Monthar: El Legado Maldito

Capítulo 10

Jesther

Kanea se me pierde de vista, el palacio es muy grande y tienes muchas salas es fácil perderse en el, los niños pequeños serían felices jugando escondidas en un lugar como este. No negaré que el palacio es hermoso, siento envidia, deberíamos arreglar el nuestro para que sea mucho mejor que esté.

Un sirviente me encuentra y me lleva a una habitación, descubro que a unos dos pasillos de acá queda la habitación de Kanea, su baño, su ropero, su oficina justo donde estábamos y muchas más salas o habitaciones que le pertenecen en este lugar.

Tomo un baño que me ayuda a relajar y quitar el rastro de sudor que haya habido en mi cuerpo después del viaje por el mar, me pongo una camisa negra algo ancha, mis pantalones y mis botas, me peino un poco el cabello y me siento listo.

-¿Dónde esta la princesa Kanea?- preguntó a uno de los guardias de la puerta.

-En el patio entrenando-- responde, lo detallo su expresión no es sería como los guardias de otros palacios, horriblemente todos en este reino parecen ser felices por alguna razón Aquí no existe la pobreza príncipe Jesther, pobreza ¿Será eso lo que hace infeliz a la gente?¿O las muertes y castigos que se les imponen? Estoy dudando del reinado de mi padre y eso no esta bien, no puedo dudar de él.

Buscó el palacio con algo de ayuda fe los sirvientes que van de aquí a allá, la veo en un gran patio rodeada de muchos jóvenes soldados, lucha contra ellos, todos la atacan a la vez y ella logra vencerlos a todos, es impresionante aunque me cueste admitirlo, me apoyó en un muro cruzando los brazos mientras observó, me concentró en la escena y en lo que hay a mi alrededor, los sonidos, colores y olores, la magia huele a sangre quisiera poder comprobarlo por mi mismo y no por la palabras escritas del rey Synder, dicen que nos parecemos físicamente a él pero que hay pequeños rasgos que nos hacen diferentes ¿Cómo era? Era la nueva duda que ronda mi cabeza, existen retratos de él, si, existen solo que nadie los ha encontrado al igual que tampoco han encontrado los cuadros de los otros seis reyes.

Me molesta la nariz y me dan ganas de estornudar, me aguantó, poco después un olor metálico y asqueroso inundan mis fosas nasales, sangre, huele a sangre me concentró en Kanea hace pequeños movimientos con su cuerpo y manos que me ayudan a descifrar que está usando su magia, los guardias comienzan a jadear, salen disparados, se rinden incluso algunos salen volando y uno se arrodilla frente a ella mientras pone su gran espada sobre el cuello de éste.

El olor se intensifica por unos largos segundos para luego desaparecer, nuestras miradas se encuentran alza y baja una ceja de manera arrogante, es claro que se había dado cuenta de mi presencia y todo lo hizo para demostrar su fuerza, mi gesto es serio no mostraré ninguna expresión por la escena que acabó de presenciar.

Retira la espada del cuello del soldado, este se levanta, toma una de sus manos y le da un beso en su dorso, ella sonríe, se despiden el resto de soldados hacen una reverencia y se van, intentó detallar el rostro de aquel soldado pero no lo logró, ¿Quién es? ¿Porqué hizo eso?¿Porqué ella lo permitió? Tengo dudas pero no saldrán de mi boca, eso será ser muy entrometido.

Vine acá a conquistarla y se que siendo un metiche en su vida no lograré nada y al parecer siendo coqueto tampoco, tengo que conocerla poco a poco pero solo lograré que suelte palabras si peleamos o discutimos parece que es lo único que le gusta hacer.

Bailar.

Si mi instinto no falla y por lo poco que he podido ver de ella, le gusta bailar, yo lo odio pero si eso le gusta tendré que hacerlo.

-¿Qué tal le pareció mi entrenamiento?- limpia su sudor con una toalla y trenza su cabello.

-No estuvo mal- encojo los hombros, mis palabras parecen ofenderla por que veo como tensa y se enoja.

-¿Le gustaría entrenar príncipe Jesther?.

-¿Puedo hacerlo?.

-Si, si yo doy la orden vendrán soldados a entrenar con usted- tira la toalla con la que limpiaba su sudor.

-De ser así claro que me gustaría... Pero me gustaría entrenar con usted- abre la boca para decir algo antes de que pueda hacerlo, la tomo del brazo dándole media vuelta, los fuertes rayos del sol me reciben y siento como mi cuerpo se acalora.

Mueve las muñecas y quita las vendas que hay en sus manos, me estiró listo para comenzar. Ninguno se mueve así que aprovechó y atacó yo primero, le doy una patada y con magia la elevó y la lanzó al suelo, se queja, pero se levanta, agarra un bate y me pega con él en la cara, lo agarró, aunque ella me lo arrebata, intentó hechizarla, pero no lo permite así que le doy un puño, ella me golpea la cabeza, retrocedo mientras llevo una mano a está.

La veo agarrar una espada, buscó a mi alrededor, encuentro una y la agarró, caminó rápido hacia ella. Las espadas chocan y sale un fuerte sonido del acero, atacó por arriba y ella contra ataca, intenta hacerme zancadilla, le piso el pie arruga la frente, me golpea un costado del torso.

-No me pise que eso duele.

-Perdóneme dulce princesita- me burlo, ella me empuja con su espada intenta atacarme nuevamente pero doy una vuelta y logró acorralarla, pongo mi espada sobre su cuello y con mi brazo rodeo su cintura pegándola a mi cuerpo.

-Me parece que estuvo muy bien el entrenamiento, si me permite buscaré algo de comer- la suelto.

-Vaya, ya va como perro por su casa.

-¿Me está comparando con un perro?

-Tal vez- encoge los hombros.

-Lo guío al comedor, le pediré a los sirvientes que le preparen algo- se adelanta, yo la sigo, cada vez que pasamos por los pasillos me siento cada vez más perdido, tendré que tener un guía mientras me acostumbró a este laberinto.

-Siéntase cómodo. Ya vendrán sirvientes a preguntarle que quiere comer, yo iré a darle un baño.

El comedor es enorme mucho más que él mío, tiene un gran candelabro, pequeñas mesas con fruta, postres y bebidas, los ventanales son enormes.




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