doy vueltas a el vaso que hay en mi mano. Necesito esos libros con suma urgencia, los necesito para salvar mi reino.

—¿Hace cuánto está aquí?.

—Hace dos semanas.

—¿Usted escuchó el estruendo?¿El cielo también se tiño de colores aquí?— veo su cuerpo tensarse y eso me da una respuesta, tomo otro sorbo.

—Sabe usted ¿Porqué pasa eso?— me inclinó hacia adelante, apoyando mis antebrazos en mis piernas.

—La verdad, príncipe, lo que llegué a decirle sería una gran mentira, no sé qué significa lo que sucedió y si no estoy mal los libros que lo contaban hoy yacen bajo las perturbadas aguas de los mares.

Chasqueo la lengua, algo aburrido.

—¿Por qué las aguas de esos mares están perturbadas?

—Según lo que escribió el fallecido Leryon, se debe a que esos mares fueron creados con la sangre y los cadáveres que quedaron en Monthar después de la guerra, se dice que están malditos gracias a todas esas muertes.

—Eso tiene lógica— me recuesto en el espaldar de la silla y llevó una mis manos a mi cabello, jaló un poco las hebras de mi cabello, los reinos están llenos de misterios y todo eso está en unos estúpidos libros, ¿Porqué mi padre no me los dio?.

—Usted vino a entrenarme ¿Cierto? — asiente.

—¿Y usted me puede ayudar a explotar la magia?

—Mm... tal vez.

—¿Cómo sabré qué ya la exploté?

—Eso es una pregunta que solo usted podrá darle una respuesta— asiento.

—Creo que su padre lo necesita— su mirada esta colocada en la puerta, giró la cabeza y veo a mi padre parado allí, me hace un gesto, me levantó y me despido de mi maestro, me acercó a él.

—Ven conmigo— hago mi reverencia y voy detrás de él a paso rápido, llegamos a una sala.

—¿Qué sucede?— cierra la puerta con rapidez.

—Hay espías en el reino y están mandando información que puede ser muy valiosa para Angust. Esto es enserio. Jesther necesito que enamores a esa mocosa— me agarra con fuerza los hombros, respira agitado, esta despeinado y ojeroso.

Abro los ojos, esto es enserio, Angust quiere atacarnos nuestro reino, quiere acabar con nosotros, quiere provocar una guerra nuevamente. No puedo permitir eso.

Pienso. Que puedo hacer, como puedo volver a verla. Si viajó hacía allá, pero por qué ¿Qué excusa pondré?... El libro, el maldito libro, ese me servirá de excusa.

—¿Me daría el permiso de hacer cualquier cosa con tal de poder enamorarla?.

Me suelta empujándome, me mira de arriba a abajo, duda, sé que lo hace, su semblante se torna serio.

—No haré nada que afecte al reino o a usted— roza sus dedos unos con otros, aprieta los labios, se pasa las manos por la cara.

—Bien, tienes el permiso. Te firmaré un permiso sin limitación, el reino está en tus manos de ti depende todo.

—¿El rey Kiron sigue aquí?

—No se fue para alertar a su ejército, aquí ya se alzaron las banderas, todos ya están alertados.

—Bien. Me retiraré padre— hago mi reverencia llevándome una mano al pecho, eso demuestra más respeto.

—Si, si. Ya vete, tengo cosas que hacer— hace un gesto con su mano echándome del lugar, salgo. Caminando hasta él balcón, agarró con fuerza el barandal. Maldito y tres veces más maldito.

Grito furioso, rey Angust me las pagarás.

Caminó por todo el palacio intentando calmar mi enojó, golpeó, pateo cosas que se atraviesan a mi paso. Entró a la cocina, todos se alarman, hacen reverencias con afán, me preguntan que quiero y solo me robo una pequeña canasta con fresas.

—¡Alteza!— muerdo una de las fresas mientras doy la vuelta, es uno de los sirvientes de mi padre, viene corriendo y debido a su edad llega agitado, se acerca lo suficiente y hace una reverencia— El rey firmó este permiso y le envía esta nota.

Me pasa un pergamino enrollado y un pequeño pedazo de papel, se retira mientras intenta regular su respiración. Abro el pergamino y efectivamente es un permiso sin limitaciones, donde me permite recibir visitas de otros reinos, hacer uso de nuestros barcos para otros reinos, entre otras cosas. Abro la nota y la leo.




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