Monthar: El Legado Maldito

Capítulo 14

Jesther

-¡Desplieguen las velas!.- el capitán grita con fuerza, la marea esta baja pero las aguas siguen moviendose con violencia; están teñidas de un color rojo muy fuerte, se ven siluetas nadando debajo de ellas. El cantó de las sirenas o de los cadáveres se escuchan en todo el aire, es difícil diferenciar uno del otro sin llegar a la cordura.

Veo como despliegan las tres grandes velas, todos lucen tranquilos acostumbrados a éstas aguas. Yo sentado en una de las sillas de madera que hay en la cubierta observó el collar de mi madre, lo tocó con delicadeza por miedo a dañarlo: esta intacto y sigue igual brillante, en mi pecho crece un vacío a medida que los sostengo entre mis manos, mi madre... ¿Cómo luciría ahora si estuviese viva?

-Pronto llegaremos, alteza.- uno de los piratas me avisa, asiento deseando ya llegar a mi palacio.

Detalló el pañuelo que envuelve el collar, su color azul, la suavidad de la seda y las dos iniciales bordadas en el K.K, supongo que son de Kanea y Kayark, lo acercó a mi rostro para olerlo, tiene un olor a limón y un poco a guardado, juego con el entre mis dedos y frunzo los labios.

Después de el beso Kanea se dio a la tarea de ignorarme, de esquivarme y de esconderse, sabía que reaccionaria de esa manera. Eso me dio ventaja y pude seguirla, me guió hasta el lugar donde entrenan los soldados y los guardias del palacio; la cantidad tan atroz de hombres me sorprendió, eran miles y miles, en caso de guerra tienen una gran ventaja en hombres, en armas y en entrenamiento, si queríamos vencer a Angust primero tenemos que pensar en una estrategia para acabar con todos esos hombres y lograr robarles sus armas.

Un rayo sobre el agua empujando el barco y haciendo que las aguas se muevan con fuerza, varios pares de ojos me miran fijamente, ¿porqué lo hacen? Se miran entre ellos con nerviosismo, el capitán toma el timón mientras que otro grupo despliega otras velas más pequeñas, me quedo a la espera de otro rayo pero no llega, frunzo el ceño mirando por la borda, el agua esta agitada pero no lo suficiente para creerlo un riesgo.

-Tenga príncipe.- uno de los hombres me pasa una botella de vino y un libro, arqueo una ceja con extrañesa por tal acto pero decido ignorarlo y pasarlo por alto, agarró lo que me ofrece, al menos me ayudará a quemar tiempo mientras llegó a Synder.

●●●

Algunos niños corren a los brazos de sus padres y estos los reciben con un fuerte abrazo mientras sonrien juntos. Yo, olvidé lo que era sentir esa sensación; desde mis cinco años, mi padre siempre que corría hacía a él me recibía con un golpe: a veces era un puño, otros un latigazo, una patada, un golpe con una varilla tan delgada que hacía arder la zona donde me golpeaba o una bofetada y con está última con la que me recibió.

Su mano chocó con fuerza contra mi mejilla, la sangre bajo por mi nariz, me limpio con la manga de mi camisa mientras observaba su rostro enfurecido.

-Idiota, ¿Cómo se te ocurre ir a Kayark?

-Usted me dio el permiso de hacer cualquier cosa.

-¡Me lo hubieras consultado primero!.- otra bofetada en la otra mejilla, tenso la mandíbula controlando mi irá, sonrió y paso por su lado- Ven para acá.- agarra mi brazo y me empuja hacía atrás, me libro de su agarré y me alejó.

-¡Jesther! ¡Vuelve acá! ¡Tú rey te esta dando una orden!.- caminó hacía mi cuarto, al llegar allá lo primero que hago es voltear la mesa de mi escritorio y gritó por culpa de la ira.

Una daga aparece en mi mano, la lanzó rompiendo uno de los ventanales de mi habitación, empuño la mano y aparece otra repito la acción las veces necesarias para romper todos los ventanales, guardias y sirvientes entran asustados, me alejan de los vidrios.

-Alteza.- la voz de Kinowerd llega a mis oídos, me da una palmada suave en la espalda- ¿Ya se siente mejor?.- Niego, la frustración y el enojó me consumen, quiero gritar, romper cosas, llorar.

-Venga, salgamos un poco.- lleva una mano a mi espalda y me empuja con delicadeza hasta salir de la habitación, este palacio me consume, me reprime y no me deja ser libre- ¿Logró explorar su magia?.- Me detengo y la suela de mis botas rechinan contra el suelo, por primera vez en estos últimos segundos me atrevo a observarlo, sonríe, me sonríe de la forma en la que un padre orgulloso mira a su hijo.

-¿Cómo sabe?

-Lo veo y el olor de tu magia esta más fuerte, más poderoso.

-Kanea me enseñó.- asiente, da palmaditas en mi brazo, una sensación muy débil de alegría me invade.

-Es un buen indicio. Usted debe agradarle o debe tenerle respeto para que le haya enseñado.- su voz trasmite una tranquilidad que envidio en estos momentos, ojalá pudiese sentirme de esa forma.

-Pues, soy su cerdito de pelea.— suelta una carcajada. En mi mente pasa cada uno de los recuerdos de las peleas que hemos tenido, desde la primera donde me lanzó una silla hasta la última que terminó en la unión de sus labios con los míos. Un escalofrío recorre mi espalda, los rayos de sol entran con vigor por los ventanales de una manera que ilumina todo el pasillo como nunca antes lo había hecho.

-¿Qué más sucedió en su estadía en Kayark? ¿Qué tal le pareció el reino?.- también nota la manera tan extraña en la que el sol brilla, su entrecejo se arruga aunque pronto recupera la calma de antes. Recuerdo cada momento en Kayark pero no quiero contarselo a él.

-Es... bonito creo aunque si es un reino muy próspero, no vi pobreza en él.- avanzamos por los pasillos- ¿Usted sabe a que es eso debido?

-El rey Angust amo a su reina como ningún otro rey en la historia. Su padre hizo muchos sacrificios por su madre pero todos tenían un límite.- eso era verdad, mi padre hizo muchas cosas por ella pero también era cruel, recuerdo haber escuchado que mi madre perdió un hijo en su vientre y mi padre la castigo ignorandola durante meses.

-¿Eso que tiene que ver?

-Escuché su alteza.- me esta mandando a callar como es capaz de tener tal atrevimiento -Angust se enamoró de Isabela desde el primer día que la conoció, ambos fueron creciendo y el amor de él por ella también lo hizo, ella lo quería pero odiaba su crueldad y el como trataban a la gente de Kayark en esos tiempos, era peor que el ahora Synder, las personas que no pagaban sus impuesto eran mandados a la horca sin ningún tipo de perdón, la pobreza se extendia como plagas por las calles gracias a los abusos de los reyes. Llegó el día en que Angust se convirtió en rey y se fue al reino de los humanos a buscar a Isabela, esta lo rechazó.- Se me escapa una risa imaginando su rostro en ese momento, debió ser tan satisfactorio verlo- Angust en su desesperó puse el reino a sus pies, le suplicó que se casara con él y le dio el poder de crear decretos sin limite alguno.




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